A Killari.


A punto del mes, intento recordar a la que era antes de que tus ojos me cambiaran la vida, me hicieran tragar muchas palabras… buscaba entre los escombros algo que me hiciera recordarme y encontré algo que no escribí para ti, sin mucho sentido, pero harto sentimiento:

“ Te juro, por todo lo que se te antoje, que pensaba quedarme, no mover nada de lugar, no verme escapar de entre mis propias manos… pero estoy, como dijo el Rot “todo el tiempo yéndome, como agua de río”; resulta que no sé quedarme, que no sé estarme quieta; si permanezco me desespero y si no estoy, a veces, siento que me muero. Mientras veo, siento, cómo las cosas crecen, cambian y se mueven, no puedo detenerlo, no quiero.

Extraño el tabaco, las ganas de escribir y el sabor del café. Cuando necesito regresar, bajo a la cocina, dispongo la hervidora, machaco los granos, espero cinco minutos y tengo una taza de recuerdos desteñidos, sin cuerpo ni aroma… pero el alma se conforma. Entonces el dolor trata de mudarse de apartamento, retrocede unas calles, pero también es un cuarto piso.”

En realidad todo parece un sueño… ya no extraño el cigarro; podría pasar la vida, recordando, hundiéndome en tus pupilas que aún no saben nombrar el mundo.

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