Ketzalli Torres

Domingo 1, en casa.


Qué cosa tan linda ha sido este mes completo… ajetreado como él solo. Hace unos días intentaba yo compartir una entrada pero el servicio de internet en el trabajo es pésimo: casi que todo está bloqueado.

Hace un ratito, entre que echaba una carga a la lavadora y le ponía las tapas a los “topers”, me pregunté pa qué tengo este blog, si la gente que quiero está al pendiente: mis amores están dormidos en la habitación de arriba; los demás están cerca, en el msn, en el face, en el twitter, en el chat… pero… sucede que no siempre coincidimos y luego ya no nos enteramos de las cosas lindas, esas pequeñitas que construyen los días.

Ahí a un ladito, dice que tengo seguidores (algunos), luego están también los que a la hora de seguirme decidieron que no querían hacerlo públicamente pero se mantienen al tanto de’sta felicidat.

Decía yo que ha sido un mes maravilloso. La intensidad comenzó desd’el: ¿cómo ves si…?, mi primer Desplante (libro quasicartonero, con tiraje de tres ejemplares) que le dediqué al Duende y a mi Pedacito de incertitumbre; luego, que había que decir “las palabras de no despedida” para mis todavía no alumos de primaria y secundaria: palabras que olvidé leer… sucede que me aterra el público; me encanta que me miren pero… algo raro sucede cuando estoy detrás de algún micrófono.

Después de las dichosas palabras, la confirmación de la carga horaria. Ya no sólo sería maestra suplente de secundaria, sino que ahora iba a tener a tres grupos, más las cuatro materias que ya tenía en prepa, uff… luego jornada de actualización académica, curso de verano, recibir mudanza, comienzo de semestre en bachillerato, primer día solos, la Muestra estatal de teatro, fin de ciclo en la UDF, regreso a la guardería, comienzo de ciclo escolar 2010 – 2011, reconocimiento por excelencia docente… y para cuando me di cuenta el “nosotras” dejó de ser: las cosas mías dejaron de ser sólo mías, las cosas suyas ya no son suyas (jajajaja), la ella que era nomás mía aunque fuera suya dejó de ser propiedad privada y de pronto este párrafo resume un nosotros que no habíamos imaginado.

De los nuncas, pasamos a las primeras veces: la primera vez que amanecimos juntos en nuestra casa, la primera vez que desayunamos en el caos que dejan dos mudanzas simultáneas, Este es el primer domingo que estaremos en casa. Aún hay cajas cerradas y el estudio aún tiene apariencia de bodega; hay ropa sucia, planeaciones pendientes, programas inconclusos, un Silencio en suspenso… y no le aunque, la cosa va agarrando forma.

Un vago recuerdo rulfiano me viene a la mente: “en el lugar donde dicen que uno tiene el corazón, tengo una cosa que brinca de contento”, no sé si sea amor, o felicidad, o ternura, o esperanza o todo eso junto, per es eso lo que hoy me sentó a escribirles; eso que no saben de cierto pero suponen (como diría el señor que me acercó a la poesía), eso que les hace sentir ternurita porque nos quieren, eso que los mantiene al tanto de lo que nos pasa.

Besos a ustedes.
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4 comentarios en “Domingo 1, en casa.”

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