remembraciones


Dije ‘remembraciones’ arbitrariamente, porque esto va a ser como reconstruirme; porque hace un rato me dispuse a ver al duende dormir; así nomás: decidí quedarme a contemplarla mientras terminaba su biberón y el sueño la inundaba poco a poco. Al mirarla tan tranquila volé hacia atrás: 16 de diciembre de 2009.
Desde que me enteré de que venía en camino, esa fue la fecha probable de parto. Podrían ser dos semanas antes, podrían ser dos semanas después, lo cierto es que esa era la fecha de término. La penúltima vez que vi a Enrique, dijo: “no creo que llegues, pero si sí, nos vemos el 16″… Total que ese miércoles amanecí “rarita”; cuando despertó mi madre (con tres hijos de experiencia) le pregunté cómo se sentían las contracciones. “Son como cólicos”. Nunca he tenido cólicos, así que no supe de qué hablaba… “entonces no sé cómo explicarte”… Me entró la paranoia: ¿y si nos vamos a la clínica? “como quieras”. ¿Y si me regresan? -pensé- “Pues, como veas”.  Ya sé, le hablo a Enrique -le dije.
Oiga, doctor, toda la mañana he sentido presiones extrañas en la parte superior de la panza, pero no me duele nada, ¿voy a la clínica? “Jajajaja… ¡No, no te preocupes! Tienes cita hoy a las cuatro, ¿no? Nos vemos a las cuatro y media” ¿O.0?
Entonces me relajé, me bañé, desayuné y me fui al defe con mi má. La ruta fue Cd. Azteca, Centro Histérico y luego Roma Norte. Cuando llegamos al consultorio ya me dolía algo más la panza pero nada terrible. Primero preguntas de rutina, que -¿cómo te sientes?- bien, como para irme de aquí a la presentación de Ciudad imaginada, de Alberto Chimal, en Bellas Artes (dato curioso, porque… el muende se gestó entre éste y Los esclavos, del mismo autor, ja). -¿Cuándo quieres que nazca?- Pues si se vale elegir… antes del 22. -Bueno, vente para acá, pero ya no vamos a grabar este ultrasonido porque a estas alturas ya no se ve nada-
Y luego, que el duende gira la cabeza y parpadea y según Tanaka -esto casi nunca se ve perodisfrútalo porque ya no lo grabamos y ahora ponte la bata… todavía no había encajado pero no pasas de mañana… y si te vas a Bellas Artes caminando, en una de esas nace en las escaleras”
No supe si decir uff o no maaaa!!!! Salí del consultorio y decidí ya no ir al Palacio, pero sí a Juanacatlán por mi CoraSón de sortilegio y un abrazo fuerte y buenos deseos findeañeros y detodosmodosnosvamosahablarantesdequeacabeelaño y un par de tequieros y buenasuertes. Total que en el andén leí la dedicatoria y mi mamá preguntó: ¿Por qué lloras? Porque soy feliz…
Como ella consideró que mis contracciones eran “falsas” y tenía hambre, decidió que era buena idea parar a cenar cerca del metro Chapultepec. Yo ya no tuve hambre, sólo sed: lo que me cupo de agua de sandía entre el muende que se estaba acomodando y la prudencia que intentaba rescatar pa’ no gritarle a mi madre que estaba yo por parir y ella con que qué ricas están las flautas.
Como ya no había micros que salieran de Chapultepec a la Villa, nos trepamos a un taxi que nos llevara a Reforma, en donde estaba la exposición de nacimientos -¿y si nos vajamos?- … se hizo el obvio silencio… Pau (la peque de las Torres) iba tomando el tiempo a las contracciones. Llegamos a Indios Verdes. Nos subimos al bus. El dolor era cada vez más intenso, aunque todavía tolerable. Yo respiraba profundo y le hablaba por dentro al muendecito, que estuviera tranquila, que ya faltaba poquitito pa mirarnos a los ojos, para estar juntas de otra forma -¿ahora por qué lloras?- porque sigo feliz, nomás que ahora me duele.
Mi querida madre tuvo a bien sugerir ir a caminar a la Feria de la piñata, era el primer día y el doctor recomendome caminar… /&R$%$$)()((&%$%$##”# ¡¡¡¡¡QUE NO QUIERO CAMINAAAAARRRR!!!! Quiero bañarme con agua caliente y acostarme un rato para descansar aunquesea un ratito.
Llegué, otra vez me bañé, me acosté y dispúseme a dormir. A las 11 de la noche volví a hablarle a Enrique: Doctor, espero no despertarlo, pero tengo contracciones cada tres minutos y ya me duele mucho -intenta dormir, todavía te escuchas muy tranquila- y otra vez, para mis adentros (aunque no tanto como para que no le vibraran las maledicencias al muendecín): /&&/%$#$#%Y)(/&/&%%$ NO PUEDO DORMIIIIRRR!!!
Al veinte para las dos le hablé al Cristian, el amigo más antiguo, constante y leal que he podido mantener (mi papá y mi hermano andaban en Huejutla) para que me llevara a Texcoco. En algún momento pensé en conducir yo, hacer pausas para contraer mi universo interno pero desistí enseguida. Cristian llegó más enchinga que ya.
A las dos de la mañana yo estaba en urgencias, esperando que me recibieran y con la ligera sospecha de que podrían regresarme, porque se dicen tantas cosas del Seguro… total que no, fue rápido. “Señora, viene usted acompañada, para entregar sus pertenencias, se tiene que quedar”. Llevaba siete de dilatación, estaba a tres de terminar. Eché mis cositas en una bolsa de plástico transparente, me puse la incómoda bata hospitalaria y pedí unas tijeras (tal vez una semana antes de reconciliarme con el amor, que todavía no era aceptado como tal, una alumna me regaló un chinito rojo, de esos que suponen suerte, lo puse en la muñeca izquierda y mi pedacito de incertidumbre lo ciñó a ella con un par de nudos, tal vez fue ese un augurio).
A la hora de la canalización relajé todo el cuerpo, agarré mi fobia a las agujas y pensé en ella, respiré profundo y sentí algo que más bien parecía el tubo de drenaje de una gran ciudad abriéndose paso por mi radial izquierdo.
Luego me pasaron a un cubículo. Conforme iban amontonándose los minutos, me aferraba con más fuerza a los barandales de la cama; hacía fuerza con los brazos para liberar de tensión la parte inferior del cuerpo. Respiraba profundo. “Ya casi, muendecito”, le decía… y me lo creía. Había terminado el 16, el 17 avanzaba perezosamente. Los camilleros, asistentes médicos, tocoloquesea, iban y venían… “Puje, señora, todavía le falta, necesita ayudarle a su bebé a bajar, porque si no le vamos a tener que practicar una cesárea” (no maaaaa, no quiero que me abran, pero tampoco puedo ya hacer esfuerzo).
Enfermera, es mi primer parto, pero creo que se rompió la fuente. -No señora, le acaban de decir que todavía le falta, ya dilató lo necesario, pero el producto todavía no encaja-. Recordé que Enrique dijo: cuando se reviente la fuente, tienes como dos horas para llegar a donde sea, son muy pocos los casos en donde las cosas suceden más rápido.
Entonces, aunque yo no sabía qué hora era, tenía claro que aún faltaban dos horas. La chica de la cama vecina preguntó si me dolía mucho. Mmm… sí, duele, pero no como me dijeron que iba a ser, supongo que todavía me falta.
Tal vez diez minutos después mis ganas de no recibir ningún tipo de bloqueo, ni sedante ni nada, flaquearon: señorita, ¿cree usted que pueda darme algo para el dolor?… -déjeme ver, voy a preguntarle a la doctora. La mentada amable señorita volvió, no había encontrado a la mentada doctora (que seguro estaba tendida en una de las camas contiguas, porque recién le había gritado a otra que dejara de gritar porque todavía le faltaban cinco de dilatación). En esas estábamos cuando sentí EL dolor. Y con toda la serenidad de la que creo nunca seré capaz otra vez dije: yo no sé de esto, pero creo que está coronando (lo que sea que haya creído en ese momento que eso significara). -a ver, déjeme ver… CAMILLEROOO-
Por qué no había camillero alguno, ignórolo, pero entre la “doctora” y la fulanita agarraron la camilla y, dando tumbos, me conducían hacia la sala de expulsión… el pasillo no era largo pero el muende terminó de asomar la cabezota en el camino. -Cierre las piernas, ya no puje- O(/&/$$#”##%&/() YO NO ESTOY HACIENDO NADA, y ¿cómo chingados voy a cerrarlas? la voy a aplastar. Nació en la camilla. Al mirarla entre mis piernas, estiré la mano y le acaricié la cara. Estaba blanca, cubierta de la cosa blanca que no me acuerdo si se llama vérnix cebácea o estoy inventando, jajajajajaja… me interrumpieron la caricia: “la va a contaminar”.
Terminó de salir en la camilla, creo que ya lo dije. Gritó (no lloró), abrió los ojos todavía llena de líquidos varios, se la llevaron, no pude quitarle la vista de encima… alumbré y cesó el dolor. Me alivié (sólo entonces entendí el sentido de la expresión). Volví a sufrir un poco cuando comenzó el zurcido necesario, porque, aunque me libré de la famosa episiotomía, la caraja escuncla se abrió paso como pudo, me abrió a mí, por así decirlo.
“Señora, dio a luz a un individuo vivo, del sexo femenino. 51 cm, 2,820 gr. a las 5:55 del 17 de diciembre de 2009, Felicidades”. Yo no pude decir más que: Muendecito. Y ella seguía mirándolo (lo que sea que eso signifique tomando en cuanta que los neonatos no ven). Luego de un respiro pregunté y tuvo 8-9 en el apgar.
Me llevaron a mi cama y al cabo de media hr., aprox., me entregaron a la criaturita (ja). Peinada y toda la cosa. Hermosa toda ella, blanca, envuelta en una sábana blanca… Entonces el mundo se apagó, éramos ella y yo y el silencio que nos dejaba hablarnos sin decir nada.
“Qué hermoso bebé. Se nota que lo hicieron con mucho amor”… supongo que a todas deben decirle lo mismo, pero yo lo creí y no escuché ningún comentario parecido a mi alrededor. El desayuno fue simple, sin chiste: dos rebanadas de pan, con una rebanada de jamón en medio, un plátano, un vaso de agua de algo (tal vez jamaica) y ya… en teoría saldríamos a las doce, pero todo estaba tan bien que prefirieron retenernos hasta las cinco (que era la siguiente tanda de “altas”) y eso se extendió hasta las siete.
Me pasaron la bolsa de plástico con mis cositas, la pañalera verde, con su primera ropa verde… y mi mamá nos esperaba en la puerta. Para entonces mi papá ya había llegado y él nos trajo a casa. Hicimos escala en el centro comercial para abastecernos porque, aunque teníamos casi todo, faltaba lo indispensable.
Todo esto pasó por mi cabecita mientras veía al duende dormir, hace un par de horas. Pienso ahora en El Perseguidor, de Cortazar, y en los quince minutos de minuto y medio de Charlie Parker. Pienso en todo esto y escribo para compartir, para que se enteren, para que no se me olvide, para que (si el cyberespacio no colapsa antes de que el muende sepa leer y este blog tiene vida eterna) un día Killari…
Besos… abrazos para todos y teamos para ellos dos.
(me acaban de avisar que mataron a un primo, otra “víctima” de “la guerra contra el narco”, así que tal vez este relato se vea ligeramente alterado).

4 thoughts on “remembraciones

  1. Lágrimas, muchas, corrieron sobre mis mejillas al leer tu relato. ES bello sin duda. Lo mejor que podemos hacer las madres es contarles a nuestros pequeños cómo vinieron al mundo, para jamás se les olvide el amor, el trabajo, la enorme alegría y esperanza que uno siente cuando ve sus pequeños cuerpos cubiertos con vérnix, cuando vemos su diminuta y a la vez enorme existencia al nacer. Gracias por compartirlo. Gracias por hacerme llorar. Un abrazo.

  2. Q bonito Ketzalli!!!! Siempre, leer, escuchar o recordar esos momentos de “continuidad de la vida” o del “comienzo de ella”, evocan ternura, paz, ilusión….

    No importan las circunstancias por las que pase cada una; ese momento es magia, luz, amor…. grandeza….

    Hoy, pienso q no olvidaría nada sobre esos días, pero por un miedo sin fundamento y con todas las ganas de dejar memorias, también escribí con detalle el proceso de las bienvenidas! Para mí, para ellos, para…

    Gracias x compartirlo!! Me gustó mucho leerlo!!!🙂

    Besos!!🙂

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