Ketzalli, el ornitorrinco.


Uno de estos días mi cucharón me recordó (sin saber y por casualidad) que antes de ser un colibrí, fui un bicho de esos extraños que no muy se tiene claro qué son. Sucede que (creo) todos pasamos en algún momento de la vida por esa etapa en la que buscamos definirnos, saber quiénes somos y comunicarlo al mundo.

Yo estaba en secundaria (tal vez en segundo) cuando decidí que no era capaz de explicarle al mundo lo que era; cuando trataba de hacerlo, sentía que hablaba de alguien más. Pero, en mis adentros, tenía perfectamente claro lo que yo era. La cosa empeoraba un poco cuando escuchaba a alguien más referirse a mí.

Por esas fechas, estaba convencida de que no podía ser sólo de una forma y entonces comencé a decir (para mis adentros) que era un ornitorrinco, porque estos bichos no son ni una cosa ni otra; quien tenga la osadía de intentar definirlo se topará con una extraña incógnita, pues el animalito en cuestión es un reptil palmípedo que mama. Luego tropecé con un libro, supongo, interesante: Kant y el ornitorrinco. Creo que sólo recuerdo el primer capítulo, que trata del ser. 

 Adentrarme en el libro era ponerme en los zapatos de quienes han estado en los míos. Hablar de mí ha sido hablar un ser mitológico, convencido de que existe (como el unicornio o el arcángel Gabriel); tratar de definirme en una sola palabra es ponerme enfrente una naturaleza que no puede ser más que la de un animal (piensen en “Moctezuma y los caballos” o “el ornitorrinco”), o ya a últimas “El extraño caso del doctor Jekyll y de los hermanos Hyde”.

Les dejo aquí algunos fragmentos que hablan del ser:

  • El ser proporciona el soporte a cualquier discurso, excepto al que mantenemos sobre el ser mismo (discurso que no dice nada que ya no supiéramos en el momento mismo en que empezamos hablar).
  • Después de haber separado durante siglos el ser de la esencia y la esencia de la existencia, faltaba hacer que el ser se divorciara de sí mismo.
  • No es que los Poetas digan el ser, intentan sencillamente emularlo: ars imitatur naturam in sua operatione. Los Poetas asumen como tarea propia la substancial ambigûedad del lenguaje, e intentan explotarla para conseguir que salga, más que un suplemento del ser, un suplemento de interpretación.

Y, más adelante:

  • Si Kant hubiera podido observar el ornitorrinco (morfología, usos y costumbres) como se hizo poco a poco en los dos siglos sucesivos, probablemente habría llegado a la conclusión a la que llegó Gould (1991, p. 227): este animal, presente ya en el Mesozóico, antes que los demás mamíferos del Terciario, y que nunca evolucionó, no representa un burdo intento de la naturaleza por producir algo mejor, sino que es una obra maestra de desing, un ejemplo fantástico de adaptación ambiental, que ha permitido a un mamífero sobrevivir y prosperar en los ríos…
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