A quienes están en contra de la fiesta brava.


Para empezar, aviso que esta entrada no tiene ninguna gana de pelear ni ofender a nadie; muy por el contrario, es sólo una serie de apuntes en los cuales podría profundizar, pero tampoco lo siento necesario; no es un post estrictamente antiantitaurino, pero básicamente habla de ello.

A lo largo de las últimas semanas he recibido una invitación electrónica para participar en la “caminata del ingenio y amor por el arte real”. El asunto me pone un poco entre la espada y la pared, aunque tiendo a favorecer a la espada; uno de los argumentos más socorridos por los antitaurinos es que “tortura no es arte ni cultura” y, aunque suena bonito y hasta rima… me pregunto ¿qué tan congruente resulta la expresión?

Estoy de acuerdo con que esta caminata es únicamente para protestar por los toros que son torturados en la Plaza México. Los puntos por los que protestan son los siguientes:

Cada año son torturados más de 140 toros en la plaza de toros.

Saben diferenciar el arte de la tortura

El arte crea, no destruye

El deporte no debe matar para demostrar valor.

La sangre es sagrada y no se derrama por diversión

Con la vida no se juega

Ya están hartos del maltrato a los animales

La tortura no es arte.

La tortura no es cultura.

De entrada, aunque esto sea como dar más armas, la cifra que manejan es menor, si lo que pretenden es impresionar, se quedan cortos; lo que sucede en la plaza, es el culmen de algo llamado tauromaquia que, en estricta teoría, no es arte; en efecto, el arte no destruye, transforma en tanto que trabaja con la materia; la sangre es un fluido esencial, cada quién decide si es o no sagrada, y si hay gente que se divierte en las corridas, ese es otro boleto; la vida es un juego, por eso se dice que no hay que tomarla demasiado en serio, total… no vamos a salir vivos de ella.

Me parece loable que la gente se manifieste en pro de sus convicciones, que denuncie sus inconformidades; lo que no me resulta tan “correcto” es la polaridad de sus actos que podría resumirse en una doble moral por lo demás detestable; una cosa es pronunciarse en contra y otra  agredir de alguna otra forma a las personas que acuden a los festejos; se supone que están encontra de la tortura y la falta de civilidad, ¿entonces, por qué atacan?

Es un hecho que muchos aficionados a la fiesta brava se defiendan con el más absurdo de los argumentos, cuando se les pregunta por qué disfrutan de tal barbarie: ¿Comes carne? Entonces el antitaurino contesta algo más absurdo: ¡Pero eso es distinto!

¡Claro que es distinto!, muy a pesar de los protocolos que establezcan las secretarías involucradas con respecto al “sacrificio humanitario”, en los rastros y granjas clandestinos mueren (de forma mucho más cruel) muchísimos más animales, lo distinto es que no los vemos, así como no vemos las fábricas de perros que abastecen a las tiendas de mascotas, o las malas prácticas agrícolas, por mencionar sólo algunos de los eventos en los que no nos detenemos cotidianamente. No todo lo que hacemos es un mero instinto de supervivencia.

De entrada, pienso en la definición de cultura:  a través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden (UNESCO, 1982: Declaración de México).

Luego, el arte, es aquello que realiza el ser humano con una finalidad estética o comunicativa; en este sentido, el torero expresa y se comunica en un momento efímero, incapaz de ser reproducido por ningún medio… y, a pesar de ello, es motivo de producción de muchas otras manifestaciones artísticas que sí perduran; los elementos por los cuales la fiesta brava es considerada arte no dejan de ser polémicos, lo cierto es que sólo el torero podría ser cuestionado en ese sentido, así como en la representación de un viacrucis debería cuestionarse al que terminará crucificado, los demás, somos espectadores de una serie de símbolos que no siempre entendemos e interpretamos como es debido.

No digo que no caminen y no hagan ruido por los toros, lo que digo es que no se puede evitar el sufrimiento; más importante que lo que sucede en el ruedo, es lo que sucede en los corazones y las mentes de la gente todos los días, deberíamos protestar también por las luchas, las peleas de box, los videojuegos, las tvnovelas, la comida chatarra, los noticieros, los estereotipos que inoculan desdicha en la sociedad durante más tiempo que los veinte minutos en los que “sufre” un toro; deberíamos intentar ser menos severos con los otros, menos puritanos y más tolerantes; estricto con uno mismo y misericordioso con los demás en todos los ámbitos de la vida (de ser posible).

A mí me gusta la tauromaquia; me gusta imaginar al toro de lidia en la oscura nocturnidad de la dehesa, amo de las hierbas que besan sus patas; imaginar el ritual que vive el torero al vestirse de seda; observar la danza fúnebre en la que se funden el oro y las tinieblas. Prefiero eso a imaginar a un montón de gente gritando, escupiendo o aventando globos de pintura en las paredes de la plaza méxico.

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