Cómo desarrollar la inteligencia emocional en los niños


La inteligencia emocional, se supone, es la habilidad de sentir apropiadamente, y luego, comprender y asimilar esos sentimentos, de forma adecuada, además de saber regular nuestras emociones. Saber qué siento, como reacciono y de qué manera me expreso de mis emociones; aceptarme a mí misma y a las personas que me rodean, ser empática… y todo eso deben aprender los niños, pa no pasar las de Caín…

De pronto me invadió un vértigo espantoso al sentir el paso del tiempo, porque desde ya hay que darle herramientas al duende para lidiar con las emociones. Todo comenzó porque estaba decidiendo cuándo utilizar el Canto besado de Mario Santiago Papasquiaro para el comentario que tengo que entregar de tarea; uno de sus versos dice así: “mi sol de media noche son los chillidos triturasombras de mi niña…”; eso me hizo recordar una canción que siempre me hace pensar en esa mi niña, que dice algo así: “con el color de tus ojos se acabaron mis nostalgias, perdí el temor que tenía de mirar hacia adelante…”

Yo solía ser un colibrí nostálgico que sentía el alma muerta… y con el Duende, que, como dijo Lorca: “presupone siempre un cambio radical en todas las formas sobre planos viejos, da sensaciones de frescura totalmente inéditas, con una calidad de rosa recién creada, de milagro que llega a producir un entusiasmo casi religioso “, en efecto, las cosas cambiaron.

Mi niña es una infanta desde hace dos meses, porque entonces aprendió a caminar. Ella está aprendiendo a ser grande, y en el proceso, nos divertimos usando el NO a cada rato, aunque no estemos haciendo nada. De alguna manera me empeño en que su negativa pierda sentido, e intento persuadirla para que haga otra cosa, en vez de lo que considero nos está poniendo en peligro; parece que es claro que sabe el significado del NO, pero procuro evitarlo a toda costa… “la pasión entre sus juegos de ilusión & zanahoria”. Es complicada la comunicación, porque ella se da a entender, como buenamente puede, pero a veces, cuando no lo logra, grita y pone cara de enfado y entonces las cosas se complican un poco… yo entiendo que eso es normal, que por su cabecita deben estar pasando un montón de ideas sobre cómo conquistar el mundo y una toalla que se le enreda en las patitas se lo impide.

Soy paciente, porque aunque sé que es una nena muy inteligente le cuesta recordar (como a todos los peques) qué sí puede y qué no. Todo parece indicar que el desarrollo va cumpliéndose satisfactoriamente, por etapas, según el Programa de Estimulación Temprana que aplican en la Estancia Infantil.

Hay momentos en que me preocupo por “la ira” que puede sentir y contrasta enormemente con la eterna sonrisa que nos ilumina los días y los miles de besos que está empezando a repartir; no sé en qué momento, la ira, se convierte en un obstáculo, en vez de ser una herramienta para superar las barreras; a veces parece que nada le da miedo, y por lo tanto parece quedar expuesta al peligro…

Mi duda era: ¿Cómo le hago para explicarle que no me gusta cómo me hace saber que está enfadada? (hay veces en que grita fuerte, fuerte, y luego corre a abrazarse a mi cuello y llora desconsolada, y luego se le pasa y vuelve a lo que estaba). En eso llegó a mis ojos una revelación (no sé si vía facebook (en los Consejos de mamás feizbukeras) o en alguna de las muchas páginas que he consultado últimamente (Mejorar la inteligencia emocional de los niños, por ejemplo)): ¿por qué no emplear los mismos gestos con los que la hago sonreir, para hacerle saber que no estoy de acuerdo con ella?

No me gusta gritarle, ni espantarla, ni dejarla sola cuando llora a mitad de la noche… entonces me pregunto: ¿será que estoy dándole a ella lo que yo necesito?; en la búsqueda también encontré un libro de Martha Alicia Chávez que se llama Tu hijo, tu espejo que al final de algún párrafo dice: Si quieres aportar algo trascendente a la sociedad y al mundo en el que vives, ofréceles hijos amados, inmensamente amados, porque estarás ofreciendo personas honestas, productivas, buenas y felices.”

Entonces vienen más dudas: de qué forma debo jerarquizar mis, sus, nuestras prioridades; cómo encontramos el método que mejor nos acomode para entendernos y darnos a entender; cómo saber si “mi instino” funciona correctamente y las decisiones que tomo son acertadas para los tres. Sé que la voy a regar, me voy a equivocar muchísimas veces y supongo que ya tendrá que resolver ella sus traumas cuando lo crea necesario. Tengo claro que no quiero ser su amiga, quiero ser su madre; tampoco quiero imponerle nada y espero encontrar la lucidez para establecer límites para ambas.

En fin… seguiré leyendo, si alguien tiene alguna sugerencia o un link que compartir, lo agradeceré. Mientras, concluyo:

“Roto el freno
las miserias
la ceguera
la edad-piedra
las astillas de ignorarme
mi chamaca las deshebra”

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