Los toros en las bellas artes.


Monumental Plaza de toros México

La literatura, según el diccionario de la RAE, es el arte que emplea como medio de expresión una lengua; y la tauromaquia, el arte de lidiar toros. La literatura taurina es un oxímoron en su sentido más amplio, pues una de las características de la literatura es la permanencia, y la de la lidia, es la fugacidad. La lengua escrita trasciende las barreras del tiempo, y las del hecho mismo del toreo se circunscriben, a lo más, a un cuarto de hora.

El mundo de los toros ha sido, a lo largo de los años, motivo de creación; lo encontramos en la pintura, en la escultura, en el cine, el teatro, la danza, la fotografía, la narrativa, la poesía y un sin fin de expresiones artísticas; por mucho que parezca un espectáculo bárbaro, irracional y en ocasiones ridículo, la fiesta brava es, ha sido y será, un nicho en el que los artistas encuentran cobijo, aliento.

Plaza de toros Silverio Pérez, marzo 2009.

En la poesía, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Gerardo Diego; José Bergamín, Ernest Hemingway, Salvador Toquero en la narrativa. En la pintura, Picasso, Goya, Ignacio Zuluoaga, José Domínguez Bécquer; en el cine Francesco Rossi, Gabriel Soria, James White y Fred Blechynden. Miguel Hernández, Jacinto Benavente, José Picón en el teatro… y Carmen, como el ejemplo liminal entre los toros y las artes. Mencionar estos nombres es una tarea exclusiva, en tanto que deja fuera un mundo de artistas enduendados.

Killari, leyendo La claridad del toreo, de José Bergamín.Hasta en el habla cotidiana encontramos tintes taurinos. Expresiones como entrar a hacer el quite, o que algún lugar estuvo hasta la bandera, o que hay que agarrar al toro por los cuernos… son sólo algunas de las muchas que existen en los toros y empleamos para la vida.

De La claridad del toreo, de José Bergamín, rescato los siguientes versos:

El torero nunca sabe
cuando lo está toreando
si el toro cierra los ojos
o los abre en el engaño

***

De Rafael Alberti, el siguiente soneto que dedica a José Bergamín, para un libro del mismo nombre.

La música callada del toreo

De luz en sueño y sombra la corrida:
un abrir y cerrar, verte y no verte,
un quererle en silencio por prenderte,
llama espiral, ceñida y desceñida.

Un silbido que aposenta su medida
en el aire acordado de la suerte,
un pase de la luz al de la muerte
o en alas de la sombra al de la vida.

Un prodigioso mágico sentido,
un recordar callado en el oído
y un sentir que en mis ojos sin voz
veo.

Una sonora soledad lejana.
fuente sin fin de la que insomne mana
la música callada del toreo.

De Manuel Benitez Carrasco: Volapié

I

En pie Garbo y Fiereza frente a frente;

Fiereza sin mugir, Garbo de oro;

Furiosamente cuernos en el toro

y en el torero espada fríamente.

Dos muertes reto a reto y cara a cara

una, Toledo en punta, prevenida;

otra, partida en dos, recién traída

de rumiar yerba verde y agua clara.

El Garbo se perfila y altanero

avanza, dobla, engaña, hunde el acero

y sale del encuentro con limpieza.

Quedando al fin al filo de la muerte,

-gloria y botín de la suprema suerte-

el Garbo en pie y en tierra la Fiereza.

Y para terminar, un pasodoble del flaco de oro, Agustín Lara, quien conmovido por la grandeza del faraón de Texcoco, le cantó: Monarca del trincherazo, torero torerazo, azteca y español, Silverio, cuando toreas, no cambio por un trono mi barrera de sol…

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