Consejos para mamás feizbukeras

La libido femenina.


Cuántas veces hemos escuchado que una mujer, al convertirse en madre, siente desaparecer por completo la libido; y luego esto se convierte en una preocupación constante tanto para ellas como para sus parejas; ella se siente culpable cuando, otra vez, le dice al marido “no tengo ganas” y el otro se siente ofendido y piensa “cómo que, otra vez no tienes ganas”… claro que esto es en el peor de los escenarios. Parece ser normal que tras el parto, el cuerpo exija un periodo de reajuste… fueron bastantes meses de un coktail hormonal que en realidad no termina en el alumbramiento, y la percepción del espacio y el tiempo cambia radicalmente.

Antes de tener al bebé en brazos, no teníamos que preocuparnos por alimentarlo, él tomaba lo necesario del cuerpo de su madre; el llanto  no nos despertaba; no existía el terror de la muerte súbita; teníamos el tiempo suficiente para apapachar y dejarnos querer; el montón de consejos de todo mundo todavía no cobraba sentido; nos habíamos acostumbrado a la forma del cuerpo embarazado… de pronto, en un segundo y, entonces, todas estas preocupaciones, aunadas a las hormonas, hacen de nuestro mundo un caos… y el deseo sexual desaparece.

Libido es un artículo grave femenino; en latín, según entiendo, significa deseo o lujuria, y según el tan mencionado diccionario de la RAE, es el deseo sexual, considerado por algunos autores como el impulso y raíz  de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica. Hubo dos sujetos que en términos psicológicos hicieron famosa la palabra, pero para no meterme en muchas complicaciones me ceñiré a su significado médico, el cual (según santa wiki)  hace referencia a “algún trastorno emocional, considerándola con frecuencia un síntoma de cuadros o trastornos afectivos de corte depresivo” (hablando de la disminución, claro).

De pronto se vuelve un círculo vicioso del cual es difícil salir, puesto que no siempre nos enteramos de lo que sucede, simplemente a la mujer “no se le antoja”, y aquí entra otra serie de ideas equivocadas al respecto que, aun cuando en realidad no tienen nada que ver con la situación, la entorpecen demasiado si tomamos en cuenta que los canales de comunicación se “descomponen”.

Una de las ideas más frecuentes en cuanto a la libido, tiene que ver con sus “terribles” consecuencias: si yo no le doy a mi marido lo que necesita, lo va a ir a buscar a otro lado; lo cierto es que el marido en cuestión puede sentirse relegado a un segundo plano por la llegada del bebé, y buscará (a veces) por medios poco convenientes, un acercamiento que le haga reafirmar su relación íntima con la pareja, y al topar con pared, comienza a generarse un sentido de frustración al cual no siempre puede darle tratamiento.

Hay muchas personas que recomiendan el juego erótico, al parecer, como un “paleativo”, como si el deseo sexual se limitara a la relación coital… Ahora bien, retomo lo del “trastorno emocional”: ¿cómo puedo iniciar o aceptar el juego erótico, si mi cabeza está en otro lado?, en realidad, de lo que no tienen ganas muchas mujeres, es el contacto físico con tintes sensualosos, al parecer se sienten incómodas con el acercamiento e inmediatamente entra un bloqueo que tuerce las cosas.

De entrada de entrada, pienso en darle tregua al sentimiento y a la razón, que andan tan peleadas últimamente. Tomar un respiro al final del día, tenderse en la cama, o en el sillón, o en el suelo, o donde las venza el cansancio… inhalar profundo y soltar el cuerpo. Luego hablar claro, decirle al marido que por el momento (debido a la condición de vida a la cual aún no se acostumbran) no tiene ganas de iniciar la onda esta del sexo, pero que necesitan apapachos tiernos que les ayuden a recobrar la estabilidad perdida; de esta manera (creo yo) puede darse pie al contacto, y comenzar a construir otro tipo de confianza, en función de la nueva etapa que, como pareja, están viviendo.

Así como creo en la crianza con apego, la disciplina con amor y demás temas de los que ya he hablado, creo también que debemos educarnos como dualidad, complemento… en la medida en que nos involucramos en lo que aparentan ser mundos distintos, podremos crear una atmósfera en donde reine la armonía, basada en la tolerancia, el amor y el respeto.

No debemos olvidar que antes de ser madres, somos mujeres y, ellos, hombres, antes que padres. Tal vez representa un reto muy grande continuar con el cuidado personal y de la pareja, pero se puede lograr; sentirnos a gusto con nuestro cuerpo, puede ser una puerta para comenzar a sentirnos a gusto con nuestro interior. Así que una forma de lograrlo, sería regalarnos cinco minutos para “ponernos lindas”, aunque andemos en pijama.

Aunque no lo crean, otro tema fundamental, es la alimentación. Ejemplo: el potasio (que encontramos en el plátano) favorece a la fortaleza de los músculos, lo cual repercute en la intensidad de las contracciones del orgasmo; el zinc (ostras y carne molida) aumentan los niveles de testosterona, vinculada al deseo sexual; los antioxidantes (presentes en el café) fortalecen las paredes de los vasos sanguíneos, y al haber mayor irrigación aumenta la sensibilidad; la capsaicina (en el chile) favorece la circulación y excita las terminaciones nerviosas; la feniletilamina (del chocolate) produce una sensación de bienestar; y el omega tres, promueve la producción de las hormonas sexuales.

En cuanto al rol de vida, hay algunos tips que pueden ayudar a recuperar la libido: buscar un espacio para compartir como pareja, intentar seducir al otro, conocer algún nuevo lugar, hacer de manera distinta las cosas que hacemos a menudo; darse unos minutos al final del día, sólo para conversar; atreverse a explorar otras formas de acercarse a la pareja; preparar un ambiente sorprendente sin motivo alguno: acondicionar una habitación con un par de velas, preparar una cena (o desayuno o comida) especial, usar ropa incitante, un mensaje, un mail, o una llamada para recordarle que lo amas o que admiras el esfuerzo que hace él también…

En fin… sólo no olvidemos que se trata de un proceso que lleva su propio ritmo; que lo que a unas nos funciona, a otras nos hace bolas; que la paciencia y la tolerancia que tengamos para nosotras se reflejará en nuestro entorno y sólo a través de la aceptación lograremos encontrar el equilibrio. Nada de actuar por miedo, culpa o compromiso. Una buena actitud, como en todo, es la respuesta a nuestras necesidades básicas.

 

esta foto la encontré por ahí y me parece hermosa

 

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