Parar, templar y mandar: los fundamentos del toreo.


Silverio Pérez, en La Plaza México.

El fundamento del toreo se encuentra en tres conceptos inseparables: parar, templar y mandar. Quiero hablar sólo del temple, porque hoy me siento particularmente débil. Templar es la “disposición apacible o alterada del cuerpo o del humor de una persona” o bien, la “fortaleza enérgica y valentía serena para afrontar las dificultades y los riesgos”, ambas acepciones de la RAE; en el toreo, es atemperar el viaje del toro. Según Silverio Pérez, en ese momento se crea el arte.

El temple en la faena, es el ritmo que acompasa el engaño y la embestida, no sólo en el mundo de los toros, sino en la vida misma. Es la vida, y todo lo que implica, el toro que hemos de coger por los cuernos. Cuando se abre la puerta de los sustos, para ofrecerle la libertad al señor negro, el diestro debe enraizarse en la arena, para intuirle el modo a lo incierto.

Debo reconocer que muchas veces he tenido una enorme curiosidad por ver de frente a un toro, sentirlo acometer con sus quinientos kilos de bravura, ver cómo alguna de sus armas me rosan el terno al embarcarlo en el engaño… Pero soy mujer, y en origen del toreo las niñas no son bien vistas, (aunque esté tan en boga eso de la equidad de género); así que me conformo con mis ojos como puerta por la que entren a mí, los misterios de la vida.

El temple resume la pasión, la entrega, la inteligencia, la decisión, el tiempo, la serenidad…  la vida. En el toreo el temple, en la vida la templanza, que a decir de muchos, es la virtud que nos permite reconocer las necesidades reales, dominar racionalmente los apetitos y moderar los placeres sensibles… vaya usté a saber.

Lo que sí, es que La templanza es, por otro lado, uno de los arcanos mayores del tarot (o sea, esos veintidós símbolos “que conectan con el inconsciente colectivo“):

Este arcano representa el arte de la transformación en su expresión mas depurada. Aquí se produce la unión alquímica del fuego y el agua, la luz y la oscuridad, lo masculino y lo femenino, la muerte y el renacimiento. Esta unión de los opuestos es el proceso creativo de empezar algo nuevo y como tal sucede primero en el interior y luego se proyecta al mundo exterior. Si exploras las zonas profundas de la tierra, mediante la purificación descubrirás la piedra perdida (. . .) encontrarse con uno mismo; porque solo en ese encuentro sincero es posible sintetizar los opuestos, acercarnos a un mayor estado de equilibrio, retornando a la armonía. Energía de unión, estabilidad, satisfacción, paciencia, moderación, confianza y lealtad que se refleja en la actitud relajada y placentera que se tiene frente al mundo.

Hay quienes dicen que es a partir de Juan Belmonte cuando puede comenzar a hablarse de temple; para él, torear es “llevar la contraria al toro, y el temple, una manifestación de ello”. En su memoria:

Para terminar, no más con el ánimo de generar controversia, aunque sin ganas de molestar a nadie, comparto una cita que encontré por allí, en función de los derechos de los pobrecitos animales: “es un principio jurídico elemental que sólo las personas pueden ser titulares de derechos, pues éstos son una consecuencia de la voluntad, que no es una facultad propia de los seres irracionales, sino del hombre. Si los animales tuvieran derechos, también tuvieran deberes”

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