El erotismo del sacrificio… ¿el toreo erótico?


Arturo Macías. Foto: Pablo Esparza

El erotismo es, en palabras de George Bataille, “la confirmación de la vida hasta en la muerte (. . .) un deseo angustioso de que dure para siempre eso que es perecedero”; una transgresión; su terreno es esencialmente el de la violencia; su finalidad es alcanzar al ser en lo más íntimo, hasta el punto del desfallecimiento; “desfallece nuestro corazón frente a la idea de que la individualidad discontinua que está en nosotros será aniquilada súbitamente”, el erotismo es el juego de la vida pese a la vida.

Si el amante no puede poseer al ser amado, a veces piensa matarlo; con frecuencia preferiría matarlo a perderlo. (. . . ) Lo que está en juego en esa furia es el sentimiento de una posible continuidad vislumbrada en el ser amado. Le parece al amante que sólo el ser amado –cosa que proviene de correspondencias difíciles de definir, donde a la posibilidad de unión sensual hay que añadir la de unión de los corazones– puede, en este mundo, realizar lo que nuestros límites prohíben: la plena confusión de dos seres, la continuidad de dos seres discontinuos.

El toreo, en su más íntima razón, es erotismo; una celebración religiosa de la continuidad, pero sus orígenes se olvidan a medida que la sociedad se “domestica”, pasando por alto uno de los símbolos que perduran en la tauromaquia: el sacrificio, tan emparentado al acto del amor, en donde la muerte manifiesta aquella continuidad, aquel deseo de inmortalidad, tan anhelado por el hombre.

Este pensamiento me parece que debería ser la base de la interpretación del sacrificio religioso, del cual dije hace un rato que la relación erótica se le puede comparar. Al disolver la acción erótica a los seres que se adentran en ella, ésta revela su continuidad, que recuerda la de unas aguas tumultuosas. En el sacrificio, no solamente hay desnudamiento, sino que además se da muerte a la víctima. La víctima muere, y entonces los asistentes participan de un elemento que esa muerte les revela. Este elemento podemos llamarlo, con los historiadores de la religión, lo sagrado. Lo sagrado es justamente la continuidad del ser revelada a quienes prestan atención, en un rito solemne, a la muerte de un ser discontinuo.  Hay, como consecuencia de la muerte violenta, una ruptura de la discontinuidad de un ser: lo que subsiste, y que, en el silencio que cae, experimentan los espíritus ansiosos, es la continuidad del ser, a la cual se devuelve a la víctima. Solamente una muerte espectacular, operada en las condiciones determinadas por la gravedad y la colectividad de la religión, es susceptible de revelar lo que habitualmente escapa a nuestra atención”

Dicho en las mismas palabras del autor, “la víctima, a la que se daba muerte colectivamente, adquirió el sentido de lo divino. El sacrificio la consagraba, la divinizaba”, pero, la muerte, “para la conciencia ingenua, sólo puede provenir de una ofensa”; se nos olvida que, de una u otra forma, nuestra historia está cifrada en el sacrificio, hablando, claro, del hombre como ser religioso desde sus orígenes; el sacrificio es un acto ritual en el que el individuo ofrenda algo, a su objeto de culto. Todos, sin excepción, nos sacrificamos (o sacrificamos) de una forma u otra.

Si se preguntan por qué viene a cuento esto en mis Domingos taurinos, les propongo pensar en el toro no como el pobrecito animal que actualmente sufre para el beneplácito de algunos (ya sean los aficionados taurinos o los que piensan que la mejor fuente de proteínas es la carne roja), sino como el animal sobre el cual se cifran algunos mitos fundacionales. A caso no se han preguntado por qué unos animales parecidos al toro que hoy conocemos, se encuentran en las pinturas rupestres del Paleolítico europeo; y no es Apis, un toro, el protavoz del Ptah, el Dios creador de los egipcios; por qué fueron precisamente toros los que delimitaron el reino de Israel; por qué en el Gilgamesh se canta la muerte de un toro para desafiar a los dioses; por qué es Nandi la montura de combate de Shiva. ¿Recuerdan a la primera reina de Creta?…

“En la playa de Sidón un toro intentaba imitar un gorjeo amoroso. Era Zeus. Se sintió sacudido, como cuando le picaban los tábanos. Pero esta vez era un escalofrío dulce. Eros le estaba colocando sobre la grupa a la joven Europa. (. . .) Muchos lo vieron. Tritón, con su concha sonora, replicó al mugido nupcial. (. . .) Europa, mientras tanto, no veía el final de aquella loca travesía. Pero imaginaba su suerte, cuando hubieran recuperado la tierra firme. Y lanzó un mensaje a los vientos y a las aguas: <Entregad, por favor, este collar a mi madre.>>

Ahora voy a hablar de dos temas bien conocidos, me atrevo a decir que, en todo el mundo: por un lado, Teseo y el Minotauro; por otro, el cristianismo.

 Retomo el tema de Creta. Se supone que Minos, (hijo de Zeus y Europa), quería suceder en el trono a Asterión, y para lograrlo le pidió ayuda a Poseidón, éste hizo salir un toro blanco como la espuma, del mar, para que Minos lo sacrificara; al verlo, Minos quedó prendado de la hermosura del animal e intentó engañar a Poseidón, sacrificando a otro toro (también bonito, pero pues no era el bueno); al enterarse, Poseidón se llenó de ira, e hizo que Pasifae (la esposa de Minos) se enamorara del toro blanco, engendrando así al Minotauro.

Cualquiera podría creer que la venganza de Poseidón terminó con la ofensa a Minos (eso de que su esposa tuviera un hijo mitad humano y mitad toro), pero sucede que al animalito sólo podrían saciarlo con carne humana, así que había que alimentarlo cada cierto tiempo con catorce jóvenes vírgenes (tributo impuesto a los atenienses, porque allá, el toro de Maratón mató Andrógeo); en una de esas le tocó el turno a Teseo, (hijo de Egeo, rey de Atenas), unos dicen que por que Minos lo eligió, y otros, que por voluntad propia. Total que cuando el joven llegó al palacio en donde eran hospedados los futuros sacrificados, Ariadna (hermanastra del minotauro) se enamoró de él; la princesa se las arregló de algún modo, ayudando a Teseo a matar al monstruo y salir bien librado del laberinto de Dédalo. Hay también, quien dice que Teseo dio muerte al Minotauro con una espada, después de burlarlo, dentro del laberinto. Esto le dio un giro de tuerca al sacrificio original, puesto que al matar al Minotauro y regresar victorioso a Atenas, se convierte (por un descuido de adolescente) en el nuevo rey.

En torno al cristianismo, encontramos otro sacrificio medular, que ofrenda continuidad al hombre (cristiano, claro), pues “tanto amó Dios al mundo que le dio a su único Hijo”; este sacrificio es conmemorado (domingo tras domingo) durante la celebración litúrgica. La Epíclesis, es el momento en donde el sacerdote extiende sus manos sobre el pan y el vino, para que el Espíritu Santo, los convierta en el cuerpo y la sangre de Cristo; luego, en la Doxología,  el sacerdote ofrece al Padre el cuerpo y la sangre de Cristo; y durante la Comunión,  los fieles “reciben” el cuerpo y la sangre de Cristo. Cabe mencionar que como contemporáneo al origen del cristianismo, existía el culto a Mitra, cuya mitología refiere el sacrificio del toro primordial y que se santificaba el domingo como el día del Sol.

Entiendo que éste es un tema delicado, e incluso puede provocar la incomodidad de algunos lectores al encontrarlo mezclado con el tema de la tauromaquia, pero mi intención no es otra que poner de manifiesto los motivos íntimos del toreo, que casi nunca son considerados al desprestigiar la fiesta, tachándola como un espectáculo bárbaro carente de significados profundos.

 

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7 thoughts on “El erotismo del sacrificio… ¿el toreo erótico?

  1. tauromaquia y erotismo.
    En millones de escritos se alude a la unión entre tauromaquia y erotismo, pero voy a ser directo esta vez diciendo que el erotismo en la tauromaquia solo se encuentra en la enfermedad de la persona espectadora seducida y excitada ,así como de los supuestos amantes que llevan a cavo el ritual. Y no me refiero al bóvido, puesto que es sabido que los animales no son capaces de amar ¿no?
    Citando a Alain Pierson : “la corrida es la imagen del amor y de la vida cuyo equilibrio puede romperse en cualquier momento. ”
    Pues bien, discrepo de cabo arabo señorito, la única corrida imagen del amor es la que se derraman en dos cuerpos que se aman, no que son mutilados cruelmente ,por mucho que a algunos se les ponga dura y a otras se les mojen los refajos al contemplar semejante barbarie.
    Una noche en un frío redil sin luz ,, sin comida ni agua con maltratos fortuitos de los carcelarios, no es una cena romántica con el colchón en el suelo cerca de la lumbre. Una lanzada en el lomo que rompe las costillas de un animal no son besos y suspiros en la nuca ruborizada de un amado, unas banderilla que vejan la dignidad del animal, si es que para entonces se le reconoce no son caricias por el interior de los muslos con la yema de los dedos, y finalmente una estocada a un animal molido a cuchilladas y desangrado, no es ni por asomo un abrazo penetrante que funde a dos amantes, que por un momento escupen al mundo de amor que se tienen.
    Nos hemos vuelto locos ,por que de veras no lo entiendo, erotismo, jamás en la vida podrá ser la muerte, ese es el problema de nuestra civilización desde su comienzo, se vincula la muerte con el poder, y el sexo o el erotismo también, el poder sobre alguien por medio de la fuerza la posesión de otro cuerpo . Pero ni el sexo ni el sentimiento erótico emerge de la posesión dañina o no agradable para uno de los amantes, creo que a eso se le llama violación .
    Y precisamente eso es el toreo , una violación de la cultura , de el arte, de la vida y de los sentimientos empáticos y racionales.
    Una civilización mide su evolución por el trato que se le da a sus animales, estos son neutrales manejables y domesticables, aprovecharse de esto para causar dolor con fines lúdicos y lucrativos, en fin…cada uno sabrá ¿ y comparar una matanza de toros con el arte? por dios bendito, y cito a dios, como un ser que de existir, benévolo impediría dichas exhibiciones.
    Erotismo ,tauromaquia y niños ,horario infantil ,desprecio a la vida, oda a la guerra y a la superioridad por medio de la violencia, por mucho que artistas como Picasso bla bla bla hiciesen homenaje a la tauromaquia no es motivo de orgullo si no de vergüenza ,de que hasta nuestro propios genios están podridos en cuestiones morales.
    Me gustaría ver como a alguno de los teóricos que comentan estas falacias su amante le introdujese en su espalda, un cuchillo afilado mientras aplauden todos los vecinos haber si se corre cuando le toque el pulmón derecho.

    1. No me interesa saber qué entiendes por erotismo, pero igual te respondo: ¿conoces a Bataille y la obra a la que se hace referencia en esta publicación? Afirmar que “el erotismo en la tauromaquia solo se encuentra en la enfermedad de la persona espectadora seducida y excitada” me parece “violencia” innecesaria. Ojalá te animaras a leer El erotismo, o Breve historia del erotismo, para que te des cuenta de que tu comentario está, por lo menos, fuera de lugar.

    2. En esta publicación tengo un lector antitaurino, de esos a los que no les da la cabeza más que para pensar estupideces y “gritar” improperios… más cerrado que un pistache de esos que uno tira porque no tiene ninguna intención de “aprovecharlo”, jaja. Yo me río, lo leo, me regocijo al no publicar su par de comentarios necios y me río… sí, tal vez de él 😛

      1. Jaaaaaaaaaaajajajaja… y vuelve la mula al trigo. Hacen mucho más que insultos necios para provocar en mí una ofensa. Y no, no de todo ser vivo, sólo de ti. Y no comparto tus comentarios sólo por el placer de provocarte, ja. Y no sé si en tu pueblo no hay diferencia entre pistache y cacahuate, pero el cacahuate, por muy duro, es blando. ¿Quieres seguir? Te espera el rechazo.

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