Domingos taurinos

El silencio en la lidia.


Qué difícil resulta hablar del silencio; qué áridas me resultan sus definiciones; qué triste me parece reducirlo a una abstención del habla. Y es que el sentido más profundo de todo en la vida, está plagado de silencio. El dolor, la poesía, el amor, la guerra, el éxtasis, la muerte… todo permeado de silencio. Unas veces queda un dejo de amargura, cuando el silencio se anuda en la garganta; otras, embarga los intersticios del alma para colmarlos de balsámicas lisonjas.

El silencio puede ser el más sentido respetos, el más humilde reproche, la más sórdida declaración o la más pusilánime renuncia. Antes del silencio, el vacío de la inexistencia; después, la desolación del exterminio. Diría Mario Santiago PapasquiaroQué canto es mayor al del silencio“, o bien, para ir cogiendo al toro por los cuernos, he aquí una canción de Enrique Morente, que parafrasea a José Bergamín y a Manolo Vazquez:

Y es que el silencio en el toreo tiene sus orígenes en el momento en que se fijaron las reglas que rigen la fiesta que conocemos hoy en día. Pepe Illo publicaría en 1796 , su Tauromaquia o Arte de torear, en donde (en palabras de Bergamín): “Pide Pepe Hillo a los espectadores de la corrida que guarden silencio para no distraer ni al toro ni al torero, entorpeciendo la ejecución de las suertes”, aunque según el mismo autor supone que ese silencio no se guardó eternamente nunca.

Actualmente, en el Reglamento taurino para el Distrito Federal, (Capítulo 27, apartado VI), se estipula que: “…En plazas de primera categoría no se tocará música en ningún tercio, a excepción de dianas, cuando el desempeño del diestro lo amerite”. Pero más que los “obligados” por la ley, conmueven aquellos que apagan el furor del público, ya sea por el temor de la cogida, o la pasión que desata una tanda interminable de muletazos.

La Monumental Plaza de toros México, es la de mayor aforo en el mundo; en las tardes de temporada, se viste de contrastes: sol y sombra, plata y oro, “soledad sonora y musicales silencios”. Hay momentos en que los esa muralla animada que es la plaza por dentro, se queda callada, justo antes de que el clarín rompa el viento, para  luego resquebrajarse en un ¡olé! que cimbra el embudo entero.

Luego, cuando se abre la puerta de los sustos, otra vez la afición contiene el aliento; cuando el toro ha parado la carrera y se acerca al burladero de matadores, si uno está en la barrera, tendrá el gozo de escuchar el roce de los capotes y la respiración del animal, además de percibir el festín de olores que inundan la parte más baja del graderío, en donde la gente se sumerge en una sinestesia constante y se permite “Oír con los ojos, ver con los oídos”.

Y es que en el silencio se gesta el pensamiento, como diría Bergamín En La música callada del toreo (citando a Unamuno): “los pensamientos son sentimientos en conmoción”. A mí me gusta pensar en la ceremoniosidad del rito, ese momento en el que el sacrificio se consagra, se efectúa en la más profunda contemplación.

Justo al momento de cuadrar al toro, para entrar a matarle, se cuaja otra vez el sosiego; la afonía de la multitud, convierte el ruedo en un altar en el que la muerte nos hunde en esa continuidad tan anhelada.

Hay una frase que me gusta mucho, la dijo Lucio (el personaje que hasta ahora me ha prestado su voz para narrar una novela que se escribe entre prolongadas pausas, desde hace años): “Pa’l patrón, quedarse en silencio era su forma de decir que quería, o que odiaba, o que no le importaba, o que le importaba tanto que no le quedaba de otra; era su manera de aceptar las cosas o de contrariarlas. Él decía que no había cosa que no pudiera resolver con el silencio. Y era, además de todo, su afán por olvidar”.

Y nomás para darle una vuelta de tuerca a este silencio, que nada tiene que ver con el que se vive dolorosamente en México, en donde un poeta pidió “cinco minutos de silencio en memoria de nuestros muertos”. Javier Sicilia, quien después de renunciar a la poesía dice cosas como “El silencio es el lugar donde se recoge y brota la palabra verdadera”… les dejo, pues, esta canción de Los perfumistas:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s