Domingos taurinos

Pablo Hermoso de Mendoza, hasta las lágrimas.


¿Qué es el rejoneo? el toreo a caballo… A decir de Gastón Santos, es la evolución de una táctica de guerra (pensemos en los caballos de Napoleón) que deriva en un espectáculo artístico. La estructura de la lidia a caballo, es la misma que en la de a pie. Para mi gusto, puede ser aún más bello que el de a pié, no sé si más estético… y ya me imagino algunas caras que se alargan interrogantes de piso a techo, pero bueno…

Encontré por allí, leyendo al respecto, que a diferencia del cine, o el teatro, aquí las victorias o derrotas siempre son verdaderas. La sangre derramada no es un mero elemento de utilería para provocar la anhelada catarsis. La vida o la muerte no se fingen, se ríe o se llora siempre la “”realidad””, y pongo doble entrecomillado porque siempre me preguntan qué es la realidad, pero ese es tema de otra entrada.

Ahora quiero hablar de Pablo hermoso de Mendoza, uno de los rejoneadores que más me gustan. Nació en Estella, en 1966; en 1989 perdió a su primer caballo, justo antes de tomar la alternativa, y a pesar de los pesares, se doctoró el 18 de agosto, en Tafalla. Desde entonces, ha ido engarzando triunfos y derrotas, y después de 1600 festejos toreados (seguro son más, pero no sé qué tan actualizado esté el sitio oficial) se ha consolidado como una leyenda.

Tengo varios recuerdos de La Plaza México, abarrotada por la presencia de Pablo, una de esas tardes, sentada en el segundo tendido de sol, con la plaza llena hasta las banderas, me preguntaba si a caso eso era (como dicen muchos) una fiesta en agonía, y de esa tarde todavía conservo la firma de Pablo en mi agenda.  Qué estremecedor es el olé que estremece el coso cuando irrumpe el clarín y comienza el paseillo.

Pero lo que me ocupa hoy, no sucedió en México, sino en Madrid; lo recordé  por el Especial Taurino dedicado a su trayectoria. Pata negra, un caballo lusitano, castaño, el titular de la cuadra, sufrió una cornada que pintaba para mortal, el 29 de mayo de 2009, en el segundo festejo de rejones.

Iban a colocar el primer rejón de castigo, cuando los embistió la tragedia. Supongo que se preguntarán cómo es que Pablo arriesgó de tal modo a su caballo, pero sucede que los caballos también torean, y deciden y se arriesgan. “La doma no es solo mando sino también fidelidad. El caballo confía en su jinete, que es quien le manda, y da total crédito a un empeño en el que no cree. Pero va al toro, sinónimo de peligro, por esa misma fidelidad hacia quien le monta”. A decir de los periódicos, éste no obedeció, se desbocó y fue a clavar el pecho en las astas del torillo.

Encontré por allí, leyendo al respecto, que a diferencia del cine, o el teatro, aquí las victorias o derrotas siempre son verdaderas. La sangre derramada no es un mero elemento de utilería para provocar la anhelada catarsis. La vida o la muerte no se fingen, se ríe o se llora siempre la “”realidad””, y pongo doble entrecomillado porque siempre me preguntan qué es la realidad, pero ese es tema de otra entrada.

Yo nunca había visto a un toro embrocando de tal modo al caballo, tampoco había visto nunca llorar a Pablo, como nunca lo había visto hacer cara a un toro por defender a un caballo. Después de que Patanegra salió del ruedo, Pablo rompió en llanto, pero fue a montar a otro caballo para terminar la faena. Patanegra superó el accidente y hoy en día es uno de los más valiosos, en la ficha técnica del caballo, en el sitio, dice: Pata Negra la alegría de un corazón torero que no le cabe en el pecho.

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