El espanto y el mal de OjO ¿enfermedades del alma?


Ahí, muy al fondo, en la manita izquierda, se alcanza a ver.

“Esta cultura, guardada y trasmitida por siglos a través de una peculiar tradición oral (sobre todo en los nawésaris), tiene un sentido claro de trascendencia, por lo que cada acto diario representa el respeto al universo, creación de Dios. Nuestra cultura es completamente religiosa. Por eso, una de nuestras principales preocupaciones es el cuidado del iwigá, que es como le llamamos a aquello que nos da vida, o sea, al aliento, al alma. De su cuidado dependen nuestro bienestar y fortaleza física y espiritual.”

Éste (como algunos otros de más adelante) es un fragmento de Murmullos en la Sierra Tarahumara, de Genaro Mejía; reportaje sobre los rasgos vitales de la cultura rarámuri…

El otro día que andaba en eso de los remedios caseros para bebés, se me ocurrió acordarme del sentido profundo de las enfermedades, ¿qué será lo que trata de decir nuestro cuerpo cuando deja ir su “estabilidad”?, y en la búsqueda recibí información al respecto, sobre el tan popular (y no muy bien visto) “mal de ojo”, y el no menos común “espanto”; ¿alguna vez les han dicho (después de verlo saltar sin razón aparente, o con pesadillas, o inapetente) que el niño está espantado o le hicieron ojo? Aquí viene un dato curioso: en 1640, un fulantio escribió un tratado sobre el mal de ojo, y en 1862, un fulanito escribió se relaciona con la envidia, cuyo origen etimológico refiere a “aquel que mira con mal ojo”.

Al llegar a Campo Ciudad, me tropecé con que “a diferencia de la percepción cristiana, que considera sólo un alma o esencia en el cuerpo, la nahua, tiene a tres: tonalli, relacionada con la cabeza, el pensamiento y la divinidad; teyolia, en el corazón y los afectos; ihiyotl, en el hígado, es el vigor del ser humano y las pasiones. Se cree que la falta de tonalli, que es la que abandona el cuerpo cuando sucede el espanto, es lo que permite que el cuerpo enferme”… esta cita trajo a mi mente la tesis, la leí en un viaje a Tecolutla, con mis papás, entonces los Murmullos de la Sierra Tarahumara, hacían eco en el mar.

“Los rarámuris poseen un alma grande en el centro del pecho, considerada la madre, y varias almas pequeñas (tá iwigá), las hijas, en las coyunturas de las manos. Cuando una persona está triste, sin ánimos de trabajar, se muestra brava, o manifiesta alguna afección física persistente, el diagnóstico inmediato es que una o varias de las almas pequeñas han salido del cuerpo”

Como ya se habrán dado cuenta, me gusta ir a refugiarme en filosofías antiguas, esas que tuvieron éxito hace cientos o miles de años, y de cuyas reminiscencias hay algunos románticos sobrevivientes en este mundo que no termina de cuadrarme. Hace ocho días decía que es complicado recetar a nuestros hijos con la idea de que lo  natural es menos peligroso, pero… ¿y de dónde sale la medicina alópata? pero ese es otro boleto, porque ahora estoy con lo de las enfermedades del alma, las almas.

Entre los rarámuris, por ejemplo: “Cuando una persona muere y el especialista diagnostica que sus almas han sido robadas por los ayudantes del diablo, son rescatadas mediante rituales de curación para que les sea posible entrar al cielo”.

Para los quechuas, hay una forma sencilla de devolverle el alma a los críos: ““Hampuy Juancito, hampuy Keypin ñuñuyki, hampuy (Vente Juancito, vente Aquí esta tu teta, vente), y luego ponen un montoncito de sal, con un clavo en el centro, en el lugar en el que se espantó el bebé. Ellos dicen que si no es curada a tiempo, la persona se volverá triste y taciturna, asustadiza y opacada, que su alma se convertirá en un espíritu chocarrero y asustará a los que tengan la mala estrella de toparse con ellas.

Pensando en esto de que la medicina tradicional es parte de nuestra cultura, les pregunto: ¿a quién de ustedes no le han sugerido alguna vez curarse de espanto? ¿a quién no le han recomendado protegerse (o a su bebé, pues) contra el mal de ojo? ¿Qué pasa cuando (en caso de que al chiquillo simplemente le lagrimee el ojo) hemos agotado los recursos médicos? y como aparentemente no hay ningún motivo para preocuparnos, sólo nos recomiendan esperar, seguir echándole gotitas hasta que “cese la infección”?

Aquí voy con un ejemplo: cierto día, hace ya más de un año, llevé a mi cría a la Catedral Ortodoxa de San Jorge, para que el obispo  le diera la bendición, el padre Juan la presentó al altar, como suele hacerse con los recién nacidos (en el caso de las mujeres, creo que es la única vez que entran); tenía tres semanas, y se acercaba la Epifanía, por eso fuimos. Luego anduvimos de visita por aquí y por allá. Cuando volvimos a casa, todo parecía normal, pero de pronto, rompió en llanto, ella que no lloraba, pasó como dos horas en las lágrimas. Dirán que estaré loca, pero podría jurar que pesaba más que cuando salimos de casa, jajaja… Mi mamá se me quedó viendo (con cara de “te voy a sugerir algo, y no me vayas a tirar de a loca, tú sabrás si lo haces o no”): límpiala con un huevo… y lo hice como Dios me dio a entender, porque algo me decía que mi madre (otra vez) tenía razón. Para mi sorpresa, cesó el llanto y mi amado engendrito se durmió, como si nada hubiera pasado.

Son tres corales, por un montón de cosas.

Después le hicimos una pulsera con chaquiras y corales rojos, y anduve cargando una medallita de San Benito que le bendijeron como una semana después. El punto al que quiero llegar, es que hay cosas que no entendemos, y en la cuales (por lo tanto) no creemos. Solemos incluso burlarnos (con vergüenza reconozco que alguna vez lo hice) de lo que nos dicen “los mayores”, o de lo que se opone a las razones de la ciencia. En estos casos, creo yo, no está de más protegerse (protegerlos) un poco. Es como decir: si no les da, tampoco les quita.

Ahora me atreveré a decir otra ligereza sobre esas cosas en las que creemos pero no coinciden con la realidad, o aquellas en las que no creemos y ridículamente coinciden: recuerdo una imagen muy triste, hace unos días, rolando por el “feiz”: policías en primer plano, de fondo, una multitud, sentada en el piso, gritando ¡¡NO MÁS VIOLENCIA, NO MÁS VIOLENCIA!!, mientras recibían toletazos en la cara, en el cuerpo; un individuo con la cara hacia el suelo, sujetando una flor blanca, gritándole al policía que tenía enfrente: NO MÁS VIOLENCIA… personas que hacen resistencia pacífica… es un oxímoron la vida. Yo no creo que haya gente mala, pero no hace falta ver todos los días los noticieros.

¿Verdad que el tema está para pensar? ahí se los dejo…

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