Bésame mucho, de Carlos González, Bis.


Hacia el final de la segunda parte de este libro, en donde habla de las virtudes de nuestros hijos, que una vez más se contraponen al concepto del hijo tirano, que nos tiene bien tomada la medida. El apartado se llama Su hijo es buena persona, y comienza con un epígrafe de Charles Dickens “de hecho, no sé para qué iba a servir tener hijos, si la gente no pudiera confiar en ellos“.

En el primer párrafo hace referencia a la sarta de problemas que representan o nos hacen padecer nuestros hijos: que si la falta de sueño, el egoísmo, la violencia, la alimentación, la conducta, que si nos manipulan, que si debemos ponerles límites, etc.; luego cómo detectarlos, o prevenirlos, o solucionarlos. Y para cerrar dice: “Nadie nos recuerda que nuestros hijos son buenas personas”.

Me gusta mucho este apartado, como siempre, los ejemplos son contundentes: un león no tarda mucho en aprender a comer carne, o una golondrina a volar lejos, muy lejos; pero lo aberrante sería, pensar en hacer a un león vegetariano, o a una golondrina que no emigrase… a mí me da risa, pero la verdad es que nosotros desvirtuamos a nuestros hijos de una forma alarmante, y si no me creen, échenle una miradita a los noticieros.

Pero para no desviarme, ahí les va la lista de cualidades positivas que poseen los críos:

1.-” Su hijo es desinteresado”: Alguna vez se han preguntado “¿¡¡¡Qué diablos quiere, si tiene limpio el pañal, acaba de comer, no tiene ni frio ni calor, la cama está cómoda, no está enfermo, no le pasa nada!!!?” Pues, a decir de Carlos, lo único que el chamaco quiere es a su madre, y no por la comida, o la vestimenta, o el colegio que vamos a pagarle, ni los muchos juguetes que tenemos para ellos, ni por la herencia, sino que nos quiere nomás porque sí, porque su amor es puro y desinteresado.

2.- “Su hijo es generoso”: ¿por qué es tan egoísta y cuándo dejará de serlo? ¿por qué no le presta sus juguetes a su amiguito?, cuando al “amiguito” en cuestión, lo acaba de conocer en el parque… pero, ¿cuántas veces nosotras dejamos que la vecina “juegue” con nuestra bolsa, o que su marido se lleve nuestro carro a dar una vuelta cuando menos, o que el señor que se lleve la basura utilice nuestro celular para cotorrear con sus amigos?

3.- “Su hijo es ecuánime”: los pequeños mantienen un humor estable, aunque a decir nuestro, son unos llorones, lloran sin motivo, por cualquier tontería, porque no les salen las cosas a la primera, porque no los cargamos, porque no les compramos un dulce, porque los inyectan, porque mamá se fue. ¿Qué pasaría si nos corrieran cada dos horas del trabajo, o nos asaltaran un par de veces al día, o cada veinte minutos se muriera alguien querido, o las arrugas que notamos sólo con los años, aparecieran de un minuto a otro? Todos somos llorones, sólo que nuestros mundos son distintos y no lo entendemos.

4.- “Su hijo sabe perdonar”: Suele suceder que de pronto al engendrito se le ocurre contrariar nuestras órdenes o disposiciones (de esas cosas que hacemos “por su bien”), y nosotras hacemos el entripado del día, y no se nos pasa con nada; lo masticamos hasta que tenemos el hígado hecho pomada y el ceño fruncido marcado de tan larga mala cara, pero a ellos se les olvida nomás nos dan la espalda, nomás se terminan los gritos y los sombrerazos, y no es que no les importe o nos estén retando, simplemente nos han perdonado.

5.- “Su hijo es valiente”: el ejemplo en este momento es el asalto a un banco, un hombre apuntando con una pistola, gritando que se tiren al suelo, el niño no va a obedecer no porque sea tonto u obstinado, sino porque no le teme a la pistola.

6.- “Su hijo es diplomático”: los niños son capaces de resolver una discordia, un problema de adultos, de la mejor manera. “Mami, ya no te enojes, todo va estar bien, ya no peleen, mejor vamos a jugar con mis muñecas”, “no podemos montar los tres la bici al mismo tiempo, mejor vamos a jugar a la fuente”.

7.- “Su hijo es sincero”: No seas grosero, esas cosas no se dicen, es lo que solemos contestar cuando los niños preguntan “por qué esa señora es tan gorda, por qué ese niño no tiene manos, por qué ese señor es tan gritón…”

8.- “Su hijo es sociable”: cuántas veces un niño le pregunta a otro a qué clase social pertenece, qué religión profesa, si sus papás son divorciados o no, cuántos kilos pesa, qué auto tienen… tal vez nosotros tampoco lo preguntamos directamente, pero seguro esas (y otras) cosas, van determinando nuestro círculo de amistades.

9.- “Su hijo es comprensivo”: es posible que hayamos escuchado muchas veces que los niños son unos desalmados, que no se tientan el corazón para hacer preguntas como las del punto anterior, pero en realidad yo no recuerdo haber escuchado a nadie decir: qué niño tan empático, mira, no le preocupa que ese otro niño esté sucio y tenga la cara llena de mocos, mira cómo se divierte.

Estos son sólo algunas de las hermosas cualidades de los niños, hijos nuestros o de la vecina, pero en realidad no nos detenemos a observarlas, ni siquiera las tomamos en cuenta. Yo procuraré recordarlas cada que me digan que la mía es una tirana manipuladora. Se los dejo a consideración.

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