Letras Hispánicas

del Doctor Atl: El niño que iba a nacer (comentario narratológico).


Dr. Atl Obras maestras.
Exposición en el Centro Cultural Universitario 2011 – 2012

José Gerardo Francisco Murillo Conrado, el “Dr. Átl”: artista plástico y escritor. Nació en octubre de 1875 en Guadalajara, Jalisco; estudió pintura en el taller de Felipe Castro, e ingresó a la escuela Nacional de Bellas Artes en la ciudad de México en 1896, Porfirio Diaz solventó sus estudios de pintura.

Una constante en la vida de Átl es, tal vez, el reflejo de la volubilidad del agua, “su carácter inquieto y rebelde, así como su polifacética personalidad se manifiesta en detalles como el de su aceptación y posterior rechazo a cargos o distinciones” (Cruz Manjarrez, 2006). Hay una carta que envía a los miembros de El Colegio Nacional, en donde hace constar las razones por las cuales decide cambiar el nombre que le habían impuesto sus padres, por otro que reflejaba con fuerza su naturaleza: Doctor Atl. Por un lado el “agua maravillosa de su alegría de vivir” y por el otro la sugerencia de Leopoldo Lugones de anteponer el título académico.

En su quehacer literario podemos encontrar Las sinfonías del Popocatepetl, publicado en 1921, El padre eterno, satanás y Juanito García, 1938, Cuentos de todos colores I, II y III entre 1933 y 1941, Un hombre más allá del universo, en 1935 y Gentes profanas en el convento, en 1950, por mencionar algunas de sus obras.

“El niño que iba a nacer” es un cuento incluido en el tercer volumen de Cuentos de todos colores (1941), que aborda temas de la revolución. El asunto en esta historia es describir una el día en el que una tromba destruye una choza de una familia que vive en condiciones de pobreza; arrebatándole la vida a una mujer que está por parir y sus otros cuatro hijos. El tema es la catástrofe, el impulso de la naturaleza que arrasa con lo que tiene en su camino incluyendo la vida que está por nacer. En este caso, en su primera acepción, la catástrofe es entendida como un suceso desdichado en el que hay gran destrucción y muchas desgracias y que altera gravemente el desarrollo normal de las cosas.

El texto está conformado por seis apartados: a) de la línea uno a la 17, en donde se plantea el ambiente desolador que viven los personajes. b) de la línea 18 a la 24, muestra un mal augurio. c) el desastre natural que acabará con la familia. d) de la 24 a la 38, establece la sucesión que desemboca en la muerte. e) de la 39 a la 56 se reestablece la calma, para incrementar nuevamente la tensión y dar pie al desenlace f) y de la 57 a la 61 encontraremos el resultado de la catástrofe.

En el apartado a), el narrador omnisciente plantea un ambiente desolador; personifica a “las chozas encaramadas sobre los peñascales de la cañada profunda apenas se distinguían entre las arboledas”, y recurre a la sinestesia, cuando habla del “silencio húmedo y pesado” o a la antítesis en “el arroyo se despeñaba con un divino y ondulante rumor”; el primer personaje que se dibuja, es la mujer de Chon, que estaba próxima a parir, bajo una tempestad que se presenta como vaticinio; “cuando la noche llegó, la pobre mujer, con sus otros seis hijos dormidos sobre un petate, se retorcía en los terribles dolores del parto”; podemos ver a una mujer desprotegida, en espera del regreso del esposo o el hijo mayor, para dar paso al primer nudo que hace avanzar la historia: el apartado b), en donde el hijo mayor, al volver a casa, se encuentra con que, en medio de la tormenta, tiene que ir en busca de la comadrona, “pero al abrir la puerta de la choza, un golpe de viento lo detuvo y un rumor extraño y terrible lo llenó de espanto. En el apartado c) “La tempestad se había desatado”, la oscuridad desgarrada, los violentos relámpagos, el rumor prolongado, los torrentes que arrastraban “árboles y piedras, gentes y animales” son elementos que refuerzan el ambiente de destrucción que se está generando; esos torrentes “se precipitaron por el cauce del arroyo, lo llenaron, lo rebasaron, y extendidas por sus márgenes empujaron cuanto tenían delante con furia irresistible.”

Al suceso se le brindan adjetivos que lo personifican, como la ya mencionada furia irresistible, o un torrente que penetra con violencia para llevar al lector al clímax del relato aceleran el ritmo para llegar al apartado d) en donde la fuerza de la naturaleza acaba con la choza y sus habitantes, arrojando “contra las paredes de carrizo a la mujer que se retorcía en los espasmos del parto. Asida a un madero del techo, sus piernas se abrieron para dar paso al ser que nacía a la vida en medio de la destrucción”; luego, en el apartado y dejarlo caer abruptamente en un desenlace que al parecer corta de tajo la tensión pues del tumulto oscuro da paso al apartado e) la calma bajo un cielo apacible, en donde los sobrevivientes salen a “presenciar los estragos de la tromba. Todo había sido trastornado, revuelto, destruido.” Cuando creyeron que tan terrible fenómeno no había cobrado vidas, alguien observa que “faltan Chon y su familia”, salen a buscarlos y encuentran, de a poco, a los “cuerpecitos llenos de golpes y las bocas llenas de sangre”, para finalmente encontrar el apartado f) que apuntala el desastre y la muerte, cuando encuentran “las piernas tiesas de una mujer. Era la madre. Alguien se acercó y removió los trapos. Entre las piernas de la muerta, asomando por el clítoris desgarrado, apareció la cabecita del niño que iba a nacer…”

La conclusión como balance personal

Recuerdo que en la primera lectura que realicé del texto, no pude evitar sentirme profundamente conmovida, tal vez por tener la fortuna de haber experimentado los dolores de parto, y también por conocer a mujeres indígenas que se ven obligadas a vivir echadas a la suerte, en el cauce de un río cuya creciente les ha arrebatado lo poco que tienen para sobrellevar sus circunstancias. En este cuento se percibe claramente al Dr. Atl vulcanólogo, sabedor de la fuerza telúrica y sus alcances, presente en el ambiente que genera el texto, y, por otro lado, el artista plástico que pinta, con su marca personal, un paisaje sórdido y colorido que hace contrastar los sentimientos. Muchas veces he criticado a quienes, aún a sabiendas de que la naturaleza no obedece las leyes humanas, se atreven a construir viviendas en lugares a los cuales el agua, siguiendo su cauce natural, volverá y se establecerá nuevamente, sin embargo, hay ocasiones en que las condiciones de vida no dan para más, tal es el caso de la gente de escasos recursos, que se establece en donde buenamente pueden, e inmersos en esas carencias parecen ser los más perjudicados siempre, en todos los aspectos de la vida.

Bibliografía

Murillo, Gerardo “Dr. Atl” Obras 2: Creación literaria. “Cuentos de todos colores III”. El Colegio Nacional, México: 2006.

Lázaro Carreter, Fernando y Evaristo Correa Calderón. Cómo se comenta un texto literario. Cátedra, España: 1978.

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2 thoughts on “del Doctor Atl: El niño que iba a nacer (comentario narratológico).”

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