Ligerezas

Sobre el espacio, mi espacio personal.


el día de mi cumple: Pavito, Killari y Nanakatzin

Durante los últimos días he recibido bastante información acerca del espacio personal, del mítico “tiempo para una misma”. Pero hoy resultó ser un día sutilmente catártico: el domingo en casa comenzó como al medio día (puesto que a esa hora llegué). Al abrir la puerta, una avalancha abrumadora de tareas pendientes se me vino encima: sacar a la Musa, que estuvo encerrada mucho tiempo, jugar un poco con ella; lavar el patio, la ropa, algunos trastes; revisar el refrigerador y decidir qué hace falta para salvar la semana; barrer, trapear, reorganizar bajo la escalera, acomodar juguetes, doblar ropa limpia; actividades de Morfosintaxis, lecturas de Teoría literaria, revisar el programa de Medieval y decidir cómo habré de librarla; preparar clases de Etimologías, Literatura y Comprensión, revisar metas y objetivos de las planeaciones; terminar de hacer la corrección del Diccionario de Diseño Gráfico… y, todo esto, con el recuerdo de la ausencia, la separación, el silencio retumbando en la casa.

“Disfrútalo Ketzalli, no lo padezcas! Cuando somos mamás, se nos olvida disfrutar de nuestra soledad, de nuestra libertad, gozar nuestro tiempo… Es fundamental, creeme! sobretodo conforme va pasando el tiempo….. 🙂 relájate, descansa, pónte una mascarilla aunq sea de miel o de café, escucha música y disfruta!!! Killari seguramente está feliz!!! Besos!!” me dijo Athenea, en el FB, y fue como una llamada de atención, un foquito rojo parpadeando en lo alto; así que mientras pensaba, resolví algunos de los pendientes, y luego, en un arrebato de rebeldía, me senté en el sillón, busqué aquella info sobre el espacio personal, encendí el televisor, atendí por teléfono a mi coraSón, y le dije que no tenía ganas de hacer nada: “No hagas nada, disfruta de tu soledad”…

Ahí comenzaron las preguntas: ¿Qué es el espacio personal? ¿Por qué hablan tanto de él? ¿En qué momento se pierde? ¿Cómo se recobra? ¿Yo lo he perdido y me niego a aceptarlo? ¿Qué he dejado de hacer?, y ahí le voy a parar, porque si no, esto se va a hacer eterno. A decir de los “expertos“: “El espacio personal se entiende como el espacio virtual que rodea a las personas. Este espacio permite interactuar con las demás personas de manera cómoda y adecuada en función de las circunstancias”.

En este momento parezco estar alejada de la realidad, porque para mí: regalarme cinco minutos es cepillarle el cabello a la nena. Hacerme un espacio al día es sacar todos sus vestidos y dejarla que elija cuál quiere ponerse primero, hasta que ha pasado por todos; acostarme con ella en las noches, hasta que termina el biberón y la vence el sueño; dedicar tres horas al día en preparar algún platillo. Pero también lo es llegar del trabajo a quejarme porque los niños no quieren hacer tarea; hacerme bolas en las mañanas porque no logro apegarme a la rutina, hacer cara porque no encuentro el tiempo suficiente para lavar el patio, escuchar alguna canción que me hace recordar lo que fui hace años, otras vidas; salir muy temprano de casa un día a la semana, terminar el trabajo y volar a C.U., dormirme en el autobús, camino a la escuela, atravesar la ciudad, ver cómo cambia de norte a sur, y volver por el mismo camino, llegar a casa cerca de las once de la noche y encontrarlo a él en la puerta, esperándome; fumarme el primer y último cigarro del día; son tiempo para mí los miércoles de mamás feizbukeras y todo lo que implican, leer, preparar la entrada, hablar en el grupo sobre el tema. En fin, no podría acabar la lista de todo el tiempo que me regalo al día.

Pero sí, hay algo que extraño. Extraño los domingos taurinos y El Silencio en la lidia. Extraño sentarme en este mismo sillón, los domingos a las cuatro y media de la tarde, y escuchar cómo un clarín rompe el silencio. Pero todo es circunstancial, porque la Temporada Grande aún no comienza, porque no he encontrado inspiración para continuar con la novela en la que se ocupaba una chica que dejó de ser hace tiempo; así que hoy implica un reto mucho más grande para esta mujer que soy, porque no muy bien me acuerdo en qué pensaba cuando escribía, cuando preparaba un litro de agua hirviente para cebar mate, y disponía a un lado de la compu la cajetilla de cigarros, cuando en casa no había nada más que un escritorio y todo lo referente al Silencio en donde hoy hay muchos juguetes y ropa de bebé. Me corté el cabello después de diez años de usarlo largo, para ahorrar tiempo, para dormir cinco minutos más, para abrazarlos otro poquito, y ahora tengo que acostumbrarme, pero nada más.

Ahora que vuelvo a pensarlo, ahora que lo analizo, sirvo en casa como hace tiempo lo hice en Vrnda, los sirvo a ellos como los devotos sirven a las Deidades en el altar. Sé que la vida seguirá cambiando conforme ella crezca, conforme nosotros maduremos, y tendré que seguir ingeniándomelas para hacer de mi vida un momento para mí. Por lo pronto, tomaré los consejos, porcuraré buscar unos minutos para sentarme y tomarme un poquito de esa infusión que recién compré en Expo Café. En otro momento, buscaré y compartiré información sobre tips que nos ayuden a tramar un espacio propio.

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