Consejos para mamás feizbukeras

Mi niño no come, Carlos González.


La imagen no es nítida, pero es evidente que esta niña es de buen comer, aunque cruce etapas de "sólomasticoyescupoloquemeden"

El tema este de la alimentación es RE complicado. ¿Por qué un bebé que toda su vida ha comido bien (y me refiero a ses, ocho o doce meses, ya exagerando, dieciocho) un día simplemente decide que ya no quiere?, ¿será que se ha propuesto otro método para hacernos ver nuestra suerte?, ¿será que sabe cuánto nos esmeramos por preparar sus alimentos y darle lo mejor y por eso se empeña en despreciarnos?, ¿será que en realidad sí es un tirano manipulador capaz de controlarnos de formas inimaginables?, ¿será que está incursionando en un nuevo método de berrinche para medir sus alcances y nuestros límites?

¡Uff! Son tantas las preguntas que dan vuelta en nuestras cabecitas, que podría aventarme el post completo enumerándolas, pero sé que no es necesario. Sus mentes son fecundas y podrán imaginarse cualquier combinación posible. Y es por eso que llevo varios días dándole vuelta a este tema, tratando de agarrarlo por los cuernos. Debo ser sincera: lo que a mí me preocupaba no era que mi hija de 19 meses no comiera (coma), sino que yo no me preocupaba (preocupo, preocupe) lo suficiente porque no lo hace :s

¿A qué me refiero? Hay días en que “no come” (lo que se supone debería comer), así que accedo a darle lo que se le antoja (una rebanada de jamón, por ejemplo, un poco de queso, dos tragos de jugo, una mordida de ciruela, algunos dulcecitos, media galleta, etc.)… total, cuando tenga hambre, va a pedir y comer lo que necesite. PERO, y aquí aparece esa espantosa palabra (y en mayúsculas) claro que todo el mundo (bueno, casi) me pone cara de: o.0 ¡te vas a arrepentir de dejarla hacer su voluntad!

No lo sé, tal vez tengan razón, todo el mundo siempre tiene razón, menos las madres que malcriamos de esta forma a nuestros hijos. Yo, por el contrario, me arrepiento de las veces que me he ido del lado del adversario para imponer una voluntad que se supone es la “sensata” pues de ella hacen gala los adultos responsables. ¿Qué tal que por dejarla hacer su santo gusto, se desnutre, o se descompensa, o se descalcifica, o se desmaya en la escuela, o qué sé yo?

Un día, hace más o menos un año, nuestra pequeña decidió dejar de comer, pasaron apenas tres días cuando yo comenzaba a entrar en pánico… ¿sería que le estaba afectando tanto el cambio de vida? Y para no hacer el cuento largo, a la semana, tenía a mi hija sentada en la periquera, a su papá agarrándole los brazos y yo metiéndole a la fuerza la comida; cuando íbamos a la mitad del frasco (todavía le gustaba el gerber) lo vomitó todo. Intenté un par de cucharadas más, pero ya no pude y él tampoco.

Lo que nos llevó a ese extremo, fue la preocupación, pero no les quiero contar de los remordimientos que me atormentaron durante semanas (no estoy exagerando, es neta). Así que decidí que no deseaba hacerlo nuevamente, ya luego hablamos con el pediatra y nos dijo que, en efecto, hacían falta varias semanas para que el estado de salud de un bebé, comenzara a verse perjudicado por la falta de alimentación: “no te preocupes, déjala, no se va a desnutrir”.

Tiempo después de eso (mucho, en realidad) conocí a Carlos González y Laura Gutman. Habría sido hermoso sentirme tan contenida desde el embarazo, pero llegaron cuando tuvieron que hacerlo ya ahora comparto uno relacionado con este tema.

Mi hijo no come, de Carlos, es otra joyita.

Capítulo 1

1.- ¿Para qué comemos?

a) para mantenernos con vida.

b) para crecer.

c) para movernos,

2.- ¿Cuánto necesita comer un niño? Pues, en pocas palabras, a según 😀 la cantidad de comida depende de la edad, el tamaño, el esfuerzo físico, la etapa de desarrollo, etc.

Ejemplo: si tuviéramos que hacer la conversión de nutrientes en la sangre a onzas de leche, ¿cuántas necesitarían ese par de células que fuimos, para luego convertirse (en tan solo nueve meses +/-) en un hermoso bebé de tres kilos (aprox)? Está en chino, ¿no? Bueno, la pongo más sencilla: un bebé triplica su peso y crece 20 centímetros, cosa que no volverá a hacer sino hasta dentro de diez años.

3.- ¿Vivimos para comer o comemos para vivir? Mi abuelo (q.e.p.d.) decía que él vivía para comer, y ahora que leo a Carlos, me doy cuenta de que era un hombre sabio, no sólo bacilón. Seguro que todas hemos escuchado hablar de la genética, ¿cierto? Pues en realidad es de ella de quien depende el crecimiento de nuestros hijos, y no tanto de lo “bien alimentados” que “los tenemos”. Si nuestros críos “de pronto pierden el apetito”, debe ser porque su etapa de desarrollo ha cambiado, o sea que ya no crecen tan aceleradamente como hasta antes de ese “de pronto”.

4.- ¿Por qué no quiere verdura? (y esta parte me encanta) La culpa de todo la tiene el obstinado código genético, quien después de taaaantos años no se decide a cambiar e insiste en que las panzas de los niños sigan siendo tan pequeñas como para no aceptar “mucho” alimento. Claro, esto tendría lógica si los niños siguieran alimentándose (exclusivamente) con leche materna, pero las cosas cambian y debemos ingeniárnolas para subsanar las carencias que provoca la “civilizada vida moderna”. Lo que los niños necesitan, son muchas calorías, concentradas en pequeñas porciones de alimento.

5.- ¿Por qué dejan de comer al rededor del año? Simple: porque disminuye la velocidad de su crecimiento. Y aquí siento la necesidad de compartir un párrafo completo:

Alrededor del año, los niños suelen atravesar una fase en que quieren comer solos y disfrutan haciéndolo. Claro, comen menos, tardan más y se ensucian. Si la madre está dispuesta a admitir estos pequeños inconvenientes, probablemente su hijo seguirá comiendo solo el resto de su vida. Si por rapidez y comodidad (y sobre todo para que coma más) la madre opta por darle ella de comer, es probable que al cabo de un par de años lamente su decisión. Pues los niños de dos o tres años ya no suelen mostrar el mismo espontáneo deseo de comer solos que tienen los de un año.

6.- ¿Cuál es el peso ideal para su edad? Pues igual, depende de todos los factores que ya hemos mencionado. Debemos tomar muy en cuenta “la falta de objetividad” de la estandarización de talla, es obvio que nuestros niños no pueden pesar ni medir lo mismo que los niños de otra ciudad, ya no digamos otro país (esos países que suelen hacer estudios sobre cualquier cosa y luego nos mandan los resultados a seguir al pie de la letra) (no crean que estoy exagerando ni restándole mérito a los científicos, para nada). Vamos, si ni siquiera los dedos de nuestra mano derecha son iguales (¿a caso no han sido alimentados de la misma forma?).

7.- ¿Qué es una tabla de peso y por qué no todos los niños crecen al mismo ritmo? Básicamente lo resumí en la respuesta anterior 😀

8.- ¿Cuándo dejó de comer? Es cierto que el apetito disminuye gradualmente, pero hay factores que desencadenan el proceso, puede ser una enfermedad, cambio de maestras, nueva guardería, un integrante nuevo en la familia… como puede pasarle de la misma forma a un adulto.

9.- “De glotones están llenos los panteones”. Por supuesto que hemos escuchado ese dicho alguna vez, por lo menos (y si no, lo acaban de leer, jeje). ¿Qué pasaría si nuestros hijos asimilaran absolutamente todo lo que comen?

10.- Luego entonces, ¿los niños necesitan defenderse? Claro, si lográramos que coman todo lo que pretendemos, es seguro que enfermarían. Para evitar esto tienen tres defensas: a) cerrar la boca y evitar la cuchara. b) abrir la boca, aceptar la cuchara, pero escupir el bocado de inmediato. c) tragarse el bocado para vomitar después.

11.- ¿Y si lo que come no le cae bien? Sucede que a veces algunos alimentos no nos hacen sentir felices y contentos, pueden desde provocarnos gases hasta oclusión de las vías respiratorias. Ejemplo: ¿debo comer camarones a pesar de la urticaria, sólo porque aportan ciertos nutrientes? ¿Necesito comer calabazas incluso cuando me provocan distensión abdominal? La respuesta en ambos casos es ¡no! Entonces, ¿por qué insisto en obligar a mi hija si ella sabe mejor qué yo lo que le cae bien y lo que no?

12.- ¿De verdad no come? Mmm… en realidad no come lo que yo considero necesario, y ese es el verdadero problema.

Aquí terminó el capítulo uno y comienza el dos:

SU HIJO SABE LO QUE NECESITA.

La naturaleza es sabia, y dota a cada especie de la “inteligencia” necesaria para proveerse de lo que su cuerpo necesita. Es por eso que los conejos no comen carne, ni los lobos hierbas. Si un adulto hace mucho ejercicio comerá más que uno inactivo, y eso no nos lo enseña nadie.

Si el niño tiene la oportunidad de elegir su alimentación (es decir, que no esté sometido a horarios entre una y otra toma, y que no se le haya impuesto un tiempo determinado para mamar de uno y otro pecho, y, además, no tenga establecido un número de onzas para cada ingesta) obtendrá una dieta equilibrada.

Lo mismo sucede con las papillas, si les damos la libertad de elegir, lo harán acertadamente (obvio, siempre y cuando les demos cosas sanas a elegir). Y aquí hago otra cita textual: “la responsabilidad de los padres se limita a ofrecer una variedad de alimentos sanos. La responsabilidad de elegir entre esa variedad y decidir la cantidad que ingiere de cada uno no corresponde a los padres, sino al hijo”.

Capítulo 3: QUÉ NO HAY QUE HACER A LA HORA DE COMER.

La creatividad en la alimentación va desde el avioncito con la cuchara, hasta las comparaciones (mira, Popeye es muy fuerte porque come espinacas), pasando por la violencia (un zape ya es violencia), las súplicas (por favor no me hagas esto), las amenazas (si no comes, te quedas sin ver tele), los chantajes (si comes, te compro el juguete que tú quieras) y las distracciones (la tele).

En el capítulo cinco (con el que inicia la segunda parte), encontraremos un experimento maravilloso, del cual escribiré la próxima semana (jeje) así que aquí les dejo mi más profundo agradecimiento, por terminar de leer este post, y les dejo la invitación para el próximo miércoles, además de un video sobre el tema 😀

P.D. Si alguna está interesada en profundizar en algún punto, porfa, déjenme un comentario 😀

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4 thoughts on “Mi niño no come, Carlos González.”

  1. Gracias Ketzalli. Así es, somos unas malcriadoras pero, lo bueno, tenemos mucho que compartir y las sopresas son muchas para las mamás actuales!! Saludos. Muy divertida tu forma de narrar.

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