Amo Ser Tu Almohada: 10 razones para practicar el colecho


Esta entrada, Amo Ser Tu Almohada: 10 razones para practicar el colecho es un Carnaval de Blogs iniciado por Amor Maternal para tratar de romper con el tabú social que existe en torno a dormir con los hijos, dar a conocer esta opción tan sana y natural como agradable tanto para el niño, como para sus padres y proporcionar información fiable y experiencias personales al respecto.

Amo ser tu almohada: 10 razones para practicar el colecho

El colecho, según el DRAE, no existe ¿o.0? Así que recurriré como siempre a la otra fuente fidedignÍsima (Santa Wiki) para definir el concepto: “el colecho o cama familiar es una práctica en la que los bebés o niños pequeños duermen con uno o dos de los progenitores”. Según la información que ofrece esta página, el colecho se practicó ampliamente hasta el siglo XIX, momento en el cual las casas dejaron de tener más de un dormitorio y comenzó a popularizarse la cuna. Y es gracias a los partidarios de la crianza con apego que nuevamente está tomando auge.

Como todo lo relacionado con la crianza, se trata de un tema controvertido; tiene tantos argumentos a favor como en contra. Y sucede que el colecho es un asunto natural poco convencional, así se simple. Sucede que la mayoría de las veces (al vivir en sociedad) lo convencional le gana a lo natural, y no quiero decir que esté bien o mal, simplemente así sucede y aprendemos a vivir con ello.

Una vez echo mano de las bases científicas  que se oponen a otras bases científicas, para hablar de este tema. De entrada, retomo algunos “aspectos” que giran en torno a él: el colecho es peligroso: produce insomnio, causa problemas psicológicos, muerte súbita, los niños no aprenden a dormir, se convierte en hábito muy difícil de romper, interfiere en la vida sexual de la pareja, los niños deben dormir “de un tirón” a partir de los seis meses…

Ahora abordaré cada uno de esos aspectos, según el orden en el que aparecen en Bésame mucho:

Dormir de un tirón

El estudio científico en el que se basa este mito, fue realizado por el Dr. Anders, quien observó a dos grupos de niños (uno de dos meses y otro de nueve) durante ciertas horas; lo que en realidad sucedía en ese “experimento de monitoreo” es que los niños permanecían en sus cunas de doce de la noche a cinco de la mañana (algunos despertaban, otros además lloraban, pero a ninguno se le sacaba de la cama) y en ese sentido se consideraba que habían “dormido toda la noche” (sólo el 6 y 16 % respectivamente lo hicieron todo el tiempo). Según entiendo (y no me queda claro por qué lo hizo), fue el Dr. Estivill quien determinó que lo normal es que un niño duerma doce horas de corrido y  si alguno no lo hace, “habrá consecuencias muy negativas”, a saber: irritabilidad, llanto fácil, mal humor, falta de atención, dependencia de quien lo cuida y posibles problemas de crecimiento; en niños de edad escolar, inseguridad, timidez y mal carácter… Carlos González asegura que el autor (Estivill) no ofrece el respaldo científico que sustente esas amenazas.

Lo que él dice es que se trata de un método para que el hijo “no de lata”, puesto que resulta muy molesto levantarse varias veces durante la noche, aunque eso sea lo normal.

Los peligros del colecho

En realidad no existe ningún estudio que compruebe que el colecho es malo para los niños; es decir, ¿cuántas muertes súbitas han sucedido frente a los ojos de los investigadores?, ¿a cuántos individuos se han monitoreado a lo largo de su vida, para afirmar que compartir la cama con sus padres le ha provocado insomnio o severos traumas? ¿ustedes conocen a alguien? El Dr. González tampoco.

El colecho no produce insommnio

Su conclusión (después de analizar otros varios estudios) es que lo que produce el tan temido insomnio no es el colecho en sí, sino lo que muchas veces hay detrás de él (intentos fallidos para conseguir que el niño duerma solo y no se despierte para nada en la noche): en otras palabras, eso de “después de ahogado el niño, a tapar el pozo”, no siempre funciona.

El colecho no causa problemas psicológicos

A la fecha (en que se publicó este libro) no existen registros de mujeres embarazadas a las que se les haya sugerido dormir con sus hijos, y mujeres a las que no, y después de veinte años, estudios que corroboren que esas personas que durmieron con sus padres presentan algunos problemas que no los que durmieron solos.

El colecho no causa muerte súbita

Como tampoco esta relación entre el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (llamada también Muerte de cuna) y el colecho ha sido comprobada, me limitaré a transcribir las recomendaciones del autor:

No se sabe cuál es la causa de la muerte súbita, pero sí se conocen varios factoores que pueden aumentar o disminuir el riesgo (…) pero podemos evitar muchas muertes si tomamos varias precauciones sencillas. Las más importantes: poner siempre a los bebés a dormir boca arriba (boca abajo es lo peor, pero de lado también hay un cierto riesgo), no fumar durante el embarazo ni en los primeros meses (ya puestos, sería buena idea dejar de fumar para siempre; eso beneficia tanto al niño como a los padres), y no dejar al niño durmiendo solo en su habitación (es mejor que la cuna esté en la habitación de los padres, al menos los primero seis meses).  También es importante que el colchón sea duro y evitar en la cama o en la cuna los objetos blandos que pueden asfixiar al bebé, como edredones pesados, almohadas, pieles mullidas (naturales o sintéticas) o peluches. No se ha de mantener al bebé demasiado abrigado (el bebé suele necesitar un poco más de ropa que sus padres, pero no puede ponerle la camiseta térmica, dos jerseys, un pijama de franela y encima taparlo con manta y colcha en una habitación en que hay calefacción). Parece que la lactancia materna también disminuye un poco el riesgo de muerte súbita.


Y bien, en dónde está la cosa “natural” de la que hablaba al principio, pues básicamente en el código genético que ha trascendido durante muchíiiiiisimo años: los niños NECESITABAN dormir con sus madres porque si no, se los comía el lobo, punto; también NECESITABAN despertar varias veces durante la noche para comer; y al último pero no por eso menos importante NECESITABAN el calor de sus madres, porque si no se morían de hambre, bien podían morirse de frío.

En aquellos tiempos las sociedades eran distintas;, no se metían en rollos de que si es bueno que duerman en su cama o no, que si la pareja necesitaba su propio espacio, que si el mismo bebé necesitaba su propio cuartito, que si la independencia, los traumas o las arañas; lo cierto es que los tiempos cambian (pero nuestra esencia animalosa no, ja) y habrá que adecuarnos a la vida que nos toca vivir.

Yo creo que lo mejor para evitar traumas de cualquier tipo, no es hacer lo que dicen los libros, sino lo que nos dice el corazón (aunque a veces el corazón está muy atarantado por el cerebro retorcido y nos lleva a hacer estupideces y crearle a nuestros hijos traumas que no tendrían por qué padecer si no se los hubiéramos presentado… jajajajaja, por favor, nadie se ofenda, estoy hablando de casos extremos que generalmente no notan esos cerebros retorcidos enfermacorazónes a los que me refiero).

Como conclusión: si una mamá no está segura de mandar al chiquillo a dormir a su cuarto, le va a transmitir esa inseguridad y, entonces sí aquí entran traumas y reproches, cuando el chamaco llegue a adulto, tal vez le recriminará a la madre el haberlo abandonado en una oscura y fría habitación y la hará responsable de sabrá Dios qué torceduras en el alma. Así que sea cual sea su decisión, queridas madres (y muy apreciables padres), lo principal es estar convencida(o)s de que es lo mejor para todos; que en la medida de lo posible las decisiones sean consultadas entre los interesados para respaldarse en momentos de necesidad; es de sabios cambiar de opinión, lo que es lo mismo, errar es de humanos y demás dichos que nos sacuden los raspones del alma. Si lo suyo es mandar a la cría a su espacio, está bien, lo van a disfrutar y verán cuánta razón tenían al elegir dormir así; si por el contrario deciden compartir el sueño, igual gozarán de todos los beneficios de la cercanía.

Además, para no perder esta costumbre mía de compartir experiencias, les platico: yo colecho a medias con mi hija (y eso ya lo había dicho en el grupo de las mamás feizbukeras); el ritual comienza con el baño, a la hora que nos acomode (puede ser a las seis o a las ocho, da igual), luego de vestirla bajamos por el biberón y regresamos a su cuarto a dormirnos (en realidad se trata de dormirla a ella, pero casi siempre me vence el sueño y salgo de allí tipo diez de la noche, después de una restauradora siesta); luego me pongo a trabajar o a hacer tarea; por ahí de las dos o tres de la mañana (sea que me haya ido ya a dormir o no) ella despierta por un tercer biberón (porque regularmente en lo que se queda dormida, toma dos, y que no me vea el pediatra, porque va a decir que qué onda [sorry, Bruno, jajajajaja]); a veces se queda solita otra vez, pero regularmente me pide que me acueste a su lado y me echa un brazo y una patita encima… ella me duerme). Cualquiera podría decir que es algo horrible, que ya está lo suficientemente grandecita como para dormir sola y de un tirón… la verdad es que disfruto muchísimo. He intentado llevarla a nuestra cama, pero no le gusta, supongo que hay demasiada luz. Razones para dormir con ella podría poner muchísimas, pero lo más cierto de todo es que lo hago por el puro placer de sentirnos cerca.

He aquí un regalito por su paciencia. “No quiere dormir solo” de Laura Gutman

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