Ketzalli Torres, Letras Hispánicas, lo que olvidé categorizar

Análisis narratológico de “Alguien llama”


Alguien llama“. Paula Izquierdo

Paula Izquierdo nació en Madrid, en 1962. Su primera participación como narradora aparece en una antología publicada por la editorial Lengua de trapo, en 1997; a ésta le suceden otras tantas y tres novelas. Hoy en día colabora en el suplemento cultural de ABC, es profesora de la Escuela Contemporánea de Humanidades, y forma parte de la revista Texturas, como colaboradora y Consejera Editorial.

Páginas Amarillas, es el libro que recopila a un conjunto de autores cuya calidad literaria podría ser suficiente para formar la llamada “Generación del “2000”.

 

Los personajes, según el modelo actancial de Grei Mass, se relaciónan de la siguiente manera.

Destinador

Quien realiza la llamada

Objeto

Descansar

Destinatario

Ayudante

Sujeto

Protagonista

Oponente

Quien realiza la llamada

Miguel

 

Como se puede observar, en este primer esquema, donde el objeto es descansar, los campos de ayudante y destinatario quedan vacíos, pues al no conseguirse el objeto del deseo, y debido al desarrollo del cuento, no es posible llenar dichos campos, a mi parecer, ni siquiera con conceptos abstractos.

Destinador

Ex marido

Objeto

Paz

Destinatario

Protagonista

Ayudante

Protagonista (subconsciente)

Sujeto

Protagonista

Oponente

Inconciente

 

En cambio, realizando la lectura con otra perspectiva, es posible que el objeto sea obtener paz interna, liberarse del pasado. El destinador es el ex marido, puesto que la abandona después de (forzando un poco la interpretación) golpearla, dejándola con un profundo sentido de desamparo “Daba igual con tal de no detenerte, y nos dejaste la casa de calor y de cucarachas, y a mí con la cojera y con Miguel a horcajadas”.

Microunidades de acción

Las microunidades pueden encajar de la siguiente manera:

Secuencias iniciales

1.- La protagonista se enfrenta con algo desagradable a nivel inconciente:

“Espero sentada a que alguien abra la puerta. Hay una cucaracha en el suelo y me mira (. . .) Corro, sigo oyéndola, me molesta, siento asco, no consigo que se calle, dejar de oírla, enmudecer…”

2.- La protagonista toma conciencia de que es un sueño:

“El despertador, es la hora, ha pasado la noche, entreabro los ojos negros, el cerebro despacio capta el sonido que está en mi cabeza (. . .) alguien llora, estoy segura de que no es un sueño (. . .) todo el cuerpo se estira, es mío y me obedece, me giro, apoyo los codos y repto para que no siga sonando, hasta encontrarlo.”

3.- Miguel se despierta:

“Miguel me llama, maldito teléfono, le ha despertado y llora.”

4.- La protagonista se ubica en el tiempo:

“Son las dos de la mañana”

5.- Comienza el monólogo interior:

“Me ha parecido que respiraba con dificultad (. . .) pienso mientras bebo”.

6.- Acude al llamado de Miguel:

“Me acerco hasta el cuarto de Miguel y espero un poco en la puerta (. . .) repite frotándose los ojos con los puños al salir al pasillo.”

7.- Se plantea por primera la inquietud por la llamada:

“Si al menos hubiera dicho algo, tendría alguna pista, por qué me habrá llamado.”

8.- Hace referencia a las cucarachas, presentes en la primera parte del sueño, y se hace consciente de su desnudez:

“Las cucarachas corren a sus escondrijos (. . .) Ésta, además, se pasea como si no conociera el peligro, no se esconde, no me tiene miedo (. . .) me gustaría matarla, deshacerle las tirpas, pero no tengo manos, desnuda me da más asco, sentirla tan cerca”.

9.- Primera hipótesis sobre el interlocutor:

“Volverá a llamar, eso es lo que suelen hacer los pervertidos: llaman varias veces para martirizar a su víctima, para obligarla a pensar en él cuando no llama y esperar ansiosa a que vuelva a llamar, deseando que sea la última vez.”

10.- Intenta devolver a su hijo a la cama:

Se agarra con fuerza a mi cuello (. . .) Venga, Miguel, mamá va adormir contigo, hazme un sitio. Anda sé bueno.”

11.- Se desconoce o desconoce a su hijo:

“Parece mentira que sea su madre”.

12.- Intenta convencer a Miguel de que es necesario volver a dormir:

“le llevo en brazos por el pasillo que conduce al salón, si le enseño la calle oscura tal vez entienda lo que quiero explicarle (. . .) Mira, Miguel, ves, en la calle no hay nadie y está oscura, es de noche.”

13.- Tiene una percepción distinta de la realidad:

“Pero el cielo no está oscuro sino gris claro (. . .) No sé qué hacer, sino dejar que le venza el sueño.

14.- Se presenta nuevamente la llamada, pero esta vez sí hay voz:

“El teléfono vuelve a sonar (. . .) no recuerdo haber oído esa expresión en la boca de nadie.”

15.- Se hace consciente de la situación:

“El niño sigue aferrado a mi cuello (. . .) tanto que casi no haría falta que le sujetar adel muslo.”

16. Segunda hipótesis sobre el interlocutor:

“No comprendo cómo la gente es así. (. . .) Aunque tampoco estoy segura de nadie. (. . .) si hubiera sido alguien que conozco estoy segura de que le hubiera reconocido aunque hubiera impostado la voz.”

17.- Una vez acostados, buscan conciliar el sueño, mientras ella continúa el soliloquio:

“Miguel empieza a dar patadas (. . .) Tendría que levantarme y quitar las clavijas del teléfono del salón, de la cocina y de aquí, así no habría línea.

18.- Desea que vuelva a llamar, y en este momento, comienza a plantearse la tercera hipótesis, el ex marido:

“Me gustaría que llamara otra vez (…) Y ahora estará duchándose bajo la tromba del agua. (…) ¿Has sido tú y ya no te reconozco? (…) Daba igual con tal de no detenerte, y nos dejaste la casa de calor y de cucarachas y a mí con la cojera y con Miguel a horcajadas. ”

19.- Cambia el ambiente, es evidente una transición, y retoma la descripción:

“Deja de llover… son la prueba de lo que ha sucedido (…) y cierro los ojos a las ideas.”

20.- Tras el amanecer todo es fresco y tranquilo:

“Está amaneciendo (…) Mien y le abrazo desde el sueño.

 

Unidades integrativas.

En la primera secuencia del cuento se presenta información que puede servir como advertencia de que todo es un sueño, pues mantiene el mismo tiempo verbal y el tono narrativo.

La historia se desarrolla en la madrugada de un sábado de agosto, dentro de una casa madrileña: “A estas horas, miro el despertador, son las dos y cuarto”, “el silencio del mes de agosto”, “este agosto sofocante”, “en verano la casa se llena de calor”, “sólo es de noche y estamos en Madrid”.

Observamos a dos personajes, a la protagonista, una mujer morena, ojos castaños y coja: “entre abro los ojos negros”, “más morena de piel y con el pelo castaño”, “la cojera me obliga a forzar el movimiento para no sentir dolor”, de carácter obsesivo “no debería obsesionarme”, “siempre las dejo bajadas, las de toda la casa, es la única forma de luchar contra el calor, no permitiéndole entrar”, débil e inseguro “Qué más da. No es bueno que me rinda, no es aconsejable dejarle dormir conmigo porque luego se acostumbra”, e incluso ella misma se lo plantea “Puede que sea demasiado blanda, demasiado negligente”, también se preocupa por el qué dirán “Aunque los rumores corren y tal vez alguien se haya enterado”, al parecer está cansada de la vida, pero le preocupa el porvenir de su hijo “si me muero ahora a Miguel se lo comerán las cucarachas”; Miguel es un niño de ojos “azul cristalino, la piel blanca y suave, el poco pelo rubio despeinado”, “va a ser un niño alto como su padre”, que necesita cariño y la conoce más de lo que ella acepta “Tengo la impresión de que sabe más de lo que parece, está nervioso, como si adivinara mi miedo”.

En cuanto al tiempo, es cronológico, efectivo en tanto que la protagonista da todo por sentado, e hipotético en cuanto el ambiente propio del cuento es un sueño, aunque en ese sentido, equivaldría más a la forma extensa, pero precisa. La temporalidad, al parecer, es reiterativa, puesto que no es ni la primera ni la única llamada que ha recibido e imperfectible.

El ritmo con el que inicia la narración es lento, puesto que trata de un sueño, pero cambia, dentro del mismo, en cuanto la protagonista logra despertar: “El timbre agudo e insistente sigue sonando, termina con mi inconciencia. A estas horas, miro el despertador, son las dos y cuarto y todo el cuerpo se estira, es mío y me obedece, me giro, apoyo los codos y repto para que no siga sonando, hasta encontrarlo.” El desarrollo comienza cuando ella levanta el auricular y no recibe respuesta alguna del interlocutor; Miguel, su hijo, despierta y la llama desde la habitación contigua; después de escuchar el llanto por un momento, decide que no puede dejarlo así, entra a la habitación, lo toma en brazos, trata de convencerlo de volver a dormir, pero no lo consigue, accede a sus peticiones, recorren la casa para ir por agua y asegurarse que es de noche. En el transcurso, ella sigue pensando en la llamada, analizando todas las posibilidades; siente miedo pero desea volver a recibir otra: “¿Volverá a llamar? Me gustaría que lo hiciera, he debido de perder el juicio”. El desenlace comienza una vez que Miguel ha logrado encontrar la posición adecuada y consigue dormirse, aunque la protagonista continúa con las cavilaciones.

En el cuento pueden identificarse dos hilos narrativos, por un lado, la sucesión cronológica de los hechos, interrumpidos constantemente por los pensamientos de la protagonista. Y, por el otro, a modo de analepsis, anécdotas relacionadas con el posible responsable de las llamadas; éstas no rompen el tiempo narrativo, sino que se realizan en el mismo sentido de enumeración de hechos:

“O el último taxista me trajo a casa y no le di propina, porque ya se la había cobrado llevándome a veinte por hora, parándose en los semárforos antes de que se pusieran rojos o escuchando ese programa de radio que te pone la cabeza hecha un bombo…”

“Dijiste que no querías seguir parado y avanzaste hasta la puerta. Y Miguel enganchado de mi cadera a horcajadas, pedía un coche o era un pingüino, no recuerdo. Yo tenía los ojos puestos en ti o un poco más allá, sabiendo el camino que ibas a tomar para ver si lo alcanzabas y la puerta del ascensor se abrió y ya no te vi más. Qué ha sido de ti, es posible que no supieras que hacer a dónde dirigirte. Daba igual con tal de no detenerte, y nos dejaste la casa de calor y de cucarachas y a mí con la cojera y con Miguel a horcajadas”.

El nivel narrativo del relato es intradiegético; la protagonista habla en presente, con una sucesión cronológica lineal: “Espero sentada a que alguien abra la puerta… Mi mano se desliza… me giro, apoyo los codos y repto…”, salvo una prolepsis cercana al desenlace; aunque se incluyen algunas metadiégesis, en el caso del taxista, el ex esposo. La focalización es interna, única y reflexiva; el modo narrativo puede ser tanto descripción, como el monólogo interno y el diálogo indirecto. Su estilo es directo

 

Interpretación personal del cuento

La voz narrativa me hace sentir que se trata del análisis de un sueño, y durante su transcurso logra sanarse el inconsciente; se pone como sobre la mesa para esclarecer el sentido, de ahí que se hagan tantos paréntesis en la narración para tratar de racionalizar cada evento. Hacia el final del relato, la protagonista llega (sin darse cuenta también) a la conclusión de que el pasado la atormenta, y simplemente, al confrontarlo, se libera. Decide que el autor de esas llamadas anónimas es su ex marido, y la angustia cesa; desaparecen las cucarachas, el ambiente se torna más claro; la iluminación artificial cede ante el amanecer, el aire es limpio y refresca el ambiente, y le deja a éste el devenir: “ahora el viento se encargará de mover las velas”. Su hijo, en el sueño, es el reflejo de ella misma, necesitado de amparo, temeroso, desvalido, que se apunta tanto al inicio “Se oye su respiración profunda cuando hay silencio en la calle. (…) tal vez fuera yo quien respiraba así, pienso mientras bebo”, como al final “y no fuera un bebé, sino un adulto, y no fuera mi hijo, sino mi otro yo”.

Cada elemento elegido, debe tener algún significado, por respeto al lector, este motivo me hace pensar que, partiendo de la hipótesis de que el relato parece un sueño racionalizado (y por lo tanto lleno de simbolismos), soñar con cucarachas representa la necesidad de un cambio, de limpieza profunda tanto en el aspecto emocional como en el espiritual, y éstas están ligadas con el recuerdo del padre Miguel. También hay agua, en diversas presentaciones: lluvia, que representa perdón y vencer obstáculos; beberla significa alivio; soñarse desnudo, se supone, es el reflejo del temor de que alguien descubra algo que preferiría ocultar y, en ese sentido, la misma protagonista da fuerza a esta hipótesis: “Sabrá que estoy desnuda, conocerá mis costumbres, mis horarios. (…) Nadie tiene por qué saber que estoy sola”. El aire limpio representa serenidad futura. El amanecer simboliza el cambio interno, una nueva forma de entender el mundo. Lo que me parece muy interesante es que todos los elementos cuadran con esta aventurada interpretación, pues, además, soñar con un teléfono refiere a una llamada del inconsciente, una obligación de hacer frente a algo que se esquivó durante determinado tiempo “el teléfono está detrás, en el cabecero, no lo alcanzo. No consigo dar con él (…) Miro el teléfono que no suena. Me tapo con la sábana blanca y cierro los ojos con las ideas”. Esta transformación “El silencio mitigado por las goteras que siguen repicando son la prueba de lo que ha sucedido” se presenta de manera suave, paulatina, y redondea el relato con la frase final: “Y yo sin darme cuenta le respondo: Mien y le abrazo desde el sueño”.

En La interpretación de los sueños, Freud menciona que éstos son un una consecuencia de la perturbación del reposo. Y, evidentemente, lo que perturba el reposo de la protagonista, puede ser alguna fuente psíquica de los estímulos que recibió durante la rutina cotidiana, de ahí que todo sea tan claro con respecto a la percepción de los mismos. Bajo esta lupa, lo que sucede en el sueño de la protagonista, no obedece a las cuestiones importantes de su vida despierta, sino a aquellas más indiferentes.

Incluso, en este mismo análisis, como diría Freud respecto al de su materia: “no nos explicamos de qué fuente ha tomado el sueño sus componentes, y nos inclinamos a atribuirle una independiente capacidad productiva, hasta que con frecuencia, al cabo de largo tiempo, vuelve un nuevo suceso a atraer a la conciencia el perdido recuerdo de un suceso anterior, y nos descubre con ello la fuente del sueño”.

En cuanto a lo estilístico, me parece que hay algunas inconsistencias, por ejemplo, en los signos de puntuación, que trascienden las fronteras de los países; es decir, independientemente de cómo se hable en España, las reglas son las mismas para todos los hispanohablantes, a menos de que éstas (las inconsistencias) sean una herramienta para reforzar el carácter onírico. Por citar algunos ejemplos:

“Quién será, debe de ser tarde o temprano, no lo sé, quizá.” no me parece claro si se refiere a la hora en que se presentan los hechos, o a un futuro cierto.

“…pienso mientras bebo.” en este momento se rompe la convención establecida hasta este momento.

“Sin darme cuenta, de una forma instintiva, cierro la puerta de servicio” o “Miguel termina de beber. No sé lo que hago. Cierro la puerta de la cocina para que no salgan” en realidad, en el momento mismo de relatar los hechos se está haciendo consciente de ellos, por lo que en algún momento me pareció ocioso.

Al final del relato, acude al mismo recurso “Y yo, sin darme cuenta le respondo”, es por eso que aquí confirmo que se trata de una cuestión estilística que refuerza la hipótesis del sueño en donde se libera cierta carga de información almacenada en el cerebro, sin importar en qué momento se almacenó.

Al parecer, la función del lenguaje más presente, es la expresiva, dado que la protagonista exterioriza tanto deseos como sentimientos, aunque no haya un receptor específico, a la vez que hace uso de la función poética, para crear un ambiente de la confusión propia del sueño, y le brinda la estética propia de la literatura: “Nos miramos con la oscuridad de la noche y nuestros cuerpos reflejados como un retrato sin fondo”, “Pero el cielo no está oscuro, sino gris claro, como si desde algún rincón remoto unos focos lo estuvieran iluminando, un cielo de tormenta casi blanco, un cielo distinto sin estrellas.”, “tiene los ojos abiertos como un ternerito”, “como si mi lengua fuera un látigo”, “oigo el estruendo de la tormenta, pero no soy capaz de adivinar si viene o va”.

 

 

 

 

 

 

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4 thoughts on “Análisis narratológico de “Alguien llama””

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