Consejos para mamás feizbukeras

Crianza virtuosa, diría yo. Sobre el justo medio entre los extremos viciosos: permisividad y autoritarismo.


Mi instinto de madre se refugia en las palabras del pediatra español Carlos González; la salud de mi hija se la he encomendado al pediatra mexicano Bruno Martínez-Leo.

Hace unos días Bruno me hizo el favor de confiar en este espacio para compartir con las mamás y los papás que suelen visitarme una reflexión que no necesita prólogo, y a la cual no pretendo hacerle ninguna corrección (como acostumbro hacer) porque no la necesita. Sólo quiero agradecerle a él, y sí, compartirlo con ustedes:

Foto de: Bruno Martínez-Leo

¿En qué momento ser permisivos nos está haciendo educar mal a nuestros hijos y en qué momento ser demasiado severos les provoca daño? La respuesta más sencilla sería encontrar el equilibrio. Sin embargo a lo largo de los años de interactuar con miles de personas en su calidad de madres y padres de pacientes e hijos en su calidad de pacientes me he dado cuenta de que es algo realmente complicado. “Desde la barrera cualquiera es torero”, solemos decir en cirugía pediátrica y queremos decir algo muy sencillo: desde afuera las cosas se ven muy fáciles.

Tomen mi caso en particular: no tengo hijos y estoy intentando entender cómo hacer para que las personas no jalen demasiado las orejas de sus hijos como para arrancárselas de tajo, pero también como hacer que un jalón de vez en cuando les otorgue el equilibrio que requieren. Mi madre me dio un par de chanclazos alguna vez cuando niño y un bofetón cuando adolescente y me dolieron horrible… pero creo que los necesitaba y eso no me hace hoy un golpeador de niños y tampoco arreglo las cosas a golpes.

Sin embargo hoy día veo más niños desobedientes, y cuasianárquicos que hace unos años. Y la opinión de la gente en general es la misma: los niños y adolescentes son cada vez más groseros que antes. Claro que podría argumentar lo que Rodrigo Solís hace muchos años: cada generación escandaliza a la que le precede. Inevitablemente. Estoy de acuerdo. Yo mismo soy de una generación que no se deja como la generación anterior y la anterior no se dejó de la previa, y así hasta el inicio de las generaciones. Sin embargo esa permisividad que hoy viven la mayoría de los niños y jóvenes y con la cual han crecido nos ha otorgado, entre otras cosas, más de 7 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, por ejemplo (además de que tienen años escuchando en sus casas a sus padres y hermanos mayores quejarse de que “es lunes, que flojera”, “fin de semana, por fin, al demonio el trabajo/la escuela” pero eso es harina de otro costal).

Los padres de esos niños, asumo, fueron educados en mayor o menor medida en un ambiente de rigor, por abuelos que vivieron la postguerra, la falta de alimentos, de vestido, de lugares donde vivir, donde dormir, donde protegerse del frío. Y en consecuencia, por padres que vivieron esa rigidez, esa necesidad de disciplina que no comprendían de donde venía, el por qué de la necesidad de vivirla. El mecanismo básico que –asumo, nuevamente- radica en que ellos no permitirían que sus hijos vivieran lo mismo. No les gritarían, no les pondrían horas límite, les darían “todo lo que yo no tuve”. Y eso puede ser desde media tonelada de juguetes y no comprender el precio real de éstos hasta ser permisivos en el uso y abuso de drogas, alcohol y dinero. “Nada que con un buen berrinche no se logre” he escuchado decir a algunas adolescentes y he visto a muchos otros manipular a sus padres desde muy pequeños.

Todos hemos visto o sabido de niños que vomitan a voluntad una medicina amarga o a la hora del berrinche con una comida que no les complace. Dentro de la cabeza del niño (y de todos los seres humanos) se activa un mecanismo de retroalimentación positiva: “cuando vomito entonces recibo atención o se me deja de dar la medicina o la comida en cuestión. Entonces, vomito” No importa si la atención recibida se traduce en un bofetón o en un jaloneo, el niño la está recibiendo. ¿Y por qué necesita atención? Porque muchos padres creen que la tonelada de juguetes reemplaza el tiempo que no le brindan. Y como no le brindan el tiempo que bien saben que le deben brindar, entonces no los regañan, entonces no los corrigen, entonces no los disciplinan… y ya saben qué sigue.

Johnny Cash en su canción “A boy named Sue1” expone perfectamente este círculo que podría llamar “vicioso”. El padre duro le da la herramienta que lo hace ganar, que lo hace ser fuerte y salir avante. Cuando así lo entiende, Sue, le perdona y “tiene un punto de vista diferente” pero asegura al final de la canción que no llamará Sue a su hijo. Que, de hecho, odia ese nombre.

Yo me pregunto, entonces ¿qué puede darle a su hijo para que también gane, para que también sea fuerte? ¿Dónde está el punto medio? ¿Darle no el nombre de una niña sino algún nombre que pueda darle agallas y le permita enfrentarse a la adversidad? ¿O protegerle siempre de todo mal hasta que él muera y deje en el mundo a un hijo que no se puede valer por sí mismo? La sabiduría popular apoya que es mejor enseñarle a un hombre a pescar que regalarle el pescado, se le está dando una herramienta de vida. Pero la experiencia muestra que a veces los padres prefieren darle al hijo el pescado asado, marinado, cocido a la perfección, con vegetales a un lado, un vaso grande de refresco y una bola de helado de postre… aún cuando el hijo tiene 28 años. ¿Qué hay de malo en ello? Podrán preguntarme cientos de miles de padres que están contentos con darle a sus hijos lo mejor que pueden… básicamente nada, creo… excepto que habrá algún momento en que el hijo no pueda ni siquiera abrir el bote de helado cuando los padres no estén.

Insisto: en este momento no tengo hijos y tampoco pretendo predicar al respecto. Pero de verdad creo que hay que buscar (y encontrar) el punto medio en que nuestros hijos (sus hijos), en algunos casos mis pacientes, sepan gozar de un buen pescado, sepan como cazarlo y cocinarlo y comprendan que todo en esta vida requiere de esfuerzo y tiene recompensa. Un padre duro no necesariamente es malo y un padre permisivo no necesariamente provoca daño. La frase de cierre se le atribuye a Confucio y, me parece, es sapientísima.

“Educa a tu hijo con un poco de hambre y con un poco de frío”.

1 “A boy named Sue”, escrita por Shel Silverstein, 1969. Publicada en el álbum “San Quentin”

Espero que disfruten las palabras de Bruno tanto como yo. Para terminar, les dejo la canción, la letra y una traducción.

“A Boy Named Sue”

My daddy left home when I was three
And he didn’t leave much to ma and me
Just this old guitar and an empty bottle of booze.
Now, I don’t blame him cause he run and hid
But the meanest thing that he ever did
Was before he left, he went and named me “Sue.”

Well, he must o’ thought that is quite a joke
And it got a lot of laughs from a’ lots of folk,
It seems I had to fight my whole life through.
Some gal would giggle and I’d get red
And some guy’d laugh and I’d bust his head,
I tell ya, life ain’t easy for a boy named “Sue.”

Well, I grew up quick and I grew up mean,
My fist got hard and my wits got keen,
I’d roam from town to town to hide my shame.
But I made a vow to the moon and stars
That I’d search the honky-tonks and bars
And kill that man who gave me that awful name.

Well, it was Gatlinburg in mid-July
And I just hit town and my throat was dry,
I thought I’d stop and have myself a brew.
At an old saloon on a street of mud,
There at a table, dealing stud,
Sat the dirty, mangy dog that named me “Sue.”

Well, I knew that snake was my own sweet dad
From a worn-out picture that my mother’d had,
And I knew that scar on his cheek and his evil eye.
He was big and bent and gray and old,
And I looked at him and my blood ran cold
And I said: “My name is ‘Sue!’ How do you do!
Now your gonna die!!”

Well, I hit him hard right between the eyes
And he went down, but to my surprise,
He come up with a knife and cut off a piece of my ear.
But I busted a chair right across his teeth
And we crashed through the wall and into the street
Kicking and a’ gouging in the mud and the blood and the beer.

I tell ya, I’ve fought tougher men
But I really can’t remember when,
He kicked like a mule and he bit like a crocodile.
I heard him laugh and then I heard him cuss,
He went for his gun and I pulled mine first,
He stood there lookin’ at me and I saw him smile.

And he said: “Son, this world is rough
And if a man’s gonna make it, he’s gotta be tough
And I knew I wouldn’t be there to help ya along.
So I give ya that name and I said goodbye
I knew you’d have to get tough or die
And it’s the name that helped to make you strong.”

He said: “Now you just fought one hell of a fight
And I know you hate me, and you got the right
To kill me now, and I wouldn’t blame you if you do.
But ya ought to thank me, before I die,
For the gravel in ya guts and the spit in ya eye
Cause I’m the son-of-a-bitch that named you “Sue.'”

I got all choked up and I threw down my gun
And I called him my pa, and he called me his son,
And I came away with a different point of view.
And I think about him, now and then,
Every time I try and every time I win,
And if I ever have a son, I think I’m gonna name him
Bill or George! Anything but Sue! I still hate that name!

La traducción no la hice yo, la copié de alguna página, jeje:
Bien, mi papá se fue de casa cuando tenía 3 años
y no dejó mucho a ma(dre) y a mí,
sólo esta vieja guitarra y una botella vacía de alcohol.
Ahora, no le maldigo porque huyera y se escondiera
pero lo más mezquino que hizo nunca,
fue antes de largarse, ir y llamarme "Sue."

Bien, debió pensar que era una buena broma
y eso logró muchas carcajadas de mucha gente;
parece que tuve que luchar durante toda mi vida.
A alguna chica le daría la risa tonta y me pondría rojo
y algún chico se reiría y le rompería la cabeza,
te digo que la vida no es fácil para un chico llamado "Sue."

Bien, crecí rápido y crecí enfadado,
mi puño se endureció y mi ingenio se agudizó,
he vagado de pueblo en pueblo para esconder mi vergüenza.
Pero hice un voto a la luna y las estrellas;
buscaría en los bares
y mataría al hombre que me dió ese horrible nombre.

Bien, era Gatlinburg a mediados de julio
y acababa de llegar al pueblo y mi garganta estaba seca,
y pensé que debía parar y tomarme una birra.
En una vieja taberna en una calle de barro,
allí en una mesa, repartiendo cartas,
sentado el sucio, sarnoso perro que me llamó "Sue."

Bueno, supe que esa víbora era mi querido papá
por un desgastado retrato que mi madre había tenido,
y reconocí esa cicatriz en su cara y su ojo malvado.
Era grande y torcido, gris y viejo,
y le miré y se me heló la sangre
y dije: "¡Mi nombre es 'Sue!' ¡Cómo pudiste!
¡¡Ahora vas a morir!!"

¡Yeah, eso es lo que le dije!

Bien, le golpeé fuerte justo entre los ojos
y se cayó, pero para mi sorpresa,
se levantó con un cuchillo y cortó un trozo de mi oreja.
Pero le rompí una silla a través de sus dientes
y nos estrellamos cruzando del muro a la calle,
pataleando y socavando en el barro y la sangre y la cerveza.

Te digo que he luchado con hombre más duros
pero no puedo recordar cuándo;
coceaba como una mula y mordía como un cocodrilo.
Le oí reirse y luego le oí maldecir,
Fué por su pistola y yo saqué la mía antes,
se quedó ahí mirándome y le ví sonreir.

Y dijo: "Hijo, el mundo es duro
y si un hombre quiere hacerse, tiene que ser resistente
y supe que no estaría ahí para ayudarte mientras.
Así que te dí ese nombre y dije adiós.
Supe que tendrías que ser duro o morir
y es el nombre lo que que te ayudó a hacerte fuerte."

Yeah

Dijo: "Ahora acabas de luchar un infierno de combate
y sé que me odias y tenías derecho
a matarme ahora y no te maldeciré si lo haces.
Pero deberías agradecerme, antes de que muera,
por la gravilla en tus tripas y el esputo en tu ojo
porque soy el hijo de puta que te llamó "Sue.'"

Yeah, ¿que podía hacer?, ¿qué podía hacer?

Me emocioné y tiré mi pistola
y le llamé pa(pá), y el me llamó su hijo,
y me alejé con un punto de vista diferente,
y pienso sobre eso, ahora y después,
cada vez que intento y cada vez que gano,
y si alguna vez tuviera un hijo, ¡creo que le llamaría
Bill o George! ¡Cualquier cosa menos Sue! ¡Aún odio ese nombre!
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