Consejos para mamás feizbukeras, lo que olvidé categorizar

Ahimsa es, también, crianza con apego.


 “Ahimsa (la no violencia) requiere una mente, una boca, y unas manos pacíficas.”

-Mahatma Gandhi-

Cualquiera podría pensar que “un chingadazo bien puesto a tiempo ahorra muchos dolores de cabeza luego”. Hay quien cree ciegamente en ello. Yo se lo aprendí a mi papá, quien no fue precisamente un padre golpeador. Pero, muy a pesar suyo, no estoy de acuerdo; estoy completamente convencida de que un golpe (por “mínimo” que sea) no soluciona nada. Como cantó Chico Novarro: el mal no se redime sin cariño. Y Gandhi decía: Me opongo a la violencia, porque cuando parece causar el bien éste sólo es temporal, el mal que causa es permanente.

Hablando de Gandhi, él “trajo a occidente” un concepto hindú al parecer sin cabida en este mundo violento en su de por sí. Ahimsa es no-daño, no violencia. “La violencia es el tipo de interacción humana que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, provocan, o amenazan con hacerlo, un daño o sometimiento grave (físico o psicológico) a un individuo o una colectividad”.

Los niños son individuos y colectividad, y quienes estamos encargados de su cuidado ejercemos sobre ellos violencia de una u otra forma, consciente o inconscientemente. Así nos criaron nuestros padres porque así los educaron sus padres y los padres de sus padres. Pero… ¿siempre ha sido así? ¿De verdad no ha habido un momento en la historia de la humanidad en que ésta no haya aprendido a chingadazos?
Es muy común que los padres piensen que a veces hace falta una nalgada, que afirmen incluso que en su corazón nunca hubo odio, ni resentimiento, ni rencor, ni tristeza para sus figuras de “autoridad”, las cuales utilizaron el castigo físico como medida disciplinaria… me parece obvio, mucho se ha hablado de la racionalización, por ejemplo, como mecanismo de defensa. Yo misma creo que si mis papás no me hubieran educado como lo hicieron, otra sería mi historia.
Así las cosas ¿por qué estoy tan en contra de los golpes? Porque me dolieron, los recuerdo, tuve miedo, me sentí impotente y, sobre todo, estoy segura de que me enseñaron absolutamente nada.
Sin embargo, he buscado estudios científicos a favor del castigo físico; búsqueda infructuosa (ha de ser que no me he esforzado lo suficiente); en cambio, me aparecen por doquier artículos  (éste es uno, y éste es otro)que hablan de sus consecuencias negativas.

Necesito hacer una aclaración: esta entrada no tiene que ver con los límites (palabra con la que regularmente tengo encontronazos, jaja), sino con nuestra forma de enfrentar situaciones difíciles; es más, sólo es un vago apunte sobre mi percepción de los golpes “necesarios”.

Intentaré enumerar algunas de las razones por las cuales no creo en el castigo físico:

Los niños aprenden a esconderse, mentir, desconfiar y perciben el mundo como un lugar donde los actos no tienen consecuencias lógicas, sino castigos.

El niño no relaciona el castigo con lo que hizo “mal”, sino con la persona que lo agrede.

La obediencia por miedo no es obediencia, es represión.

En el estado emocional de miedo, rabia e impotencia en el que queda un niño después de un golpe no tiene oportunidad de aprender ni asimilar.

Un niño que recibe un comportamiento violento de sus padres aprende que la violencia puede ser aceptable si se ejerce contra alguien más débil o justificando una buena causa. O sea, legitima el uso de la violencia en la sociedad.

No hay ninguna aportación científica seria a favor de los azotes.

Dar un manazo, un pellizco o una nalgada, es pegar, y del mismo modo que no consentiríamos que nadie nos ponga la mano encima bajo ninguna circunstancia, a nuestros hijos les debemos enseñar que nadie puede tocarlos a ellos ni pegarles, bajo ninguna causa, ni siquiera los adultos que tenemos autoridad sobre ellos.

El maltrato físico o psicológico sólo demuestra nuestra incapacidad de manejar una situación difícil, nuestro fracaso.

 Después de todo esto viene la inminente pregunta que a todos nos azota en algún momento: ¿. Entonces, ¿qué sí hacer?

Uff… y opciones hay muchísimas y se resumen en una palabra: tolerar. Tolerar no es permitir; amar no es dejarlos hacer “lo que sea” (si eso daña de alguna forma a alguien).

Persuadir a un niño de una conducta “indeseable” es relativamente sencillo, todo depende de nuestra creatividad. Puede funcionar llevarlos a otra habitación, proponerles un juego, permitir que salgan a correr, saltar, caminar, buscar bichos en el jardín. Ninguna de estas sugerencias es darles un premio, sino ofrecerles opciones para aprender a manejar su frustración.

Como muchos niños, mi duende a veces reacciona de forma agresiva y, como a cualquier adulto, a mí no me gusta que me pegue, así que elegí un cojín verde, forrado como con peluche: “No me gusta que me pegues porque me lastimas y puedes lastimarte tú también. Si necesitas golpear, éste es un lugar apropiado”. También hay quien piensa que esto, a las claras, no funciona; que cuatro o cinco años es esperar mucho tiempo; que se necesita una solución inmediata… y sigo sin estar de acuerdo.

Sé que muy seguramente la frustración me ganará algún día, que el miedo me hará reaccionar violentamente; que en algún momento necesite gritar para creer que me escucha, golpear para recobrar su atención… pero mientras la vida nos alcanza, y por ver en sus ojos ese brillo, en sus labios esa alegría, me aferro a mi convicción de no golpear, no gritar, no intimidar.

Esta foto la hizo Bruno, en su casa, cuando fuimos a recoger el triciclo que Santa Claus le dejó al duende allí. En la frente tiene su “windi”, y en la naríz, un raspón porque aterrizó con ella 😀

 Ésta es una campaña española en contra del maltrato físico. Ninguna de las imágenes mostradas en el video muestra situaciones que podrían hacer meritorio un golpe, es cierto, pero los niños son magia pura, su felicidad es la cura para cualquier rabieta. Necesitamos volver a la comunidad; si ésta fue desintegrada por la violencia, enseñándonos a nosotros a ser violentos, es evidente que no vamos por buen camino.

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5 thoughts on “Ahimsa es, también, crianza con apego.”

  1. me encanto ! solo tengo una pregunta como hacer para que eso que llevas tatuado por tus padres se borre de ti…. quisiera ser mas paciente y tolerante…..

    1. Maye, no sabría cómo darte una respuesta “lógica”. Me encantaría tener una receta para la felicidad no sólo de los niños, sino del mundo entero, jaja… Si tú estás convencida de que ese tatuaje no te gusta, te lo quitas; obvio no va a quedar la piel como antes, el proceso será doloroso y dejará una cicatriz, pero de que se quita, se quita.

      La paciencia y la tolerancia son el resultado de una lucha interna muy fuerte. El ego se resiste de formas insospechables, te hace flaquear, pero cuando lo tienes enfrente, cuando lo miras de frente, lo puedes vencer.

      Abrazos.

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