Consejos para mamás feizbukeras

¿La inteligencia de mamá? (parte 1)


“Pocas cosas harán más por tu cerebro que tener un hijo”

“Quien afirme que tener un hijo no arruinará por completo y de forma irrevocable tu vida está mintiendo. Todo cambia. Destroza tu relación de pareja. Mata tu imagen. Arrasa tu productividad. Y te vuelves estúpida. Con la mente obtusa, nublada. El embarazo y la lactancia atontan. Es un hecho probado científicamente”. Ésta es una cita textual que toma Katherine Ellison (periodista galardonada con el Pulitzer) de la novela Nursery Crimes para plantear un escenario; es un hecho (más común de lo que creemos) que la maternidad es considerada como un factor de detrimento en el intelecto femenino, pero esto es un mero “estereotipo condicionante”.

A poco no les ha tocado escuchar a alguno de esos expertos opinólogos zorrajarle en la cara a una madre frases del pelo de: “como que desde que eres mamá, andas más distraída, ¿no?” “Pero tienes que ponerte las pilas, porque he notado que con tu nueva situación ya no rindes igual.” “Te has convertido en un problema, tu situación de madre resulta contraproducente” “¿Ves cómo ser mamá es una discapacidad? Ya hasta tienen su disquito azul en los estacionamientos”… y esas por mencionar sólo cuatro ejemplos.

Lo cierto es que incluso nosotras hemos hecho comentarios no tan graves pero de la misma rodada; en realidad, decir: “durante el embarazo estuve más distraída” no es más que un indicio claro de la reestructuración de nuestro cerebro. Sucede que nos hacemos conscientes de nuestros olvidos; o sea, en realidad no sufrimos de una particular falta de memoria, sino que caemos en cuenta de todos nuestros despistes, cosa que antes de la gravidez pasaba desapercibida.

En mis alas cayó un libro interesante. Inteligencia maternal, de Katherine Ellison, Cómo la maternidad nos hace más inteligentes. Este ensayo aporta, de entrada, muchísimos datos científicos que validan la siguiente tesis: “La maternidad es un estado demasiado complejo y variable como para que nadie afirme que las madres son, por sistema, más inteligentes que las que no han dado nunca a luz”.

Aquí entra otro ensayo publicado por Sara Ruddick en 1980, quien planteó el concepto Inteligencia maternal (libro homónimo de este que estoy abordando) “para defenderse de teorías feministas como la de Simone de Beauvoir y Betty Friedan según las cuales la maternidad «arruina tu vida y contribuye a tu opresión»”, puesto que en aquel entonces (según la autora) la mujer luchaba a toda costa por quitarse de encima cualquier aspecto que la pusiera en desventaja con respecto al hombre.

Y bueno… como esta mujer realizó un titánico trabajo de investigación al recopilar los aportes científicos que demuestran la inteligencia del ser madre, lo menos que puedo hacer es sugerirles la lectura 😀

Ahora sí, entrando en materia: ¿cuáles son esos cambios permanentes en el cerebro de la madre y cómo aprovecharlos?

Según esto, el cerebro materno mejorado tiene cinco atributos. A saber: Agudeza, Eficacia, Resistencia, Motivación e Inteligencia emocional. Ellos son los que nos convierten en “todopoderosas”.

El primero de estos atributos es casi obvio: nuestros sentidos (todos) se agudizan: de estar profundamente dormidas podemos pasar a una vigilia envidiable; podemos estar en una reunión, con la música, o la charla, a un volumen “considerable”, y con más pequeños en casa y aún cuando nuestro crío esté en una habitación cerrada (para que no lo moleste el ruido), somos capaces de escuchar el más leve llamado. Podemos también preparar manjares exquisitos puesto que nuestro sentido del gusto se ha perfeccionado hasta la dermopercepción (o sea, podemos probar un guisado con el puro vaporcito que nos llega a las manos ¿o no? Pero supongo que ya quedó claro ese ejemplo. Ahora bien ¿esas nuevas “capacidades” se limitan al hogar? ¡Obvio no!

En cuanto a la Eficacia, más que parafrasear, pregunto: ¿cuántas no nos hemos declarado multitask más de una vez al día?

¿Resistencia? Ésta tiene que ver con el coctel de hormonas en el que nos convertimos en el que la oxitocina ocupa el primer lugar. “¿Qué fuerza sobrenatural impulsa a un adulto perfectamente razonable a invertir tal cantidad de energía en mimar a un ser vivo que en sus primeras semanas de existencia no hace más que llorar, cagar y comer?”.

Y aquí le voy a parar, porque siento que ya me extendí y apenas voy a la mitad del libro, así que dejo pendientes los otros atributos, el qué hacer con ellos y cómo “explotarlos”, además de que tengo pendientes mis planeaciones y un choooorro de tarea de la uni 😀

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