Por fin fue “Viernes de Pasión”.


Pues en algunos lugares de dice que ayer fue Viernes de Pasión; en otros, Viernes de Concilio; y (de los nombres) el que menos me gusta, es el de Viernes de Dolores. Pero sin importar eso, supone ayuno y abstinencia, conmemoración de los sufrimientos de la Santísima Virgen … o sea, nada que ver con lo que algunos pudieron haber imaginado.

La cosa es que comenzaron las vacaciones de Semana Santa. Todo el (literalmente) santo día de ayer tuve la necesidad de gritar un montón de cosas, entre ellas: ¡Por fin es viernes! Por fin tengo por delante dos semanas de descanso (ja, lo digo como si fuera cierto… como lo creyera). Ayer me desconecté del trabajo y antes de hacerlo estacioné aquí varias preguntas: ¿qué es el respeto?, ¿tolerancia?, ¿responsabilidad?, ¿honor?… recuerdo que los vi a principio de semestre con mis alumnos de Proyectos Institucionales III, pero… ¿cómo se aplican en el aula, en el lugar de trabajo?

No he quitado el dedo del renglón: no aceptaré que nadie me falte al respeto sólo porque “así es la gente”, ni que me hablen con groserías porque “no saben expresarse de otra manera”; si los demás están acostumbrados a malos tratos, yo no; si otros se sienten humildes y tolerantes aceptando esas cosas, bien por ellos; ojalá no los asalten, ni  ningún sicario les mate a algún familiar, ni ofendan a las hijas que no tienen (o a las madres que tampoco); ojalá no les dejen ir un carro encima, ni les secuestren a algún conocido cercano, ni nada de esas cosas que suelen hacer los que también “así son” porque nadie les puso un alto.

Tal vez me equivoco, tal vez me hago demasiado daño, tal vez mis ganas de cambiar el mundo le a  éste lo que el viento a Juárez. Yo retomo entre el pulgar y el medio mi rosario de Tulasi y por mientras me pongo a cantar los santos nombres de Krsna porque no se me ocurre otra cosa para aliviar mi corazón atropellado.

Y, ya para cerrar este apunte desvariantoso, dejo algo que me anda dando vueltas dentro:

 

Hay rencores que no se saben
que por desconocidos no se dicen
que en silencio enquistan dentro del cuerpo;
metáforas que crecen dentro de uno,
suspiros que una se traga,
que presionan, sofocan, asfixian
silencios que se anidan donde la vida
pero que no se mueven, ni prometen y,
a decir verdad, tampoco amenazan.

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