Poesía nica. Hora 0. Ernesto Cardenal


Sobre Augusto César Sandino habría que tener mucho, mucho más. En vía de mientras, esta tarde lluviosa de domingo, comparto con ustedes un fragmento de hora, Hora 0, de Ernesto Cardenal.

Había un nicaragüense en el extranjero,
un “nica” de Niquinohomo,
trabajando en la Huasteca Petroleum Co., de Tampico
Y tenía economizados cinco mil dólares.
Y no era ni militar ni político.
Y cogió tres mil dólares de los cinco mil
y se fue a Nicaragua a la revolución de Moncada.
Pero cuando llegó, Moncada estaba entregando las armas.
Pasó tres días, triste, en el Cerro del Común.
Triste, sin saber qué hacer.
Y no era ni político ni militar.
Pensó, y pensó, y se dijo por fin:
Alguien tiene que ser.
———-Y entonces escribió su primer manifiesto.

El Gral. Moncada telegrafía a los americanos:
TODOS MIS HOMBRES ACEPTAN LA RENDICIÓN MENOS UNO.
Mr. Stimpson le pone un ultimátum.
“El pueblo no agradece nada …”
le manda a decir Moncada.
El reúne a sus hombres en el Chipote:
29 hombres (y con él 30) contra EE.UU.
MENOS UNO.
———-(“Uno de Niquinohomo …”)
¡ Y con él 30!

“El que se mete a redentor muere crucificado”
le manda otra vez a decir Moncada.
Porque Moncada y Sandino eran vecinos;
Moncada de Masatepe y Sandino de Niquinohomo.
Y Sandino le contesta a Moncada:
“La muerte no tiene la menor importancia.”
Y a Stimpson: “Confío en el valor de mis hombres …”
Y a Stimpson, después de la primera derrota:
“El que cree que estamos vencidos
———-no conoce a mis hombres.”

Y no era ni militar ni político.
Y sus hombres:
———-muchos eran muchachos,
con sombreros de palma y con caites
o descalzos, con machetes, ancianos
de barba blanca, niños de doce años con sus rifles,
blancos, indios impenetrables, y rubios, y negros murrucos,
con los pantalones despedazados y sin provisiones,
los pantalones hechos jirones,
desfilando en fila india con la bandera adelante
– un harapo levantado en un palo de la montaña –
callados debajo de la lluvia, y cansados,
chapoteando los caites en los charcos del pueblo
———-¡Viva Sandino!

y de la montaña venían, y a la montaña volvían,
marchando, chapoteando, con la bandera adelante.
Un ejército descalzo o con caites y casi sin armas
que no tenía ni disciplina ni desorden
y donde ni los jefes ni la tropa ganaban paga
pero no se obligaba a pelear a nadie:
y tenían jerarquía militar pero todos eran iguales
sin distinción en la repartición de la comida
y el vestido, con la misma ración para todos.

Y los jefes no tenían ayudantes:
más bien como una comunidad que como un ejército
y más unidos por amor que por disciplina militar
aunque nunca ha habido mayor unidad en un ejército.
Un ejército alegre, con guitarras y con abrazos.
Una canción de amor era su himno de guerra:

Si Adelita se fuera con otro
La seguiría por tierra y por mar
Si por mar en un buque de guerra
Y si por tierra en un tren militar.

“El abrazo es el saludo de todos nosotros”,
decía Sandino – y nadie ha abrazado como él.
Y siempre que hablaban de ellos decían todos:
“Todos nosotros …” “Todos somos iguales.”
“Aquí todos somos hermanos”, decía Umanzor.
Y todos estuvieron unidos hasta que los mataron a todos.
Peleando contra aeroplanos con tropas de zacate,
sin más paga que la comida y el vestido y las armas,
y economizando cada bala como si fuera de oro;
con morteros hechos con tubos
y con bombas hechas con piedras y pedazos de vidrios,
rellenas con dinamita de las minas y envueltas en cueros;
con granadas fabricadas con latas de sardinas.

“He is a bandido”, decía Somoza, “a bandolero.”
Y Sandino nunca tuvo propiedades.
Que traducido al español quiere decir:
Somoza le llamaba a Sandino bandolero.
Y Sandino nunca tuvo propiedades.
Y Moncada le llamaba bandido en los banquetes
y Sandino en las montañas no tenía sal
y sus hombres tiritando de frío en las montañas,
y la casa de su suegro la tenía hipotecada
para libertar a Nicaragua, mientras en la Casa Presidencial
Moncada tenía hipotecada a Nicaragua.
“Claro que lo es” – dice el Ministro Americano
riendo – “pero le llamamos bandolero en sentido técnico.”

¿Qué es aquella luz allá lejos? ¿Es una estrella?
Es la luz de Sandino en la montaña negra.
Allá están él y sus hombres junto a la fogata roja
con sus rifles al hombro y envueltos en sus colchas,
fumando o cantando canciones tristes del Norte,
los hombres sin moverse y moviéndose sus sombras.

Su cara era vaga como la de un espíritu,
lejana por las meditaciones y los pensamientos
y seria por las campañas y la intemperie.
Y Sandino no tenía cara de soldado,
sino de poeta convertido en soldado por necesidad,
y de un hombre nervioso dominado por la serenidad.
Había dos rostros superpuestos en su rostro:
una fisonomía sombría y a la vez iluminada;
triste como un atardecer en la montaña
y alegre como la mañana en la montaña.
En la luz su rostro se le rejuvenecía,
y en la sombra se le llenaba de cansancio.
Y Sandino no era inteligente ni era culto
pero salió inteligente de la montaña.
“En la montaña todo enseña” decía Sandino
(soñando con las Segovias llenas de escuelas)
y recibía mensajes de todas las montañas
y parecía que cada cabana espiaba para él
(donde los extranjeros fueran como hermanos
todos los extranjeros hasta los “americanos”)
———– “hasta los yanquis …”
Y: “Dios hablará por los segovianos …” decía.
“Nunca creí que saldría vivo de esta guerra
pero siempre he creído que era necesaria …”
Y: “¿Creen que yo voy a ser latifundista?”

Es media noche en las montañas de las Segovias.
Y aquella luz es Sandino! Una luz con un canto …

Si Adelita se fuera con otro.

Pero las naciones tienen su sino.
Y Sandino no fue nunca presidente
sino que el asesino de Sandino fue el presidente
¡y 20 años presidente!

Si Adelita se fuera con otro
La seguiría por tierra y por mar.

Se firmó el desarme. Cargaron las armas en carretas.
Guatuceros amarrados con cabuyas, rifles sarrosos
y unas cuantas ametralladoras viejas.
Y las carretas van bajando por la sierra.

Si por mar en un buque de guerra
Y si por tierra en un tren militar.

Telegrama del Ministro Americano (Mr. Lañe)
al Secretario de Estado – depositado en Managua
el 14 de febrero de 1934 a las 6:5 p.m.
y recibido en Washington a las 8:50 p.m.
———-“Informado por fuente oficial
———-que el avión no pudo aterrizar en Wiwilí
———-y por tanto la venida de Sandino se retrasa …”

El telegrama del Ministro Americano (Mr. Lañe)
al Secretario de Estado el 16 de febrero
anunciando la llegada de Sandino a Managua
Not Printed
no fue publicado en la memoria del Depto. de Estado.

Como la guardatinaja que salió del matorral
a la carretera y es acorralada por los perros
y se queda parada delante de los tiradores
porque sabe que no tiene para donde correr…

I talked with Sandino for half an hour
– dijo Somoza al Ministro Americano –
but I can’t tell you what he talked aboutt
because I don’t know what he talked about
because I don’t know what he talked about.

“Y ya verán que yo no tendré nunca propiedades …”
Y: “Es in-cons-ti-tu-cio-nal”, decía Sandino.
“La Guardia Nacional es inconstitucional.”
“An insult”, dijo Somoza al Ministro Americano
el VEINTIUNO DE FEBRERO a las 6 de la tarde,
“¡An insult! I want to stop Sandino.”
Cuatro presos están cavando un hoyo.
“¿Quién se ha muerto?”, dijo un preso.
“Nadie”, dijo el guardia.
“Entonces ¿para qué es el hoyo?”
“Qué perdés”, dijo el guardia, “seguí cavando.”

El Ministro Americano está almorzando con Moncada.
“Will you have coffe, sir?”
Moncada se mantiene mirando a la ventana.
“Will you have coffee, sir?
It’s very good coffe, sir.”
“What?” Moncada aparta la mirada de la ventana
y mira al criado: “Oh, yes, I´ll have coffe.”
Y se rió. “Certainly.”

En un cuartel cinco hombres están en un cuarto cerrado
con centinelas en las puertas y las ventanas.
A uno de los hombres le falta un brazo.
Entra el jefe gordo con condecoraciones y les dice: “Yes.”

Otro hombre va a cenar esa noche con el Presidente
(el hombre para el que estuvieron cavando el hoyo)
y les dice a sus amigos: “Vamonos. Ya es hora.”
Y suben a cenar con el Presidente de Nicaragua.

A las 10 de la noche bajan en automóvil a Managua.
En mitad de la bajada los detienen los guardias.
A los dos más viejos se los llevan en un auto
y a los otros tres en otro auto para otro lado.
A donde cuatro presos estuvieron cavando un hoyo.
“¿Adonde vamos?”
preguntó el hombre para el que hicieron el hoyo.
———-Y nadie le contestó.

Después el auto se paró y un guardia les dijo:
“Salgan.” Los tres salieron,
y un hombre al que le faltaba un brazo gritó “¡Fuego!”

“I was in a Concierto”, dijo Somoza.
Y era cierto, había estado en un concierto
o en un banquete o viendo bailar a una bailarina o
quién sabe qué mierda sería.
Y a las 10 de la noche Somoza tuvo miedo.
De pronto afuera repicó el teléfono.
“¡Sandino lo llama por teléfono!”
Y tuvo miedo. Uno de sus amigos le dijo:
“¡No sea pendejo, jodido!”
Somoza mandó no contestar el teléfono.
La bailarina seguía bailando para el asesino.
Y afuera en la oscuridad siguió repicando
y repicando el teléfono.

A la luz de una lámpara tubular
cuatro guardias están cerrando un hoyo.
Y a la luz de una luna de febrero.

Es hora en que el lucero nistoyolero de Chontales
levanta a las inditas a hacer nistoyol,
y salen el chiclero, el maderero y el raicillero
con los platanales todavía plateados por la luna,
con el grito del coyotesolo y el perico melero
y el chiflido de la lechuza a la luz de la luna.
La guardatinaja y la guatuza salen de sus hoyos
y los pocoyos y cadejos se esconden en los suyos.
La Llorona va llorando a la orilla de los ríos:
“¿Lo hallaste?” “¡No!” “¿Lo hallaste?” “¡No!”
Un pájaro se queja como el crujido de un palo,
después la cañada se calla como oyendo algo,
y de pronto un grito … El pájaro pronuncia
la misma palabra triste, la misma palabra triste.
Los campistos empiezan a totear sus vacas:
Tóoo-tó-tó; Tóoo-tó-tó-tó; Tóoo-tó-tó-tó;
los lancheros levantan las velas de sus lanchas;
el telegrafista de San Rafael del Norte telegrafía:
BUENOS DÍAS SIN NOVEDAD EN SAN RAFAEL DEL NORTE
y el telegrafista de Juigalpa: SIN NOVEDAD EN JUIGALPA
Y las tucas van bajando por el Río Escondido
con los patos gritando cuá-cuá-cuá, y los ecos,
los ecos, mientras el remolcador va con las tucas
resbalando sobre el verde río de vidrio hacia el Atlántico …,

Y mientras en los salones del Palacio Presidencial
y en los patios de las prisiones y en los cuarteles
y la Legación Americana y la Estación de Policía
los que velaron esa noche se ven en el alba lívida
con las manos y las caras como manchadas de sangre.

“I did it”, dijo después Somoza.
“I did it, for the good of Nicaragua.”

Y William Walker dijo cuando lo iban a matar:
“El presidente de Nicaragua es nicaragüense.”

Cardenal, Ernesto. Antología. “Hora 0”. Barcelona: Laia B, 1980. 22-25

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