Hablando de pasado…


Me puse a escribir porque tengo ganas de vomitar 😛 así que pensé en liberarme un poco, pues el malestar no pasa de ahí. ¿Qué me tengo que decir? ¿A quién le tengo que decir qué? Mi cuerpo trata de deshacerse de algo que no es suyo, porque estas náuseas no se parecen a las de la semana pasada, parecen más bien como mentadas de madre fermentándome en la garganta.

mala hierba
mala hierba

Hace un par de días andaba yo de malvibrosa, con ganas de burlarme de alguien, luego me sentí mala persona porque no suele pasarme 😛 Pero es que hay gente que de plano no da pie con bola o, como diría mi abuela: “no conoce la ‘O’ por lo redondo”. Éste es el caso. De alguna forma u otra, cada determinado tiempo recibo mensajes extraños… unas  veces son de gente que no conozco, otras veces son de personas con las que coincidí en algún momento de la vida; unas más de familiares y otras tantas de conocidos actuales.

Justo el martes me escribió (otra vez) un ex-conocido; publicó en mi muro un mensaje (para mí) sin sentido, algo sobre que le había enseñado no sé qué de la vida y bla, bla, bla… lo eliminé por oscuro, ja… pero luego, después de tantos años de negarme a responder, le escribí como por no dejar… como por ver si las cosas estaban tan resueltas como yo creía, pero resulta que no, que para él el pasado no existe… resulta que omitió de su memoria algunos recuerdos, ciertos “detalles” y prefirió conservar “sólo lo bello”.

 Lo cierto es que lo leí con una sensación de “pero qué caraduuuura”, pero pude explicarle con mucha calma (y brevedad, también) los motivos por los cuales no me interesa su amistad. ¿Fue importante? Sí, gracias a él pude saber qué no habría de permitir nunca más; gracias a él puedo entender los ejemplos que dan en las charlas sobre Violencia en el noviazgo; gracias a él me enteré de lo lejos que puede llegar un hombre cuando se propone (incluso sin saber) acabar con la idea que una mujer pudo construir de sí misma salvada la adolescencia… pero a la vez, sirvió para hacer conciencia de lo mucho que me aman mis padres, y lo preocupados que pueden llegar a estar; pude decirle que funcionó como parámetro alarma, pero nada más; que muy a pesar suyo la mayor parte de recuerdos que de él conservo son “negativos”, aunque no por ello lo odio… ya no… primero me sentí mala persona, por imaginarlo piedra, por sentir lástima, pero luego se me pasó, escribí al respecto y lo bloqueé en el “feiz”.

El tiempo en el que escuchar su nombre provocaba ira, o percibir su loción desataba las náuseas en cualquier lugar, pasó hace muchos años… ni siquiera recuerdo cuántos, sólo sé que fue el día en que se casó una de mis mejores amigas de la prepa, un tres de mayo; ese día ha sido el que más “descontrolada” me he visto… nunca me habría siquiera imaginado capaz de tanta rabia, pero funcionó, me liberé de mis demonios y gracias a ello antes de ayer pude decirle (sin odio, ni rencor, ni tristeza) que no me interesa su amistad y que de ninguna manera soy quien parece que cree que soy.

Hace unos días bloqueé a otra piedra. Y justo tras poner el punto anterior me doy cuenta de que a) mis arrebatos suelen ser muy “drásticos”… Muchos meses después de la muerte de mi abuela me di cuenta de que no me hacía bien mantener “contacto” con mi familia paterna, esa que nos hizo sentir tan ajenos a papá y a mí en el velorio, esa que no nos avisó del medio luto, esa que casi no recibe el dinero para el mariachi, la que no nos avisó de los rosarios, ni del novenario, ni de la misa al mes… a esa familia paterna que reaccionó tan “extraño”, y que tanto dolor me provocaba en los sueños, dejó de aparecerse cuando la eliminé también del feiz…

Entonces, regreso con la piedra con la que abrí el párrafo anterior; recuerdo que hace como cuatro años solía llamarme a cualquier deshora, ahogado en alcohol, para compartir su miseria, lo mal que lo trata la vida… una madrugada, mientras platicaba con Jaime, “aquel” llamó… antes de dejarlo hablar le dije “escúchame bien, re cabrón, tú me vuelves a hablar borracho después de las seis de la tarde y te cuelgo”… la idea era hacerlo gastar su crédito, y como eso le preocupa tanto, la amenaza pegó… no volvió a llamar ni borracho ni en su juicio, durante algún tiempo. Después de eso, optó por “acercarse” (virtualmente) para pedir algún teléfono… hasta que me cansé y le pedí que se lo tatuara, puesto que es el mismo desde hace como cuatro años. Total que me harté de su miseria y lo bloqueé y decidí que también es una piedra y espero que mi mamá me perdone (eso sí me preocupa).

A alguien más le reclamé hoy la falta de seriedad de terceros, lloré de coraje y mi jefa (mi amiga) me vio hacerlo; era una de esas veces que uno entiende perfecto que no es culpa del otro, pero igual uno se encabrona y tiene ganas de gritar y mentar madres y pendejear a quien realmente se lo merece pero no se puede y se queda con la frustración atravesada hasta que la llora… así que esta mañana lloré, contuve un poco la rabia, pero igual lloré y me sentí un poquito más libre, un poquito más liviana, y pude respirar casi como ahora  que lo escribo.

Por ahora termino, supongo, de desahogarme un poco. Sé que todavía guardo muchas cosas, que aún no me atrevo a encarar otras tantas, pero me alivia este efecto de arrancarme la malas hierba, aunque no muera, que vaya a crecer a otro lado; satisfecha de patear lejos y hacia atrás esas molestas piedras. Ahora, vamos a esperar, a seguir esperando.

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