Prosa, de Federico García Lorca. Romancero gitano (3/8)


Romancero gitano

            Según algunos estudios, es posible ubicar esta conferencia dentro de un recital que ofreció el poeta en Madrid, en compañía de Dalí y ante un público restringido, a principios de 1925. Para entonces, el ánimo de García Lorca no es dar una conferencia, sino comunicarle al auditorio algo que nadie le ha enseñado: la poesía. Para ello, eligió leer algunos comentarios sobre el Romancero gitano, no sólo por ser su obra más popular, “sino porque indudablemente es la que tiene más unidad” y su “rostro poético aparece por primera vez con personalidad propia”; con este intento no pretende criticar el libro, ni descifrar su significado de romance, tampoco mostrar la mecánica de las imágenes, ni el desarrollo rítmico y fonético, sino “mostrar sus fuentes, y los primeros atisbos de su concepción total”.

romancero            Según Lorca, “el gitano es lo más elevado, lo más profundo, más aristocrático, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza y universal”, y el Romancero es el poema de Andalucía; es un libro anti-pintoresco, anti-folklórico, anti-flamenco. Donde no hay ni una chaquetilla corta ni un traje de torero, ni un sombrero plano ni una pandereta, donde las figuras sirven a fondos milenarios y donde no hay más que un solo personaje grande y oscuro como un cielo de estío, un solo personaje que es la Pena que se filtra en el tuétano de los huesos, en la savia de los árboles, y que no tienen nada que ver con la melancolía ni con la nostalgia ni con ninguna aflicción o dolencia del ánimo, que es un sentimiento más celeste que terrestre; pena andaluza que es una lucha de la inteligencia morosa con el misterio que la rodea y no puede comprender.

García Lorca habla de sus primeros pasos poéticos, en los cuales encontraba ya la preocupación por la forma del romance, por sentir en él el mejor molde para su sensibilidad; el romance, con su encanto narrativo o lírico, atrapó la esencia de ambos en el Romance sonámbulo, pero asegura que el misterio poético es misterio también para el poeta que lo comunica, aunque éste lo ignore. El poeta expone su ser frente a la audiencia, habla de su gusto por “mezclar imágenes astronómicas con insectos y hechos vulgares que son notas primarias” de su carácter poético; habla de lo complicado que le resulta hablar de sí mismo, pero lo hace por considerar a los interlocutores amigos suyos, con la certeza de que su sencillez lo exime del “infierno cómico de la pedantería”.


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