Prosa, de Federico García Lorca. Las nanas infantiles. (4/8)


Las nanas infantiles

«Las nanas infantiles», o «El patetismo de la canción de cuna española» es una interrogación constante del concepto de las canciones de cuna desde el plano poético; García Lorca resalta el carácter popular y tradicional de las nanas españolas; las encumbra como un nutrido acervo cultural y traza un mapa musical en donde por algunos momentos la ruta es perfectamente clara y las variantes regionales hacen fácil la tarea de ubicar a la madre “cantaora”.

Las nanas son canciones para dormir a los niños cuando éstos no tienen ganas de hacerlo, y se sume al niño ávido de aventura, en un mundo triste y trágico, en donde para la madre el niño es “una carga, cuna cruz  pesada con la cual muchas veces no puede” quien para nana1poder continuar con sus labores, le canta al niño que ya habla, el que comienza a andar y conoce el significado de las palabras que han de hundirlo en un mundo de angustia, el espanto; “la letra de las canciones va contra el sueño y su río manso”, “se trata de una abstracción poética y, por eso, el miedo que produce es un miedo cósmico, un miedo en el cual los sentidos no pueden poner sus límites salvadores”. Contrario a lo que sucede en algunas otras partes del mundo, en España, sobre todo en Andalucía, la madre “evocan un paisaje de la manera más simple y hace pasar por él a un personaje al que rara vez da nombre”, puede tratarse del viento, n toro, el caballo, la pena o la muerte a los que nunca verá de frente, sino dibujados en la penumbra evocada; la madre lleva al niño a una lejanía en donde ha de cansarse, para que vuelva al regazo y se restaure; la nana “es una pequeña iniciación de aventura poética, son los primeros pasos por el mundo de la representación  intelectual”; el niño vive un juego con la belleza pura para después abandonarse al sueño.

García Lorca alude a esa pureza en la que el niño posee íntegra la fe creadora, “un mundo poético inaccesible, donde ni la retórica, ni la imaginación, ni la fantasía tienen entrada”, en el niño aún no se inocula la semilla de la razón que todo lo destruye. En esta conferencia en particular, el poeta va tramando un andamiaje tan sólido que el lector puede intuir la conclusión: “Podríamos hacer un mapa melódico de España, y notaríamos en él una fusión entre las regiones, yn cambio de sangres y jugos que veríamos alternar en las sístoles y diástoles de las estaciones del año”. Una vez más, Lorca manifiesta su constante necesidad de explicar y explicarse a sí mismo una esencia que, aparentemente, se le escapa: “Veríamos claro el esqueleto de aire irrompible que une las regiones de la Península, esqueleto en vilo sobre la lluvia, con sensibilidad descubierta de molusco, para recorrer en un centro a la menor invasión de otro mundo, y volver a manar fuera de peligro la viejísima y compleja sustancia de España.


One thought on “Prosa, de Federico García Lorca. Las nanas infantiles. (4/8)

  1. Una de estas variantes es cierta peculiaridad de las nanas del norte de la península dentro de un contexto que Lorca se cuida de precisar: «No se trata de un modelo o de una canción aislada en una región, no; todas las regiones acentúan sus caracteres poéticos y su fondo de tristeza en esta clase de cantos, desde Asturias y Galicia hasta Andalucía y Murcia, pasando por el azafrán y el modo yacente de Castilla». El poeta observa que existe una canción de cuna «suave y monótona» que prepara el niño para el sueño, y que no es frecuente en el folclore español, salvo entre los vascos, que «dan la nota europea con sus nanas de un lirismo idéntico al de las canciones nórdicas, llenas de ternura y amable sensibilidad». En cambio, la nana española es desgarrada y triste «y sus textos de expresión más melancólica para teñir el sueño de sus niños». Dentro de ese aire general de tristeza y melancolía de la nana española, añade Lorca que «en el Norte tienen casi todas ellas acento nocturno y es el miedo al mundo y a la vida lo que impera en sus textos». Cita, más adelante, una nana escuchada en Trubia, que comienza: «Crióme mi padre / feliz y contentu», y continúa con las perspectivas de un futuro feliz soñado por la madre, de que habría de ser marqués, conde o caballero; mas, «por mi desgracia / yo aprendí a gocheru», y termina la nana con una exclamación terrible: «¡Si mia pobre madre / volviés abri’l güeyu!». A lo que comenta Lorca: «De este tipo existen varias nanas en el norte y el oeste de España, que es donde la nana toma acentos duros y miserables».

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