Plan de vuelo. Semana 15.2 Ser hija.


DSC08056Siempre que pienso en mi mamá, desde que soy madre, lloro… de alegría o de decepción de mí, lloro; recuerdo la hija que fui y me arrepiento, me inundo de ganas de tirarme a sus pies y decirle “perdóname”… pero sería inútil, porque ya lo ha hecho. Lloro porque ahora entiendo lo que significa amamantar o cambiar pañales a las dos o a las cinco de la mañana; lo que es reaccionar con el llanto de tu hija dos horas antes de que suene el despertador y no poder volver a dormir porque, además, los ronquidos del señor de a un lado no te lo permiten y luego tener que levantarte para ir a trabajar; lloro porque, como hija, muchas veces la juzgué por haber tomado decisiones que ahora comprendo y agradezco.

Una de esas coincidencias que de pronto vienen a favorecer la vida es que cuando yo nací, mi madre tenía la edad que yo tenía cuando Killari nació; para cuando nazca mi segundo hijo, tendré la edad que ella tenía cuando nació mi hermano menor. Así que en circunstancias medianamente parecidas, ahora sé lo que se siente ya no poder más, y seguir adelante; no tener el más mínimo deseo de desprenderse de la cama, y preparar todo para que ella llegue a tiempo; sentir ganas de pararme entre el mundo y ella para que nada le duela, y guardar silencio porque su crianza es compartida; necesitar que alguien, quien sea, llegue a recibir la estafeta, pero terminar el día, solas, hasta verla dormir profundamente y después no tener ánimo ni deseo de derrumbarme; lo triste que fue servir horas de esfuerzo para recibir a cambio muchos “no me gustó”; lo dolorosas que fueron mis malas bromas algunos diez de mayo.

Ahora sé lo que significa no poder estar en algún evento escolar, y quedarse con las ganas de renunciar a todo, de puro coraje, de pura tristeza; lo que se siente cuando ves a tu hija alcanzar algún nuevo logro, o llorar el mínimo fracaso; ahora entiendo lo que significó para ella entregarme (como Directora de Nuestra imageN) un nombramiento importante (como Jefa de redacción) en la cúspide del sol a mis 17 años; ahora entiendo su afán por guardarlo todo: el ombligo, una huella, las uñas, un mechón, ropa, los primeros rayones, boletas, diplomas, juguetes, fotos…

Nunca le he preguntado cómo se sintió en su tercer embarazo… es decir, cuando yo tenía casi tres años y ella se enteró de que la familia crecería. ¿Y el trabajo? ¿Y el marido? ¿Y la otra hija? ¿Y la vida que sigue? Nunca le he preguntado de dónde sacó fuerzas para seguir cuando ella ya no tenía ganas, cuando dejó de creer en alguna causa. ¿Qué hizo cuando le dijeron que no fuera negativa, que cambiara de actitud, que “hablar mal” de algunas situaciones laborales era hablar mal de ella misma? ¿De dónde sacó ánimos para enseñarnos a creer que el mundo es maravilloso y posible?

En fin… 15.2 o 16 depende del ultra que quiera tomarse como referencia. Según el primero, todavía no los cumplo, según el segundo, ya tengo cuatro meses… poquito menos de la mitad. Y sí, comienzo a sentirme hermosa, fresca, bolita… jaja… Basta de  escupir frustraciones por el día de hoy.DSC08055


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