Sólo para quienes tienen ganas de leer quejas (como si eso fuera posible, jaja :P )


Concluyó la evaluación correspondiente al cuarto bloque de este ciclo escolar. Uno de los proyectos considerados fue “Reseñar una novela”; los aspectos a considerar eran a) personajes, b) ambiente, c) tema, d) narrador, c) emociones que genera el texto. La novela elegida fue Pedro Páramo. La reseña debía tener un título atractivo, datos relevantes acerca del autor y la obra y algunos elementos de contenido y estructura. Era importante también la referencia bibliográfica y un argumento que recomendara o no la lectura de dicha novela; además, obviamente, el formato de entrega (mismo que he solicitado desde el 16 de agosto de 2012: márgenes 2.5 cm, interlineado 1.5, courier 12, texto justificado, nombre en el extremo superior derecho, comenzando por el apellido, seguido de la fecha de entrega); extensión, una cuartilla (mínimo).

En cuanto al formato, ¿qué recibo? tareas con marco, letras enormes para el título, negritas por todos lados, además de arial 16 o 10 para el cuerpo del texto; el nombre en el extremo inferior derecho, comenzando por el de pila, sin justificar… no hablemos de la ortografía y los demás aspectos que debían considerar para que la reseña fuera tal.

Por ejemplo, en un párrafo de once líneas (letra arial 14), hay 22 faltas de ortografía, sin contar la nula puntuación y la carencia de sentido. De todas las “reseñas” que recibí, sólo dos en escribieron correctamente Comala, las demás dicen Cómala (o con minúscula de plano), porque así lo corrigió Word. Pero sucede que las faltas, inconsistencias e incoherencias, tampoco son de word, sino del rincón del vago, el bibliófilo enmascarado o santa wiki.

Entonces yo me detengo a hacer berrinche, a despotricar y renegar de mi suerte laboral, aunque de un motivo más a quienes me dicen “no manches, deja de quejarte, weeeee”. No puedo dejar de quejarme, de dolerme, de repetir lo mismo una y otra vez: ¿para qué tanto pinche esfuerzo y sacrificio y no sirve pa’ ni madres? Al cabo de cinco años, las cosas van de mal en peor, y me encabrona cuando me dicen “es que tienes que cambiar de actitú…”

Y no sé si estas ganas de llorar son por el embarazo o por el íntimo deseo de mandar todo a la chingada. No sé si el coraje es porque todos los días necesito convencer a Killari de levantarse temprano, ir a la escuela para divertirse y aprender mientras la mamá trabaja. Lo maravilloso que es llegar otra vez cinco minutos tarde a la primera clase, y soportar otra vez el amable comentario, la amable mirada al reloj, sólo porque no estoy dispuesta a levantar media hora más temprano a mi hija (de hecho fue un trato de “ganar-ganar” al inicio, pero ahora es un “oootra vez”).

Lo maravilloso que es tener que soportar (se ha convertido en eso) observaciones que los padres me hacen (no directamente): “cómo es que la maestra enseña esas ridiculeces”, sin saber que a su ternurito no le dio la cabeza para entender por qué en la costa hablan de un modo y no de otro, y fue a dar el hermoso argumento de que “tienen la lengua dormida”; si el alumno no va a dos de tres clases a la semana, si no se pone al corriente, si no trabaja en clase, si no participa, si no entiende, si saca el celular, si porta una chamarra ajena al uniforme, si no cumplió con tareas, si la hizo mal… siempre es mi responsabilidad y yo tengo que ingeniármelas para lograr que todos sean alumnos de A.

Otra vez me siento acorralada y huyo a respirar un poco de Aire de las colinas, sólo por ver si Rulfo me puede ablandar un poquito la amargura:

-estoy trabajando por apagar mi rebeldía y por llegar a ser humilde
y no he hecho sino leer un poquito y querer escribir algo que no se ha podido, y que si lo llego a escribir se llamará: “Una estrella junto a la luna”
-Y la soledad es una cosa que se llega a querer igual que una persona.
-Nunca había yo visto tanta materia junta; tanta fuerza unida para acabar con el sentido humano del hombre; para hacerle ver que los ideales salen sobrando, que los ideales y el amor son cosas extrañas. Por esa razón te pedía yo consuelo, pues eres la única que puedes dármelo, para sentirme más conforme; para dejar de rebelarme contra todo lo que se pone a mí mismo. Yo te pedí ayuda una vez y ahora la necesito, pues estamos luchando por los dos, para hacernos nuestro propio mundo, el que yo sé que existe, porque ya he vivido en él. Un mundo donde no infunda uno temor a nadie ni se haga uno odioso. Y eso tú y yo lo podemos hacer.
-Te recomiendo que no me hagas mucho caso, porque soy muy amante de quejarme.

Entonces, recuerdo que no he comido, que extrañamente no he tenido hambre, que mi muendo está allá abajo, entreteniéndose un ratito, que el papaso intenta mantenerla al margen mientras también él trabaja; que no fui a la escuela por algo que en realidad no vale la pena… es decir, no vale la pena “tanto pinche sacrificio”… ahora, necesito lavarme el cerebro, primero para quitarme las ganas de reprobarlos a todos (ja). En fin, me declaro en huelga a sabiendas de que mi pliego petitorio será olímpicamente ignorado por todos, además de que puedo ser duramente juzgada por negativa, por hablar tan mal de mí (sucede que al hacer esto evidencio nuestra intimidad y bla, bla, blaaaa).

Y no, no quiero que me corran, quiero terminar el ciclo escolar de forma “responsable”, quiero mi incapacidad a tiempo, quiero sentir por lo menos tranquilidad cuando le digo a Killari “anda, falta otro poquito, ya tendremos tiempo de quedarnos a remolonear”. Dicen que las hormonas le ayudan a la mujer a decir cosas que no diría “en su juicio”… yo sólo digo que estoy triste por esto y no veo como  ni por dónde… pero “Te recomiendo que no me hagas mucho caso, porque soy muy amante de quejarme.”

 


One thought on “Sólo para quienes tienen ganas de leer quejas (como si eso fuera posible, jaja :P )

  1. Tienes todas tus líneas llenas de razón, es una incesante lucha por inculcar que la lectura y todo lo que se debe aprender en la escuela los hará libres. bien por tu blog, lo seguiré leyendo.

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