Plan de vuelo. 35 semanas. Recta final.


Cuando me pregunto por qué paso tanto en silencio (me refiero al blog) la respuesta siempre es: vivir exige demasiado tiempo.mujer Durante estas últimas semanas he recordado con frecuencia aquel curso de Literatura Medieval en la UNAM, hace como cinco años, pienso en el parto y me percibo maravillada, como pudo estarlo la corte artúrica mientras miraba a Sir Gawain cortar  la cabeza al caballero verde.

Lo que para mí significa parir en casa es todavía un completo misterio, saber y creer que puedo, recobrar la confianza, el poder; imaginar la lluvia que escurre del jazmín a la ventana o hacer música en el techo que nos cobija; mi compañero de vuelo prendido a nuestro cuerpo; nuestro duende libre de estar y formar parte o salir a brincar en los charcos.

solunaÉste es el primer fin de transición, se parece un poco a los que vivimos hace mucho y a los que viviremos dentro de poco, salvo por dos ausencias. Al escuchar a Sabina mientras nos praparamos para seguir disfrutando nuestro estar juntos, sólo puedo recordar otra de sus canciones: no quiero un amor civilizado, ni volver del mercado con ganas de llorar; ninguno de los dos quiere catorces de febrero ni cargar maletas; definitivamente yo no quiero cortarme la coleta, pero cada día lo brindo a su salud…

A menudo me gusta detenerme y mirar hacia atrás, ver cómo ha cambiado la vida. ¿Cuánto hemos cambiado en estos cinco años? Frente a la puerta del baño, aún están desarmadas las cajas de su mudanza; el perro entra y sale dejando de lado su apariencia de peluche, agita la cola y me mira con ánimos de subirse a la cama que recién se ha expandido porque en una matrimonial no cabemos ya los cuatro.

Caminamos por algunas calles de Coyoacán, con su humor recién llovido, hacia el Café Ruta de la seda para consentirnos: mojado el barrio de Santa Catarina, el té de menta, pastel de lavanda, pay de chocolate, caramelo y macadamia; la exposición de Mariana en la Reyes Heroles, la vuelta a casa, los tacos, las seis horas al volante… seis horas de no poder ir a ningún lado, de tener que permanecer casi hombro con hombro… seis maravillosas horas de plática encerrados en el carro, sin más música que la de los temas engarzados por nuestro aliento. Y luego el cine, y las compras, y la pizza, y ver Matrix… Tres días de estar juntos sin “interrupciones” y darnos cuenta de cuánto nos disfrutamos, de cuánto nos amamos con todas nuestras diferencias.sun-and-moon


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