La parte médica de nuestro parto en casa: Parto fortuito.


Lo fortuito es algo que sucede casualmente. Al llegar a urgencias, poco antes de las ocho de la mañana, me recibieron con la confirmación de la novedad♠ de que lo mío había sido un parto fortuito. Sí, así: según el IMSS yo parí casualmente: “el parto sin asistencia o fortuito es el que sucede espontáneamente, fuera de las condiciones médico sanitarias óptimas de atención para la madre y su hijo”

La magia de mi irreverente e irresponsable forma de parir al amanecer tuvo una pausa: como las cosas “se nos salieron de control”, “tuvimos que ir a dar al hospital”… El Hospital General de Zona 200, en Tecámac, era nuestro latente Plan B. De alguna forma, yo no quería que mi hija naciera ahí, y así fue; lo que vino después no fue lo más maravilloso, pero no fue tan malo aunque tenga tintes medio macabros. Justo al ingresar me detuvo una lluvia de preguntas y comentarios: “¿Su familiar tiene el carnet, está segura?” Sí, es el rosa… “Pero ese rosa es del ISSSTE”, Bueno, en el morral negro que trae hay una cartera, dentro de ella viene mi credencial ADIMSS (de esas cosas que uno dice “por si las moscas”, antes de subirme a la ambulancia le pedí que se llevara mi bolsa). “¿Qué trae ahí, a poco es un bebé?” “Sí, parto fortuito, el bebé nació en el baño”, “¿cómo que en el baño, y por qué se lo envolvieron así”… y Zazil seguía prendida a mi pecho, y no había perdido calor, y seguía respirando… “Bueno, pásenla por aquí, pero dejen que salga el cuerpo”… sí, antes de entrar nosotras para revisión, salió “un cuerpo”… una mamá acababa de morir y yo la vi alejarse.

Entramos por fin a la sala de urgencias de obstetricia y nos separaron; a mí me pasaron a una camilla y me dieron una bata; a ella la pasaron a un cunero, le quitaron la frazada metálica y la envolvieron en una cobija rosa del Seguro. Nos separaron. Entraron su papá y su hermana, se la tenían que llevar a urgencias y yo me quedaría ahí. Me dieron a firmar hojas, sin mi nombre, sin tiempo para leer: ¿Qué estoy firmando? “El consentimiento informado de lo que le van a hacer” Pero no estoy informada, ¿me puedes platicar antes de firmar? “Revisión de cavidad”, Bueno… te lo firmo y que mi marido lo lea. “Sí, pero rapidito, usted necesita atención inmediata” Y mi niña, ¿qué le van a hacer? “Está con su papá, él la llevará a urgencias para valoración, lo más probable es que se quede internada una semana.”

1000324_10151628173158208_758448277_n (1)Aflojé el cuerpo. De pronto todo había perdido un poco de sentido. Me llevaron en silla de ruedas a una sala de expulsión, pedí ayuda para subir a la mesa como se llame porque todavía me sentía débil y no se me antojaba caerme en ese lugar. Entró y se presentó la doctora Rojas, me dijo que me iba a hacer una revisión para ver si todo iba bien. Estando allí y con la posibilidad de la separación prolongada, me dejé hacer aunque no en completa resignación. Esta vez sí me informaron cada paso, yo estaba nerviosa (con mi terror a las agujas) y la doctora no era muy amable “baje la cadera, señora, la tengo que revisar”, “Y por qué nació su bebé en casa, qué no conoce las señales de alarma, por qué no vino de inmediato al hospital”, “baje la cadera, señora, relájese porque no me deja trabajar”, “es su primer bebé, ¿entonces si ya sabe cómo es esto, por qué se esperó?”, “baje la cadera, señora, tengo que suturar”, Sí, ya sé que está haciendo su trabajo, pero me duele, la anestesia no ha hecho efecto. Sí, lo intento, se da cuenta de que respiro profundo, pero tengo miedo. “Miedo de qué, está segura, está estable”. Miedo de que nos separen mucho tiempo, miedo de que no me dejen amamantarla… “No se preocupe, señora, yo ya casi termino, le daré informes a su marido.”

Gaby era la enfermera de la mañana, ella también se presentó antes de canalizarme y todo el tiempo fue amable: “Le va a doler un poco, y de una vez voy a tomar muestras de sangre…” Terminó la doctora Rojas: “fueron cuatro desgarros, a uno no le hizo falta sutura, los otros tres de uno y dos centímetros… Sale paciente” Me pasaron a recuperación. Lloré mucho, tenía sentimientos encontrados: euforia, alegría, miedo, tristeza. Mi parto había sido hermoso, mágico, mío… estaba en el hospital sólo para tener la certeza de que todo estaría bien, y ahí se resolvería lo del certificado de nacimiento, la incapacidad, vitaminas, vacunas, suturas, etc.

Durante el tiempo que estuve en la cama dos, justo frente al pasillo de las salas de expulsión vi entrar mujeres embarazadas y salir recién paridas, ese pasillo me permitía atestiguar con claridad los gritos de dolor de las madres… con todo y la tristeza, yo sentía alivio, porque no tuve que padecer ninguna de esas prácticas que por rutina facilitan sólo el trabajo de los doctores y no consideran las necesidades de las madres; me ahorré el rasurado, el enema, la oxitocina para acelerar las contracciones, mis piernas atadas, mis manos  inmovilizadas, los pujos dirigidos, la episiotomía, el corte prematuro del cordón y la separación tras el nacimiento y la salpingoclasia tras el parto.

sun-and-moonNo me ahorré los malos tratos durante el procedimiento, ni la oxitocina a chorro, ni los regaños por haber parido en el baño de mi casa, ¡EN EL BAÑO!; por ser fortuito el parto sí nos separaron durante once horas, así que tampoco me ahorré un agobiante “¿tanto para esto?”, también perdimos la placenta porque sería un cuete que me la devolvieran…  Desde mi lugar veía a las otras madres cansadas, adoloridas, heridas… pero con sus hijos en brazos, luchando contra la lactancia, sufriendo porque “no tenían leche”… y yo comenzaba a sentir dolor en el pecho, y mi pecho también lloraba la ausencia, pero faltaba poco, cada vez más poco; de mi lado tenía a muchas mujeres amables  que hicieron el trance menos amargo: Gaby, la que me canalizó, me dio las buenas nuevas, Frida estaba bien, la darían de alta pronto y en cualquier momento me la podrían dar; Mayra que me consiguió un par de frascos para mandar leche para Zazil; Vero que me prestó su celular para comunicarme con Jaime porque estaba a tres minutos de quedarme “encerrada” en puerperio de bajo riesgo; alguna trabajadora social que me sugirió irme sin incapacidad para alcanzar a darle de comer a mi niña.

Fueron horas difíciles, pero valieron el dolor y la pena. En cuanto me dieron de alta corrí para pasar la noche con ella en un cunero “aislado” y volverla a pegar a mi pecho todas las veces que quiso. A las nueve de la noche algún pediatra me dijo que si todo seguía bien al día siguiente podría irme a casa con mi bebé, pero si había alguna infección, tendría que quedarse. No sucedió, al parecer la mía estaba más fuerte y más sana que muchos de los que nacieron allí.

563300_10153163891935601_1606538507_nAhora ella tiene dos semanas de vida, está sana y nosotros felices, intentando acomodarnos a esta nueva vida; Killari se debate entre el duelo del “imperio perdido” y la felicidad de ser la hermana mayor; se le va el día en besos, abrazos, cariños para su “Fridonga”; Lorca todavía sufre fuera de casa, porque el parto ya no nos permitió llevarlo a bañar; yo todavía medio fracturada por el evento y él prodigando todo el amor y soporte que puedo necesitar.

Así que esta entrada y la anterior, son como para dejar recuerdo de nuestras ane¿¿venturas y nuestro tercer aniversario de vida bajo el mismo techo.

♠ sí, por teléfono le dijeron a Jaime que “eso” se llamaba “parto fortuito”, también lo comentaron los paramédicos que nos atendieron.


3 thoughts on “La parte médica de nuestro parto en casa: Parto fortuito.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s