Retomar hábitos.


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Hace tiempo (semanas, años tal vez) sucedió algo que no deja de parecerme inexplicable: una persona tocó mi ventana con la intensión de encontrar respuestas en mi vida. Me dejó pensando, es cierto; con una facilidad absurda logró que yo volteara hacia atrás pero el recuerdo no me movió ni una pestaña.

¿Cómo alguien que no te conoce decide acercarse a ti con la seguridad de estar en el mismo lugar en el que tú te encontraste hace uno o 15 años y, encima, pretender que le pases “la receta”? No es la primera vez, pero es digno de señalar que ésta viniera “directo”, sin rodeos… y no con una punta e intensiones de sacar listones que no existen. Aunque… me sigo preguntando si se trataría de una cuenta falsa o usurpada, ¡ja!… me cuesta creer que después de tanto tiempo, alguien ande por allí blandiendo muertos.

Debo suponer que esta incapacidad para entender el hecho, se debe a mi forma de ir hacia adelante. Hace tiempo solía llevar un registro mental pormenorizado de los detalles que me construyen. Me aferré a las canciones, los lugares, los olores; acumulé tristes recuerdos; canté, con un descaro permisible sólo en la adolescencia, “siempre caigo en los mismos errores”… luego decidí que en realidad sí me habían enseñado los años (pese a los pocos viviendo sola) y apuré mi último trago; (para mí) ya había estado bueno y decidí ser honesta conmigo y con quienes se acercaran demasiado.

Luego me cambió, para mejor, la vida y mis hábitos se hicieron otros… trato de rescatar algunos (como el no solicitado análisis retórico o narratológico) y retomar las letras, por ello me emociona profundamente la publicación e Intenso Carmín, una puerta que se abre para invitarme de nuevo a la poesía.

He intentado tomar lo bueno y desechar lo feo; el tercero de secundaria es un año ideal para tatuarte versos, y de Jaime Sabines llevo varios (metafóricamente hablando, claro); uno de ellos es “No te deseo nada para lo porvenir… te deseo que puedas hacerte un pasado feliz”… y así es como voy por la vida olvidando nimiedades y dolores.

La verdad es que me encanta la gente feliz, la que no se queda enganchada a fantasmas y anda por allí lanzando sus malas vibras a la menor provocación.


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