Ketzalli Torres

Aunque no sea de luces


“Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba.”
Jaime Sabines

Unos días más difíciles que otros; algunas veces todo es sencillo y se soluciona fácil, otras todo parece un túnel sin salida. Hoy es uno de esos días difíciles y me asusta, porque se supone que “estoy fuerte”, mis niveles de todo son “normales”… me aterra pensar cómo voy a sentirme en dos semanas si no resuelvo esto ahora.

Claro que me pregunto si no me estaré ahogando en un vaso de agua; si por casualidad he sobredimensionado cada paso… no logro poner en su lugar mis pensamientos pero veo clara la sensación de desamparo. Se supone que como adulto debo tener otras prioridades, y entre ellas no cabe la posibilidad de sentirme desgraciada pero sí, me siento como el niño que llora a mitad de la noche, esperando que alguien entre a consolarlo.

Me digo a cada rato que no soy ni mala hija, ni mala madre, ni mala amiga, ni mala pareja, ni mala hermana, ni mala estudiante… pero por algún motivo no logro cubrir mis propias expectativas; me saboteo, por ejemplo, diciéndome que si realmente fuera buena, sería suficiente motivo para que mi mamá nos visitara en casa a pesar de que talaron los árboles… estoy agotada de sofocar mis incendios y sé que puedo evitarlo pero a veces olvido cómo.

16935953_10158424564605601_1426280124_oUn amigo me dijo que “cada uno de nosotros tiene sus propios infiernos y tormentas. A quien tiene miedo de nadar en sus aguas profundas muchas veces se le da por hacer blanco de su incomodidad en otros. Inclusive en los que más quiere. Miralo en perspectiva. No es con vos, es con sí mism@. Y tenemos toda la eternidad para darle chance al amor”… trato de convencerme de que “no soy yo”, y ya tirada al drama y al derrotismo me digo un montón de cosas que no ayudan nada a sentirme mejor, luego intento rescatarme haciendo planes de contingencia, el menú de la semana, la rutina del mediodía, luego la nocturna y al final del día me ofusco pensando que no encuentro un momento para sentarme a escribir; si me distraigo un instante para quitar el cochambre de la jarra del café, encuentro un verdadero lío en el cabello de mis hijas y no puedo evitar llorar al darme cuenta de que a una se le ocurrió morder el cepillo de madera con que logro desenredarlas y sé que debo buscar una solución tan pronto como sea posible para ahorrarme los mil “auch, me jalas”, que acompañan la difícil tarea de peinar sus largas cabelleras…

Hoy soy una niña chiquita tratando de contener un desborde emocional y sé que nadie me entiende… con la sensación de que no tengo a dónde ir a respirar profundo y recobrar cualquier cosa… en lo más profundo de mi corazón, en este momento, desearía estar parada frente a una puerta de toriles, esperando que salga media tonelada de bravura, con la certeza de que voy a jugarme la vida pero que tengo la oportunidad de vencerla. Eso necesito hoy, una certeza favorable, no como esas populares que dicen “el que busca encuentra”, “no hagas una pregunta si no estás preparado para la respuesta”, “el que juega con fuego, se quema”… tal vez lo que necesito hoy en realidad es una esperanza.

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