Ketzalli Torres, Ligerezas

Cómo recuperar la confianza en ti misma


Lo más difícil de alcanzar es un listón que se ha puesto demasiado arriba; la carga más pesada de llevar es el deber ser que, para algunos, se hace más y más pesado con el tiempo… y el remordimiento enrarece el aire hasta la asfixia. No hay perdón ni íntimo ni externo que cure la angustia… el túnel se hace cada vez más estrecho y la angustia más y más grande. La sensación de hacerle daño a las personas que amas es paralizadora; encontrarse en una posición que no te permite reconocerte es desconcertante, ves muy cerca el alud en el que crees que te has convertido, y sientes que estás destruyéndolo todo, pese a la paciencia de quien ha decidido quedarse ahí…

Las voces de tu conciencia susurran que dramatizas, que exageras, que no es para tanto,  que mejor hagas un cuento, que lo estás estropeando… que nunca, ni en tus más guajiros sueños vas a poder resolverlo. Y te lo callas, la mayor parte del tiempo, porque no tienes derecho, porque no es justo, porque nadie lo merece, y la culpa se hace más grande y despierta a todos tus demonios, te sientes la peor persona… y no hay nadie, nadie, con quien puedas confesarte ni pueda absolverte.

Tratas una y otra vez de pasar tus exámenes de conciencia y cada una de esas veces resultas a todas luces reprobable, y tus ganas no alcanzan, y de la voluntad no queda nada, y te repites de nuevo que no hace falta tocar ningún fondo, que nadie merece eso que estás haciendo; lo sabes y te aterra, en el camino, perderlo todo.

17757542_10158606327860601_8260776999501478797_nHaces lo que puedes, te esfuerzas, buscas soluciones, controlas tus acciones, mides tus pasos, cuidas tus manos; pero tu ciclo vicioso se convierte en un círculo aún más vicioso y está tan cerca que asusta. Buscas tu reflejo y te sientes el vampiro más poderoso a tu alrededor, aunque intentes mantenerte dentro del ataúd o te castigues con el sol… te preguntas si realmente es un problema de autoestima, si surgió en la infancia, si podrás liberarte… buscas consuelo, tratas de concentrarte en todo lo bueno que haces, procuras sacar la cara del vaso de agua, te visualizas fuera del ojo del huracán, pretendes todo el aire fresco que quepa en tus pulmones y te aferras a esa mano que está dispuesta a esperarte, a esos ojos en los que se recrea tu vuelo, a esa conciencia que te dice que te ama, y pendes de un beso mientras se te escapa el alma.

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