Sobre el coraje, la rabia.

15 feb

Otra vez la rabia, la desobediencia, el “hable con ella porque para todo dice ‘no quiero’, hasta que le dijo la psicóloga que nos íbamos a enojar”. Killari dice “no quiero” y grita; si no se le respeta se desespera y grita más fuerte, incluso puede llegar a pegar cuando se siente atrapada. Yo la miro y a veces, casi siempre, siento ganas de reírme… mi cría parece gato boca arriba cuando intenta defender sus intereses.

¿A qué se referirá la maestra con eso de “hable con ella porque para todo dice ‘no quiero’”? ¿Qué esperará que le diga? ¿Realmente me interesa que deje de decir que no quiere? No, yo tampoco quiero. No me interesa que mi hija se quede callada y agache la cabecita. No me place. Yo me limito a responder: Killari, parece que esa no es la forma correcta de expresarte, ¿qué vamos a hacer? y ella se limita a abrazarme por el cuello y decirme “Regresaste, mami, vamos a casa con papá”.

También me ha dicho la maestra: “uy, tiene un carácter muy fuerte, hay que hablar con ella, hace coraje por todo”… y vuelve la mula al trigo. Por supuesto que hablo con mi hija, a veces demasiado. Por supuesto que tiene un carácter fuerte; es corajuda hasta la pared de enfrente, lo trae en la sangre, y yo lo agradezco.

Ahora que estoy viendo con mis alumnos de cuarto semestre el tema de los valores salió a colación el coraje. “¿Profesora, apoco el coraje es un valor?” Y yo no puedo evitar recordar una frase que dijo José de San Martín por allá de 1816, cuando aún no se declaraba la independencia argentina: “ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.

En honor a la verdad: soy una mujer romántica. Me han conmovido hasta las lágrimas las vidas de Manuel Belgrano, Ernesto “el Che” Guevara, el Gauchito Gil, Miguel Güemes, Juana Azurduy y las Madres de mayo… ésto nomás por seguir con la temática argentina de San Martín. Todos estos fueron de coraje, corajudos como mi hija, pues :D

Así pues, tan rodeados de ira como nos encontramos, la reprimimos a la menor provocación; tal vez en nuestra conciencia no están registrados estos actos rabiosos, iracundos que le dieron libertad no sólo a Chile, el alto Perú y Argentina, sino a todos los demás pueblos americanos y del resto del mundo; condenamos la insurrección, lo beligerante, la insurgencia; somos los conservadores que legitimamos el uso de la violencia porque hay quien la merece. Estamos acostumbrados también a dividir el mundo en bueno y malo; a ese mundo de lo malo pertenece la rabia, la ira, el coraje mal evocado.

Lo que deseo tanto en el fondo de mi corazón como a flor de piel es que mi hija sea capaz de defenderse, de empoderarse y transformar tanto su individualidad como la colectividad a la que pertenezca si así lo desea, y por ello todos los días me empeño en acompañarla para que aprenda a vivir y aprendo de ella; tengo fe en que algún día expresará de una forma “amable” esa inconformidad que la hace explotar cual Caty Kaboom.

Claro que me he visualizado en su adolescencia y mi menopausia. Ya me imagino las campales que se nos van a armar (supongo, tal vez sólo recuerdo mi propia adolescencia); dicen que entre mula y mula nomás las patadas se oyen, yo trato de ponernos cojines en las patas, para que no nos duela tanto.

Ahora quiero compartirles a dos autores:

Un fragmento de Michel Foucault, que encontré en el muro de una amiga: ‎”La educación es una liberación, la pedagogía una forma de producir la libertad, y tanto la educación como la pedagogía han de preocuparse no de lo disciplinar o producir saber, sino de transformar sujetos. No producir sujetos, sino llevarlos a procesos de transformación de su propia subjetividad”.

Y otros corajudos siempre menospreciados, de Eduardo Galeano: Los nadies.

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Juan Rulfo, a 95 años de su natalicio.

16 may

Juan Rulfo, por Daisy Ascher.

A veces me parece que tengo el melancólico ánimo del alcohólico de Juan Rulfo. Tengo la certeza de que su fantasma deambula dentro mío, como si de Comala se tratara. Pienso en Pedro Páramo y me siento despoblada; pienso en el Aire de las colinas y siento que me asfixio. Retumba en mi corazón una frase “hoy que vine de ti, sostenido a tu sombra, me puse a mirar mi soledad y la encontré más sola”… Me pregunto qué carajos leía yo cuando aprendí el amor, y encuentro mi epistolario con cicatrices por todos lados: “Hoy se murió el amor por un instante y creí que yo también agonizaba. Fue a la hora que diste con tus manos aquel golpe a la mitad de mi alma”; “Del ansia que nos mancha la congoja de no poder se omnipotentes para labrar una piedad dentro de otra alma”…

Chachino, porque así (pero en femenino, obvio, le decía Rulfo a Clara

Ahora que pienso en Rulfo vienen a mi mente muchas otras muertes: Facundo Cabral, Ernesto Sábato, Mercedes Sosa, Mario Benedetti, José Saramago. Todos esos se fueron, se adelantaron ya que yo los quería, ya que me había encariñado, ya que los había hecho parte de mí. Cuando Rulfo se fue a vivir su muerte a aquel pueblo de fantasmas en el que seguramete vive, yo todavía no tenía la más pálida de quién era. Años después (muchos para mi gusto) llegó a casa un retrato original del hombre, y algunas copias originales del material que guardado tenía (por las propias manos de Rulfo) Daisy Ascher y que ella tuvo a bien regalarle a mi madre; en cuanto rescaté del olvido aquella visión, no dejé de fastidiar a mamá, hasta estuvo en mis manos todo lo relacionado con tan amado señor. Estos recuerdos son un oasis, un mar de sueños que simplemente no puede decirse, pero que con su oleaje me acompaña.

y luego se lo apropió para siempre esa hija mía :D

“Y este ir tan despacio me desespera mucho [...] Y no me sentiré conforme hasta el día que logre caminar sobre un camino que yo sepa que es el de mi voluntad”; “te voy a dar un consejo antes que nada: no te enamores nunca, porque duele; duele aquí donde la gente dice que tenemos el corazón”; “yo no te quería entregar un corazón enfermo como el mío y un espíritu (muchos dicen alma) cansado de andar solo por el ancho mundo. Pues yo, y esto no te lo he contado todavía, desde que yo me acuerdo, siempre fui un sujeto dado a estar solo.” ¿Qué será la soledad, quién me la habrá untado en qué lares del corazón?… tal vez éste sea uno de esos libros que me han marcado, y recuerdo con mucho cariño cuando era una chiquilla que esperaba una llamada, para escuchar el fragmento de una carta.

Si siguiera vivo, hoy cumpliría 95 años… pero hace ya 26 que está muerto.

Hay otro poema hermoso, supongo que el único que le conozco, en voz de Jaime Sabines (en los videos adjuntos):

I.

Ustedes dirán que es pura necedad la mía,
que es un desatino lamentarse de la suerte,
y cuantimás de esta tierra pasmada
donde nos olvidó el destino.
La verdad es que cuesta trabajo aclimatarse al hambre.
Y aunque digan que el hambre repartida entre muchos toca a menos,
lo único cierto es que todos aquí
estamos a medio morir
y no tenemos ni siquiera dónde caernos muertos.
Según parece ya nos viene de a derecho la de malas.
Nada de que hay que echarle nudo ciego a este asunto.
Nada de eso.
Desde que el mundo es mundo
hemos echado a andar con el ombligo pegado al espinazo
y agarrándonos del viento con las uñas.
Se nos regatea hasta la sombra,
y a pesar de todo así seguimos:
medio aturdidos por el maldecido sol
que nos cunde a diario a despedazos,
siempre con la misma jeringa,
como si quisiera revivir más el rescoldo.
Aunque bien sabemos
que ni ardiendo en brasas
se nos prenderá la suerte.
Pero somos porfiados.
Tal vez esto tenga compostura.
El mundo está inundado de gente como nosotros,
de mucha gente como nosotros.
Y alguien tiene que oírnos,
alguien y algunos más,
aunque les revienten o reboten nuestros gritos
de tanto darle potreones a la vida.
Puede que se acalambren entre las hebras heladas de la noche.
O el miedo los liquide borrándoles hasta el resuello.
San Mateo amaneció desde ayer con la cara ensombrecida.
Ruega por nosotros.
Ánimas benditas del purgatorio.
Ruega por nosotros.
Tan alta que está la noche y ni con qué velarlos.
Ruega por nosotros.
Santo Dios, Santo Inmortal.
Ruega por nosotros.
No es que seamos alzados,
ni es que le estemos pidiendo limosnas a la luna.
Ni está en nuestro camino buscar de prisa la covacha,
o arrancar pa’l monte cada vez que nos cuchichean los perros.
Alguien tendrá que oírnos.
Cuando dejemos de gruñir como avispas en enjambre,
o nos volvamos cola de remolino,
o cuando terminemos por escurrirnos sobre la tierra
como un relámpago de muertos,
entonces
tal vez llegue a todos el remedio.

II.

Cola de relámpago, remolino de muertos.
Con el vuelo que llevan, poco les durará el esfuerzo.
Tal vez acaben deshechos en espuma
o se los trague este aire lleno de cenizas.
Y hasta pueden perderse yendo a tientas
entre la revuelta oscuridad.
Al fin y al cabo ya son puro escombro.
El alma se ha de haber partido
Atajo de malvados, punta de holgazanes.
Ruega por nosotros.
Sarta de bribones, retahíla de vagos.
Ruega por nosotros.
Ya están todos pachiches de tanto que el sol les ha sorbido el jugo.
Ruega por nosotros.
Santo San Antoñito.
Ruega por nosotros.
Atajo de malvados, retahíla de vagos.
Ruega por nosotros.
Cáfila de bandidos.
Ruega por nosotros.
Al menos éstos ya no vivirán calados por el hambre.



Rulfo, Juan. Aire de las colinas. México: Plaza & Janés, 2000.

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