de Izcozauhqui, o el Señor Amarillo de Acaxochitlan

Izcozauhqui, el hijo del sol, en el INAH.


Sobre el Señor Amarillo de Acaxochitlan, Izcozauhqui, el dios otomí del fuego. Quién no ha escuchado alguna vez la leyenda de los volcanes. Quién no ha pensado en algún momento que ellos son el símbolo del amor, la entrega, la lealtad y varias cosas más… Sucede que, siempre, una cosa me lleva a otra y un día descubrí otra leyenda sobre el Popocatepetl y la Iztaccihuatl. La luz amarilla, el hijo del sol, se fuga con la que se viste de flores en la primavera, la hija de la luna, a contemplar las maravillas terrestres y fueron condenados por su desobediencia (alguien les advirtió que si abandonaban los jardines celestes serían castigados). Hoy, Izcozauhqui y Coyoxauhqui adornan los horizontes en los que descansamos, muchos, nuestra mirada. Qué cosas éstas, las del Señor Amarillo ¿no?…

quién iba a decir que puede tener 2,500 años, cuando mucho, o 1,900, cuando menos. Creo que hoy aprendí muchas cosas sobre él, y recordé muchas otras sobre Acaxochitlan, sobre sus paisajes, sobre su gente, su comida; el olor a copal que lo acompaña en mi memoria. La Muestra Cultural en honor al Izcozauhqui, se celebró en el auditorio Salvador Toscano, del ex-convento de San Francisco (que también alberga al Museo Nacional de la Fotografía).

El día comenzó, como es costumbre (al rededor de las once de la mañana) con el tradicional xochipitzahuatl, “la flor menudita”, que en su sentido religioso evoca una ofrenda a la Madre tierra, es un símbolo de comunión, un ofrecimiento de respeto.

El acto oficial inició con la bienvenida del Lic. Miguel Ángel Caraveo Chavez, quien explicó la importancia del evento, la necesidad por difundir la cultura; agradeció a los niños de la comunidad de Santa Ana Tzacuala, quienes participaron en la danza; a las autoridades que aceptaron la invitación y a la “responsable” de que estuviéramos ahí. Como siguiente acto, el presidente municipal de Acaxochi, Julián Perea Castelán, refrendó los agradecimientos y avisó que en mayo de este año, el Museo Arqueológico del Municipio, abrirá sus puertas para mostrar las riquezas que les pertenecen.

Después, los niños de Tzacuala participaron nuevamerte, ahora con el Canto a Hidalgo; con sus voces, mi mente voló al pasado,  recordé que al escuchar Soy región, mientras atravesaba La Pampa, me preguntaba si habría una canción, en mi tierra que me conmoviera de la misma forma… hoy la escuché, primero en náhuatl, en voz de los niños de Tzacuala, y volví a estremecerme como entonces, sólo que esta vez no pude contener el llanto porque la sentí propia: soy un cielo de obsidiana luciendo una luna de plata perfecta. Soy viento en la nopalera soy bosque y pradera, el grito naciente de la libertad.

Después de esto, fue la plática sobre el Señor Amarillo, y en ella profundizaré un poco más, la Mtra. Olga Castañeda leyó una carta que le escribió al Izcozauhqui, para compartir con los asistentes su sentimiento; con la voz quebrada le agradeció por el tiempo que permaneció con ella, segura de que donde quiera que se encuentre seguirá cantando las maravillas de su cultura. Luego participó otro niño, de quien desafortunadamente no recuerdo el nombre, con una poesía dura que volvió a enchinarme la piel, se llama Maldita crisis, y con ella ganó el primer lugar de declamación en la Zona Escolar 42, de Escuelas Indígenas.

La siguiente participación fue sobre los datos técnicos de Izcozauhqui, a cargo del arqueólogo Carlos Hernández Reyes quien realizó un análisis pormenorizado de cada detalle de la pieza arqueológica; también comentó que sería importante que el Museo Arqueológico de Acaxochitlan, contara con las condiciones necesarias para resguardar a Izcozauhqui, y él vuelva a su tierra; concluyó afirmando que en Acaxochitlan no existe influencia, sino presencia teotihuacana. En la sesión de preguntas y respuestas que estaba programada, alguien levantó la mano para saber con quién podría compararse el Señor Amarillo, si hay proyecto para continuar con el descubrimiento de vestigios, cuántos años tiene la pieza… en algún momento creí, debido a que el arqueólogo hizo hincapié en la controversia suscitada en días pasados entorno al personaje, que alguien haría mención de la denuncia o los “delitos”, pero nada… entonces pensé que es sencillo resguardarse con cualquier identidad, para lanzar acusaciones.

Después de la última declamación, se hizo mención de la exposición de indumentaria acaxochiteca para dar paso al corte del listón y descubrir el lugar que ocupará por los siguientes dos meses, en el recinto, el Señor Amarillo.

Una vez cortado el listón y develado Izcozauhqui, una maracame huichola comenzó una hermosa ceremonia, con cantos para alabar al Dios del fuego, haciendo partícipes a los asistentes al repartirles instrumentos para que se integraran a la creación de la música que acompañaba los rezos.

Izcozauhqui, Ometeotl…

“Tonantzin, tonantzin, soy parte de ti…”

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